¿Por qué hay hombres que frecuentan prostíbulos?

¿Por qué hay hombres que frecuentan prostíbulos?
El caso de Marita Verón avivó un fenómeno de larga data. Hay clientes que sólo buscan satisfacción en burdeles sin saber si la mujer está allí por propia voluntad o si es obligada.

La trata de personas es un tema de moda, el juicio por la desaparición de María de los Ángeles “Marita” Verón lo llevó a la primera plana de todos los diarios del país. Pero, en realidad, es un problema que ya lleva varios años, muchas víctimas y demasiado sufrimiento.

La mayoría de las mujeres secuestradas, el 90% para ser más preciso, son vendidas a redes de prostitución, los clientes del ambiente prostibulario pagan por los servicios sexuales de una mujer que está esclavizada, aunque la mayoría de ellos no se da cuenta, o peor aún, no les importa.

De ahí que el slogan “Sin clientes no hay trata” se haya popularizado en las redes sociales, las calles y cada manifestación que hay en el país por este tema.

La ONG Casa del Encuentro, dedicada al tema del secuestro de personas para explotación sexual y laboral, estima que en el país hay 600 niñas y mujeres víctimas de redes de trata que son obligadas a prostituirse. También se calcula que hay otras 600 víctimas, la mayoría de ellas menores de edad, que permanecen cautivos en talleres textiles, fábricas clandestinas y establecimientos rurales.

Este delito es considerado como la esclavitud del siglo XXI, puesto que quienes han caído en las redes de trata, entran en un laberinto que el mismo Dédalo envidiaría.

En nuestra sociedad la existencia de esclavos es inaceptable, la injusticia social, aún dentro de la legalidad imperante, nos indigna, nos subleva: cualquier afrenta a la condición humana nos convoca a rechazarla y reparar sus consecuencias.

Definición

Según explica el doctor Raúl Schnabel de la Dirección General de Registro de Personas Desaparecidas, “la trata de personas es el comercio de seres humanos captados por violencia, engaño o abuso de un estado de desamparo o miseria, con el propósito de reducir a esas personas a la servidumbre o esclavitud y obtener de ellos ganancias, ya sea explotándolos sexualmente en la prostitución ajena, en formas diversas de trabajo esclavo o para la extracción de órganos destinados a trasplantes”.

La situación más extrema es cuando la víctima es un menor de edad, en cuyo caso, de acuerdo con lo que establece la legislación nacional, la violencia se presume siempre.

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