Con la finalización de las elecciones, la sociedad argentina entró en una etapa de adormecimiento permanente, donde las decisiones de los gobiernos nacional y provincial pasan inadvertidas. Las guerras internas por el poder dentro de la estructura oficialista sólo hacen mella en los buscadores de cargos públicos, no así en el inconsciente popular. Las consecuencias sociales de las nuevas políticas
Los bonaerenses vemos el horizonte próximo, sin poder ver el futuro; sólo miramos a lo lejos con una mirada perdida, pero sin poder comprender y ver las luchas intestinas por el poder que acontecen a nuestro alrededor, y que seguramente traerán grandes cambios para nuestra forma de vida en un futuro próximo.
Como bien manda el Manual de acción política, ideado en la conciencia colectiva popular, después de las elecciones los ganadores tienen seis meses de gracia, donde el funcionario triunfante debe tomar todas las medidas necesarias para asegurarse un pasar más tranquilo en los años subsiguientes de gestión.
Asimismo, los politólogos sociales aconsejan tomar todas las medidas impopulares, que representan un ajuste al bolsillo de los ciudadanos, durante el mes de enero, si es posible, en la primera quincena, que es cuando todo el mundo tiene una sensación de hartazgo suficiente como para no preocuparse por el día a día y dedicarse, dentro de sus posibilidades, a disfrutar de la familia, del tiempo libre y de las tan ansiadas vacaciones.
Sin bien la Argentina tiene un sistema económico sustentable, por el sólo hecho de haber priorizado el vivir con lo nuestro, se están tomando medidas con consecuencias sociales, pero que parecen no hacer mella en la sociedad. Estas, entre otras, son: control del dólar, emisión de moneda sin control para pagar el déficit fiscal, desaparición del sistema cambiario, cierre de las importaciones, la avanzada contra Moyano y la CGT, la eliminación de los subsidios y el aumento de tarifas por los servicios.
La provincia de Buenos Aires no está ajena a esta realidad social, y el gobernador Daniel Scioli viene tomando medidas que van a afectar la vida cotidiana de todos sus habitantes; son decisiones osadas pero de convicciones firmes. El mandatario bonaerense sabe que desde el Gobierno nacional vienen por su cabeza, que todos los actores kirchneristas se encolumnaron para atacarlo en forma sigilosa pero artera. En tal sentido, procedió a blindar su gabinete: no designó a ningún ministro con poder territorial o con poder electoral sustentado por el voto de la gente, sino que nombró a gente de su confianza, para poder controlar hasta el último de los rincones de su gobierno.
Sabe que desde Nación le cerraron los grifos de la coparticipación, con lo cual va a afrontar su próximo mandato con un importante quebranto financiero. Con los mercados internacionales cerrados para la Argentina, tiene que acostumbrarse a vivir con lo propio; en ese sentido tomó una decisión difícil pero firme: transfirió el quebranto a los proveedores privados.
Durante todo 2011 la Provincia continuó con su política de gastos sin modificar, adquirió sus productos a los proveedores privados, pero con la salvedad de que no los pagó, con la promesa de hacerlo
después de las elecciones, lo que no ha ocurrido. Por estas horas se piensa en sacar un bono para pagar a los proveedores, que originará el descalabro financiero de muchos, pero logró algo importante para la gestión de Scioli, que fue sobrevivir: pasó el déficit fiscal de la Provincia a los privados, y de esta manera se autofinanció, llegando a pagar dicha deuda dentro de unos años, cuando seguramente ya no esté al frente del Ejecutivo.
En el tema seguridad el Gobernador tiene claro que es su punto más débil, pero cuenta con un gran militante de la vida ministerial, como es el doctor Casal, quien prefiere dejar la vida en el cargo a salir deshonrado de él. Con la confirmación de Casal al frente del área sabe que va a despertar la furia del Gobierno nacional, sabe que todos los cañones del kirchnerismo van sobre el ministro; una jugada audaz pero eficiente al fin: al concentrar toda la furia nacional sobre un solo lugar va a descongestionar todos los otros ministerios, lo que le permitirá tener un poco más de aire en la gestión.
La lógica errónea de Scioli es que sueña con que “la sangre nunca va a llegar al río, que el Gobierno nacional nunca va a dejar que la Provincia se prenda fuego, porque si se cae la Provincia se cae el Gobierno nacional”. Esa situación tenía valor fáctico en años anteriores, pero no en la actualidad, donde todos los intendentes pasan a marcar tarjeta y retirar caja por la Casa Rosada antes que por la Gobernación.
En medio de estas medidas de macropolítica, los bonaerenses preparamos las valijas, bañamos al perro, limpiamos el tejo para las tardes de playa, alistamos el mate, dormimos una siestita y nos aprontamos para nuestras tan ansiadas y merecidas vacaciones; total, las consecuencias sociales de las medidas gubernamentales las vemos en enero, cuando estamos todos descansando.

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