Reunidos en Guayaquil, los ministros emitieron un documento para mostrar su respaldo al gobierno de Ecuador. Condenaron la amenaza del uso de la fuerza entre los Estados y ratificaron la vigencia del asilo para proteger los derechos humanos de las personas.
Julian Assange obtuvo de palabra el asilo político del gobierno ecuatoriano porque éste entendió que existen indicios serios de que podría haber una represalia contra el famoso hacker australiano por haber divulgado los archivos secretos de Estados Unidos. Y que no habría garantías de un juicio justo para Assange en Suecia, país que pide su extradición para investigar dos acusaciones por supuestos delitos sexuales. Pero Gran Bretaña insistió hasta ahora en que no le dará un salvoconducto para salir del país y que lo detendrá apenas salga de la embajada. Eso, después de advertir que podría reflotar una ley poco usada de 1987 –Ley de Recintos Diplomáticos y Consulares– que habilita a las autoridades a revocar el estatus diplomático de una embajada para entrar a detener a Assange. A esta amenaza se refirió el canciller Patiño en diálogo con este diario. “Las conversaciones fueron abruptamente suspendidas con Gran Bretaña a partir del miércoles 15 de agosto en que hubo una amenaza verbal y por escrito. Por eso la denunciamos a nivel internacional. Esperamos recibir una disculpa.”
Desde su refugio en Londres, el fundador de Wikileaks denunció que Washington lleva adelante una “caza de brujas” contra su organización (ver aparte), unas horas antes de la cita con carácter urgente que mantuvieron los cancilleres de la Unasur. Aunque las conversaciones fueron suspendidas, los doce cancilleres exhortaron a las partes a continuar dialogando siempre que se respete el derecho internacional. Ese fue el espíritu de la declaración de Guayaquil: reiterar el derecho soberano de los Estados de conceder asilo, condenar la amenaza del uso de la fuerza entre Estados y afirmar el principio del derecho internacional en virtud del cual no puede invocarse un derecho interno por sobre una obligación internacional, así como lo expresa la Convención de Viena a la que adscribe el Reino Unido. Un espíritu de unidad ante la amenaza de agresiones externas. El canciller argentino Héctor Timerman aludió de esta forma el texto acordado con sus pares. “Con este fuerte consenso alcanzado en sólo 20 minutos debe quedarle claro al Reino Unido que hay una gran solidaridad y unanimidad en la región, y que atentar contra uno de nuestros países es atentar contra todos.” Timerman insistió con esta idea de unidad del bloque. “Se dejó en claro que, frente a las agresiones extrarregionales, América del Sur se une y les dice ‘no’ a quienes intentan imponer su voluntad con su poder y amenazas de violencia.”
Su colega Patiño quedó satisfecho por el respaldo que recibió Ecuador. “Fue una resolución contundente y que no deja lugar a dudas. Unasur es uno de los procesos de integración más significativos de principios del siglo XXI. Su decisión viene después del apoyo del ALBA. Ambos reiteran la vigencia de las instituciones que garantizan el asilo político.” La declaración de Guayaquil se complementa con otra emitida el sábado por los cancilleres de la Alianza Bolivariana Para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), en la que también rechazan las amenazas proferidas por Gran Bretaña y respaldan de forma unívoca al gobierno de Ecuador por otorgar asilo a Assange. El ALBA realizó además un llamado de atención al gobierno británico “acerca de las graves consecuencias que se desencadenarían en todo el mundo en caso de una agresión directa a la integridad territorial” del país sudamericano. Asimismo sugirió que la Organización de Naciones Unidas (OEA), que se reunirá el próximo viernes en Washington para discutir la disputa entre Ecuador y el Reino Unido, promueva un amplio debate acerca de la inviolabilidad de las instalaciones diplomáticas. Pero ése será otro capítulo en la dinámica regional.




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