A 2 años de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, Infobae consultó a distintos intelectuales sobre las diferencias y similitudes de la gestión de su esposa. La opinión de Carta Abierta, un analista político y un ex "K"
Con motivo del segundo aniversario de su deceso, tres intelectuales argentinos analizaron para Infobae los cambios y las continuidades experimentadas por el kirchnerismo desde la partida de su líder y la consolidación del “cristinismo” después de las elecciones presidenciales de 2011, en las que Cristina obtuvo el 54 por ciento de los votos.
Para el filósofo e integrante de Carta Abierta, Ricardo Forster, no hay diferencias en el proyecto del gobierno nacional tras la muerte de Kirchner. “Es difícil escindir el vínculo político esencial entre Néstor y Cristina. Los dos pensaron en común este momento, construyeron juntos, aunque sin duda cada uno ha tenido su estilo”, afirma.
En ese sentido, indica que la actual gestión es una “profundización” de los ideales planteados durante la presidencia de Kirchner; “un proyecto de transformación ligado a un concepto de equidad, mejor distribución de la riqueza y bajo una matriz democrática nacional y popular”, según precisó.
En cambio, Marcos Novaro, sociólogo y director del Programa de Historia Política del Instituto Gino Germani, sí considera que hubo cambios, en parte, sostenidos en el hecho de que Cristina demostró que podía continuar con su mandato a pesar de la ausencia del ex presidente.
“De la misma manera en que cuando llegó Néstor en 2003, la gente no lo conocía y se preguntaba si iba a poder gobernar y él respondió con destreza presidencial, Cristina Kirchner también demostró que ella podía hacerlo sola. Confirmó que era la heredera de Néstor y que iba a profundizarlo”, explica.
Novaro prefiere definir la situación como una “radicalización” del kirchnerismo, que desde su punto de vista se hace notable, por ejemplo, en cómo se desprendió de los “amigos empresarios” y emprendió un camino hacia un “régimen estatista”. “La herencia de Néstor se honra radicalizándola”, reflexiona.
¿Hay acaso una diferencia entre el kirchnerismo y el “cristinismo”? Para Novaro, sí. “El cristinismo es una etapa superior del kirchnerismo”, califica. Una postura similar defiende Julio Bárbaro, politólogo y ex titular del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), disuelto después de la reglamentación de la llamada Ley de Medios.
“La imagen de Néstor era una voluntad de construcción, por lo menos en la primera etapa. Los aliados eran más que los enemigos, pero ahora estamos en una etapa en la que los enemigos son muchos más que los aliados”, dispara, haciendo una crítica a la “agresividad” que detecta en el gobierno actual.
El legado kirchnerista
Mientras que Novaro sostiene que, sin lugar a dudas, Cristina se mantuvo fiel a Néstor Kirchner –rompiendo una tradición peronista porque “Perón traicionó a Evita al no profundizar el modelo e Isabel traicionó aún más a Perón”-, Forster destaca los logros obtenidos durante la presidencia cristinista, incluso antes del fallecimiento del ex mandatario.
“La recuperación del sistema jubilatorio, la Ley de Servicios Audiovisuales, la Asignación Universal por Hijo, las leyes de derechos civiles ampliados, como el matrimonio igualitario, muestran claramente un horizonte de profundización de un proyecto que concibe una sociedad más igualitaria”, subraya.
Es cierto también que la figura de Néstor Kirchner en ningún momento dejó de ser una constante esgrimida desde el discurso oficial, así como de las banderas de la militancia, en especial entre los sectores jóvenes.
Por su parte, Novaro y Bárbaro sostienen que, así y todo, el modelo kirchnerista está llegando a su fin. El primero adopta un tono apocalíptico y expresa que su verdadera preocupación es cómo se evitará que la Presidente “renuncie antes de tiempo”, debido a la creciente “polarización” y el contexto de crisis económica mundial.
“La muerte de Kirchner marcó su agotamiento; el Gobierno está viviendo su caída”, añade Bárbaro, aunque aclara que esto no implica que Cristina vaya a tener problemas para finalizar su mandato porque es un “conflicto con los votos, no de la democracia”.
Forster se diferencia de Novaro y Bárbaro y asegura: “Esta etapa del kirchnerismo está atravesada por la legitimización del 54 por ciento y definida por el liderazgo de Cristina Kirchner. Esto está relacionado con lo que pasó en 2010, desde los festejos del Bicentenario hasta la muerte de Néstor Kirchner que, de alguna manera, demostraron el peso de una realidad”.



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