Argentina y el sistema de cuotas

De los 187 socios del FMI, Argentina es el número 22 en poder de voto, fijado en relación al tamaño de su economía y ligado a la cuota que se paga por ser miembro. Hoy Argentina tiene casi 1% de ese poder (0,96%) y una cuota de 2.117 millones de DEGs, la unidad de cuenta del Fondo, hoy equivalente a unos 3.300 millones de dólares.
De Sudamérica sólo la superan Brasil con 1,38% y Venezuela con 1,21%, pese que el PBI venezolano es inferior al argentino. Por la reforma anunciada ayer, Brasil tendría más poder.

En 2008 se hizo la última revisión de cuotas y se decidió dar mayor peso a los “emergentes”. Argentina apoyó la idea, pero votó en contra por diferencias con el recálculo por país. Ahora habrá que ver los detalles del acuerdo.

En principio, el mayor poder a China, Brasil y otros emergentes lo cedería Europa, que por cierto siempre se queda con la jefatura del Fondo, como Estados Unidos lo hace con la del Banco Mundial.

Ayer se dijo que esta reforma es la mayor desde que el Fondo se creó durante los acuerdos de Bretton Woods tras la II Guerra Mundial. Sin embargo, eso sólo atañe a la conformación del directorio.

En cuanto a su función, ya hubo reformas tácitas. Se creó para coordinar políticas monetarias y cambiarias entre socios y asistir a países con ahogos de balanza de pagos. Pero desde los años ‘70 cambió, en el primer caso porque EE.UU. rompió el pacto de Bretton Woods de paridades relativamente fijas, y en el segundo pues giró hacia condicionalidades muy duras para los países que tomaban créditos, a veces a la fuerza. Y lo hizo para disciplinar a los países del Sur, menos como un ente multilateral democrático que como puntal del mundo rico.

El FMI –dijo ayer el G-20– será “más efectivo, creíble y legitimado”, ciertamente atributos rotos tras su rol y corresponsabilidades en las últimas crisis.

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