La muerte del comisario Néstor Píccolo, instaló en el seno de la Policía de la Provincia, un antes y un después. Había congoja e indignación en cada uno de los efectivos que concurrieron a despedir al malogrado camarada.
Los ojos enrojecidos en casi todos y las lágrimas en muchos de ellos, reflejaban un dolor inconmesurable. Y ponía en harto la evidencia de lo que significaba el "Comisario Néstor" para ellos.
En absoluto silencio, como respetando al camarada que había partido, los gestos y las miradas, de la dolorida multitud, reflejados ahora más que nunca, apuntaban al hombre que, sin embargo, nadie se animaba a pronunciar.
"Vamos Néstor, vamos Jefe", se escuchó decir a un joven policía que no pudo contener el llanto. Otros hicieron un gran esfuerzo para contener las lágrimas. Algo que también se pudo observar entre los infantes que cargaron el féretro hasta su última morada.
Pero ya nada será como ahora. Veremos un antes y un después...
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