¿Quién banca a Sotelo?

¿Quién banca a Sotelo?
Antes se hablaba del apoyo político del ricardismo y del propio Farizano, ex Presidente del Superior que falleció cuando salió a la luz la sospechada compra de un departamento en Buenos Aires, cuyos números se habían dibujado mediante una supuesta donación.
Hace poco más de un año, Colombi le cortó no sólo el teléfono, sino también el rostro al Fiscal General luego de sugestivas reuniones de éste con el oficialismo municipal, vía el concejal Agustín Payes, que culminaron con el nuevo fallo del Superior Tribunal, que dejó al Gobierno con una boleta recortada, fallo que fue una de las señales que Sotelo prometiera como muestra de independencia de criterio. Otros gestos prometidos se cumplieron, como el apriete a Tato, la ratificación del procesamiento a Arturo y la revocatoria al sobreseimiento de Oscar Aguad.

Por estas horas, César Sotelo, jaqueado en una acción de pinzas por la totalidad del espectro partidario correntino, analiza la posibilidad después del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de los dichos del Gobernador, de desistir de la acción, que si la mantuviera en soledad y sin sustento político debiera llevar a la integración de un Superior Tribunal ad hoc conformado por camaristas para que, con final anunciado, dicten un nuevo fallo con estricta sujeción a los mandatos del más alto Tribunal de la Nación, que en uno de sus párrafos sugirió que se analice la legitimación de Sotelo para promover la acción que promovió.

En los hechos, Sotelo, ya sin Farizano, se ha quedado solo en el medio del ring, con un final previsible. La cuenta regresiva corre para él con un final anunciado. El Superior revalidará la línea argumental de la Corte, quien con párrafos tan descalificatorios dejó a la llamada mayoría automática en coma, y al Fiscal General sin resto para otras quijotadas.

Irse al mazo ahora sería cerrar al menos uno de los cuatro frentes que tiene por delante, todos complejos, que demandan ajustar su estrategia en medio de la notoria soledad en que quedó a partir de la mañana del pasado 1 de septiembre, cuando se topó en plena Costanera con el Presidente de la Cámara de Diputados, a quien le propinó una andanada verbal que motivó la reacción de repudio unánime de todas las bancadas de la Cámara baja que cerraron filas en defensa de la institucionalidad.

Es que en los hechos, el desaire de desconocer lo que fue una decisión consensuada de todos los sectores políticos de la Constituyente, sumado a la persecución política mediante la llamada causa de los ñoquis creó en el ambiente político un rechazo inédito para con la figura de Sotelo, cuyos reiterados exabruptos verbales, muchas veces teñidos de actitudes groseras, terminó por cansar a todos.

Meses atrás, desde estas páginas dijimos que el Fiscal, en su verborragia, era capaz de intentar mandar preso al mismísimo Papa Benedicto XVI. Pareció un anticipo de lo que vino después. Bajo la lógica de amigos y enemigos, construyó un poder sin sustento ni legitimidad que, con los primeros escarceos, comenzó a resquebrajarse siendo notoria la ruptura de la cadena de mandos que hoy muestra la antes vertical organización del Ministerio Público.

Lo cierto es que hasta hoy la emblemática causa del robo a su domicilio no llega aún a debate, luego de sucesivas postergaciones, quizás porque en el fondo dicha causa podría terminar poniendo en el banquillo al propio denunciante.

En este marco, una investigación federal abierta por presuntos delitos de lesa humanidad tiene a mal traer no sólo a Sotelo, sino al propio Rubín, que se las ingenió para cajonear las actuaciones, sustrayéndolas al conocimiento del resto del cuerpo, lo que le valió un público reproche del ministro Niz, a quien con frecuencia visitan en su despacho funcionarios de la Secretaría de Inteligencia del Estado, quienes desde hace tiempo, por expresa indicación presidencial, están en el seguimiento y monitoreo de la Justicia correntina.

Afectados por este grave hecho, han llegado hasta los despachos del influyente secretario de Justicia, Julián Álvarez, y del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Oscar Fresneda, con resultados más que evidentes. No queda ninguno de los imputados en prisión y todos prometen cantar en el debate, hasta los últimos detalles de los aprietes y torturas de las que han sido objeto, en presencia, se dice, de los fiscales Robineau y Sotelo.

EL PROYECTO

DEL CÓDIGO

PROCESAL, VÍCTIMA

DE LA DISPUTA

Algo quedó claro. Los diputados pusieron freno a la posibilidad de sancionar un nuevo Código. Es que en el fondo no están dispuestos a dar más poder a los fiscales, conscientes de los sucesivos deslices de muchos de estos. Como Buenaventura Duarte o Robineau como casos extremos que, bajo la órbita de Sotelo terminaron por quedar "off side" con los factores de poder permanentes del establishment local.

Lo de Lértora, de las últimas horas, no parece algo casual. Un golpe así a la superioridad no se da sin una malla de contención. Es, en el fondo, un hombre del radicalismo, siempre lo fue. Tiene prestigio y trayectoria, y para no pocos, un hombre expectable que puede dar qué hablar en los próximos meses. Cerca de su jubilación, varios son los que creen que está para más, y también están los que creen que por su equilibrio y racionalidad debió ser el Fiscal General en el último recambio.

Tampoco Smith podría considerarse hombre de Sotelo. Y hacia abajo sólo un par de fiscales parecen aún responder a pie juntillas al controvertido Fiscal General, quizás entre otras cosas, porque ya no les queda retorno en el sistema político local.

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