Antígona en El Viejo Galpón

Este domingo a las 21 una nueva presentación del unipersonal de Vanesa Casayes, presentado por el grupo de teatro Casiopea.
Hace 2500 años se presentó por primera vez esta obra. Un griego, hoy sin nombre, imaginémoslo sentado en un anfiteatro de mármol, supo de Antígona, supo que era hermana de Etéocles y Polinices, fue partícipe y parte (buen espectador) del enfrentamiento de los hermanos de esa mujer, de la guerra, de la muerte y del castigo impuesto por el Rey Creonte a Polinices, que nunca debería ser enterrado para ser así alimento de buitres y alimañas por ser considerado enemigo de Tebas, su pueblo.

Ese anónimo buen espectador descubre cómo Antígona desobedece la orden de su Rey y elige enterrar a su hermano.

Entiende lo que sucede con Antígona al ser descubierta y condenada a muerte.

Si ese griego es un cobarde de seguro aceptará esa condena. Si es temeroso contendrá el aliento sentado en su lugar, querrá salvar la vida de Antígona pero no se moverá, saber y hacer son dos cosas distintas.

Si, muy por el contrario, guarde cierto coraje, al escuchar la condena del rey, escupida en la cara de la mujer se manifestará con un grito, un silbido, algo.

Emitirá una queja como un dolor, desaprobará lo que está viendo. Querrá que la historia fuese otra y sin embargo, no se irá del lugar, se quedará con la esperanza de otro final para esta tragedia.

Hoy sabemos que esa pieza teatral muestra el enfrentamiento de la razón de la verdad, contra la razón de la política, quizás el griego aquel no podía pensarlo así, pero podía sentirlo.

Esa mujer que se imagina pequeña y delicada ofrecía el conflicto. Ante dos obligaciones que chocaban entre sí, eligió y ese griego ante un escenario iluminado por fuego en una noche de luna, también elegía. Para el significaba otra cosa que para nosotros, nosotros solo vemos teatro.

La distancia del tiempo, irreconciliable, nos separa del griego aquel. Nuestra visión del mundo al salir a la calle cuando Antígona termina, también nos separa del griego. Nos une la historia, el cuento teatral, la fuerza de los textos, el sentimiento de horror, de pesar, el nudo en la garganta, la esperanza de otro final para esta tragedia. Nos une, nos ata la experiencia del teatro. La realidad de la mentira.

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