Por Ricardo Roa.Las redes han cambiado el mundo. No sólo para bien ni sólo para mal: como todo, depende de la manera en que nos relacionemos con ellas y a través de ellas.
Generan dos situaciones antagónicas: la compañía, aunque virtual, y la soledad. Es una paradoja que coexiste con muchas otras. Una encuesta que publicamos en la pág. 54 dice que la mayoría de los padres familiarizados con la tecnología mejoran la relación con sus hijos . Están más comunicados con ellos y a la vez pueden controlar qué hacen on line, que es el mundo natural donde chicos y adolescentes se mueven.
Pero si eso se transforma en ser compinches, el rol paterno se desdibuja . Buscar con los hijos información para la escuela o jugar en la PC es una cosa, y otra muy distinta convertirse en amigos en Facebook, por ejemplo. Hay una asimetría que no debería perderse: la paternidad es acompañamiento pero no amistad de igual a igual con los hijos.
Los adultos son los adultos y los chicos, chicos. Existen criterios de autoridad que los hijos necesitan y que se derrumban cuando los padres se infantilizan y se convierten en amigos de sus hijos y en amigos de los amigos de sus hijos. Por más viejos que les parezcamos, debemos seguir aprendiendo a ser adultos.
Además, esa comunicación por la web mejora los vínculos pero está lejos de ser en verdad profunda . A favor o en contra, los vínculos familiares calan infinitamente más hondo que las redes sociales. Todo es, al fin, una cuestión de equilibrio. En Twitter las cosas son parecidas pero a la vez muy diferentes. Es una microcomunicación de situaciones personales . Pero otras veces, pura propaganda encubierta: la usan políticos como un altavoz para hacer declaraciones de prensa sin preguntas molestas. Aunque también existe mucha información valiosa en una o dos líneas, que corre en tiempo real.
Sin embargo, en simultáneo ha comenzado a ser para algunos un recurso con demasiados daños colaterales y para otros una ventana que confunde en exceso lo público y lo privado.
En los Estados Unidos, celebridades con seguidores masivos abandonan el espacio. Aglutinaban fieles como un imán, pero esa conexión por internet se les vino encima. “Twitter es tristemente poco seguro para la gente que hace lo que yo hago”, justificó al despedirse la cantante Sinead O’Connor. Otro que se bajó fue el actor Charlie Sheen, que usaba Twitter como un confesionario público permanente . También se han alejado Alec Baldwin y Demi Moore y la lista sigue.
Acá terminó la fiebre de funcionarios que mezclaban noticias con agresiones lisas y llanas, como Timerman. Aníbal Fernández, que llegó al disparate de prenderse en discusiones con personas que no eran las que él suponía , sigue en funciones aunque bajó fuerte la intensidad. Para él, la discreción y el buen gusto siempre tuvieron un papel insignificante.

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