Un día después de que el proyecto de ley sobre el matrimonio gay se transforme en ley, el arzobispo de la diócesis de Mercedes-Luján Agustín Radrizzani condenó la iniciativa y aseguró que “Dios está ausente”.
En primer lugar, Radrizzani aseguró que muchos sacerdotes y laicos le demostraron “su angustia y desorientación” ante lo sucedido y que, al pensar en otros “hermanos” que podrían estar pasando por lo mismo, decidió escribir su carta, que salió publicada a través de la agencia AICA.
“Vivimos en un mundo donde Dios está ausente”, afirmó y agregó: “Lo aprobado por los legisladores es reflejo de este ateísmo práctico en el cual estamos sumergidos y del cual ni nosotros podemos librarnos totalmente. Ciertamente, hubo presiones muy fuertes para lograr la aprobación de algo que, por estar contra la naturaleza, está en última instancia contra el plan de Dios. Nosotros, con todas nuestras debilidades, siempre tratamos de vivir de acuerdo con la ley del creador que está expresada en los diez mandamientos y en el evangelio, que se sintetiza en el mandamiento de Jesús de amarnos los unos a los otros”.
A pesar de expresar que la “ausencia de Dios” en la sociedad le provoca más dolor que la sanción de la ley, aclara que la posibilidad del matrimonio homosexual lo lastima porque genera en las personas un mayor alejamiento de sus creencias. “Estoy convencido que debemos amar a todas las personas y mucho más a los que están en una situación especial o de marginalidad, pero no por ello podemos ocultar la verdad de la cual no somos dueños sino simples servidores”, manifestó en su carta.
El arzobispo planteó en sus palabras que “una de las obras más destructivas de la comunión es la división y este tema nos ha divido como país. Nosotros queremos amar a todos y ahora debemos hacerlo con esta ley fruto de una sociedad que vive como si Dios no existiera”.
Más allá de su opinión sobre el “pseudo matrimonio”, Radrizzani consideró algunos desafíos para la actualidad y el futuro, que se desprenden de este tema y agregó que estos puntos deberán surgir con más fuerza “cuanto más avancen los principios que ignoran a Dios”, como las drogas, el aborto y la eutanasia.

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