Si a Argentina le va bien, a Mar del Plata le va bien

Luego del resultado electoral, el análisis acerca de la sustentabilidad del modelo económico nacional fue el centro de los debates. Todo esto entrelazado con la crisis financiera internacional originada en Europa y Estados Unidos.
Cuando a la Argentina le va bien, también le va bien a la provincia de Buenos Aires y a la ciudad de Mar del Plata. Luego de la crisis del 2001, el país ha experimentado una recuperación económica evidente. Sin embargo, como todo proceso de generación de riqueza, existen debates acerca de si las políticas adoptadas fueron las correctas y, si el modelo es sustentable en el tiempo.

En el mundo las cosas, no van tan bien. Si al mundo le va mal, a Argentina le va mal. Es cierto que se puede reducir el impacto de una crisis financiera mundial en el país, pero no evitarla. En el mundo los indignados ya no son sólo un grupo de díscolos españoles. Bajo diferentes denominaciones encontramos fenómenos similares entre los griegos, portugueses, franceses, alemanes, irlandeses, ingleses, libios, sirios, chilenos y americanos, entre otros países no tan conocidos. Identificar una causa común para estas situaciones sería un acto simplista, sino reduccionista. Lo que es evidente, es que hay algo en la estructura política, económica y social mundial que no cierra.

Mientras Obama tiene que aclarar lo que hace poco tiempo era evidente para muchos: "Estados Unidos continúa siendo el mejor país del mundo"; países como China ponen en duda su sustentabilidad financiera. Cruzando el Atlántico, toda Europa, se encuentra en un proceso de reducción del gasto público con los costos sociales que esto conlleva.

El filósofo clásico Nicolás Maquiavelo sostuvo en su escrito "Discursos sobre la primera década de Tito Livio" que a "quien examina diligentemente las cosas pasadas, le es fácil prever las futuras en cualquier república, y aplicar los remedios empleados por los antiguos o, si no encuentra ninguno usado por ellos, pensar unos nuevos teniendo en cuenta la similitud de las circunstancias".

Profundización del modelo

La situación económica de la mayoría de los ciudadanos argentinos, ha mejorado considerablemente en términos comparativos en los últimos años. Prueba de ello es el contundente apoyo reflejado al gobierno en las urnas en las elecciones internas. James Carville, asesor de Bill Clinton durante su campaña electoral, inmortalizó la frase: "Es la economía, estúpido", al señalarle que debía enfocar su campaña sobre cuestiones relacionadas con la vida cotidiana de los vecinos.

La profundización del modelo económico argentino, no debe ser entendida como "más de lo mismo" sino que se debiera materializar en la concreción de las acciones necesarias para poder garantizar la sustentabilidad financiera de las políticas existentes.

La cantidad de bienes y servicios producidos por el país (PBI) se estima cercana a los 350.000 millones de dólares, con un PBI per cápita de 8.750 dólares. El crecimiento positivo del 6%, viene sosteniéndose en los últimos años. En 2010 Argentina exportó por 70.500 millones de dólares. Pese al "cuestionado" sistema de retenciones, en 2011 la soja representará alrededor de 24.000 millones de dólares de las mismas, un 30% más que en 2010. Esto motivado en parte, por la creciente alza de los commodities mundiales (alimentos, energía). El 60% de las exportaciones argentinas son alimentos, granos, aceites, combustibles y minerales. Los principales mercados son China, Brasil, Europa y Estados Unidos. Si le va mal a ellos, le va mal a Argentina.

La producción, el empleo, el consumo, la inversión y el gasto público conviven en un complejo pero efectivo círculo que retroalimenta el crecimiento argentino. Sin embargo, no podemos negar que la inflación es una variable a controlar. Mas allá que discutamos si el índice anual es del 14,4% o cercano al 30%, la inflación muy elevada, no es positiva. Mantener una inflación controlada es difícil pero no imposible.

Las reservas del Banco Central (BCRA) han superado el record de los 50.000 millones de dólares y el dólar continúa estable en un valor cercano a los $4,15. Si bien es cierto que su contracara es el aumento de títulos de deuda para el financiamiento público, dicha política monetaria no se ha materializado en la inestabilidad del peso argentino.

Un estado puede destinar los recursos que estime políticamente necesarios a determinados sectores, siempre y cuando genere los ingresos genuinos que lo sustenten. La Anses jugó un rol fundamental en el proceso de inversión pública permitiendo la recuperación del sistema productivo y social nacional en los últimos años.

Más crédito e inversiones externas

Sin poner en juego su soberanía política, Argentina tiene que poder recrear las condiciones estratégicas que impulsaron su crecimiento en otros tiempos. A fines del siglo pasado fue con el Reino Unido, luego con Europa y Estados Unidos. En la actualidad, hay que apostar a Brasil y Asia. Como coinciden muchos analistas: Argentina puede ser a Brasil, lo que Canadá es a Estados Unidos. Nuestro mercado interno ya se encuentra fortalecido como para salir al exterior y convertir al mercado internacional en otro motor principal de la industria nacional.

Ni invertir en oro, ni girar fondos a Suiza, ni comprar propiedades, ni comprar acciones de empresas petroleras o tecnológicas nos va salvar como argentinos, si le va mal al país. La articulación de políticas públicas y privadas, que conduzcan al aumento de producción de bienes y servicios tangibles que se traduzcan en empleo, es la única salida para erradicar la pobreza, garantizar la seguridad y mejorar el futuro de las próximas generaciones.

El acceso al financiamiento externo no debe ser considerado como un mal, en la medida que no se traduzca en una imposición de políticas públicas al gobierno nacional como sucedió en el pasado. Cuando uno pide un préstamo en un banco, el gerente se asegura que las condiciones de recobro sean óptimas, pero no nos indica de qué manera específica gastar dichos fondos.

El premio Nobel de economía Paul Samuelson sostuvo alguna vez que en el mundo hay 4 tipos de países: los desarrollados, los no desarrollados, Japón y Argentina. Nuestra particular cultura e historia nos demuestran que tenemos la habilidad de sobrevivir a situaciones críticas adversas, tanto políticas como económicas. No es bueno ni malo, simplemente es. La ausencia de miedo, no puede definirse como valor. El valor es el resultado de la voluntad, para afrontar y vencer al miedo que nos paraliza a la hora de concretar nuestros objetivos. La consolidación de una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana es posible.

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