Apuesta final de Dilma y Lula para evitar el ballottage

Apuesta final de Dilma y Lula para evitar el ballottage
Apelan a las masas en medio del enfrentamiento con la prensa
SAN PABLO.- "Una mujer va a ser la próxima presidenta de Brasil." El cantante negro Netinho de Paula, uno de los candidatos más extravagantes del país, fue el encargado de calentar anoche el ambiente en el sambódromo de San Pablo, donde la candidata oficialista, Dilma Rousseff, y el presidente Luiz Inacio Lula da Silva se conjuraron ante varios miles de seguidores para ganar los comicios del domingo.

Bajo una intensa lluvia, Lula, Dilma y la plana mayor del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) pusieron el broche de oro a una larga campaña de tres meses en un masivo acto político cargado de simbolismo.

Fue en San Pablo, donde se fundó el PT y donde Lula da Silva comenzó su carrera de dirigente sindical. Y es en esta megalópolis, feudo del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) desde hace dos décadas, donde el PT suele cerrar a lo grande sus campañas electorales.

Convencida de que el triunfo está a la vuelta de la esquina, Dilma afronta la última recta de las elecciones brasileñas con la esperanza de que los escándalos de corrupción que salpican al gobierno de Lula no le resten votos. La candidata oficialista, que roza la mayoría absoluta en las encuestas, ha visto reducida su amplia ventaja sobre su rival, el socialdemócrata José Serra (que no logra superar el listón del 30% de apoyo), tras la dimisión de Erenice Guerra, ex ministra de la Casa Civil, a quien la prensa brasileña acusó de tráfico de influencias.

La denuncia frenó en seco el hasta entonces imparable avance en los sondeos de Dilma, y dio alas a Serra y a Marina Silva, candidata del Partido Verde, a quien las encuestas otorgan un 13% de votos, un porcentaje que puede ser decisivo para retrasar la victoria de la elegida de Lula hasta el 31 de octubre, cuando se celebraría la segunda vuelta de las elecciones.

"Tenemos una gran oportunidad para escoger la continuidad y el cambio. Continuidad en la política del presidente Lula y cambio porque Brasil puede tener la primera mujer presidenta en su historia", clamó Dilma en una breve alocución, mientras los militantes del PT trataban de protegerse del aguacero. "Hay que vencer el miedo y acudir el domingo a votar con serenidad y con determinación", insistió la candidata oficialista, que una vez más elogió a su mentor: "El mejor presidente en la historia de Brasil".

A su lado, Lula no dejaba de mirar al cielo gris con las manos en los bolsillos, esperando su turno (el último del acto, como si fuera él el candidato presidencial) para dejarse querer por una audiencia totalmente entregada. A fuerza de respaldar a su candidata día y noche, Lula ha conseguido que su electorado valore a Dilma, pero su ascendencia sobre la gente sigue a años luz del que posee su ex ministra.

Presente y pasado

Lula quería lucirse en su último acto de masas y les regaló a sus militantes una buena dosis de autocomplacencia. Primero se centró en el presente y se felicitó por la reciente capitalización de la empresa estatal Petrobras.

"Hemos hecho la mayor capitalización de la historia del planeta Tierra", dijo el mandatario, y la grada se estremeció. Luego, ya en racha, se refirió al pasado y a Dilma: "Una militante que luchó contra el régimen autoritario para conquistar la democracia".

"Tenemos que estar orgullosos de nuestro pasado, por aquellos que murieron luchando contra la dictadura", recordó Lula. Y la grada se volvió a estremecer.

No hizo falta hablar de programas políticos ni de promesas electorales. En la fase final de la campaña, los candidatos juegan más bien a la defensiva. Más que sumar aciertos, unos y otros se muestran extremadamente precavidos para no cometer más errores.

El PT y sus aliados acarician la victoria, mientras que el opositor PSDB se da ya por derrotado y sólo piensa en ganarse la confianza de los indecisos para forzar una segunda vuelta, con un mes por delante para tomar impulso. Pero la caza de esos electores indecisos no va a ser fácil. Del análisis de las últimas encuestas se deduce que para impedir la victoria de Dilma en primera vuelta, Serra y Silva necesitarían absorber más de 600.000 votos por día hasta el domingo. Todo un desafío para dos candidatos que parecen haber tocado techo.

En el primer tramo de la campaña electoral, allá por julio, la mayoría de los analistas coincidía -al ver la velocidad con la que sumaba apoyo Dilma- en que sólo un caso de corrupción en el seno del gobierno podría cambiar el rumbo de las elecciones. De ahí que la dimisión de Erenice Guerra y la airada reacción de Lula contra la prensa les haya venido como anillo al dedo.

Pero a la militancia del PT las críticas y los casos de corrupción los tienen sin cuidado. "Serra no es un mal político, pero ya pasó su etapa de gobernante [de San Pablo] y ahora no podemos dejar que gane", comenta Edivaldo, un petista ya canoso al que la lluvia no arredra. Acodado en una valla del sambódromo paulista, no tiene dudas sobre los dos líderes que necesita Brasil: "Yo me quedo con los dos: con Dilma y con Lula".

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