La cotización alcanzada por el algodón en el mercado de Nueva York, que superó los valores históricos logrados en 1995, es verdaderamente importante, e incluso el sector se ha visto sorprendido por las cifras registradas por la fibra de algodón argentino, dijo a Radio Universidad el presidente de la Asociación de Desmotadores Argentinos, Juan Carlos Núñez.
Advirtió al mismo tiempo sobre algunas siembras apresuradas, por una parte, y la demora en destruir rastrojos por la otra, precauciones que deben tenerse muy en cuenta ante la necesidad de estar en permanente alerta ante la amenaza del picudo.
Notable optimismo
Fundamentó sus temores indicando que hay que entender que si el productor obtiene una adecuada rentabilidad todos estarán mejor, y no se puede seguir pensando que hay una cadena formada sobre el egoísmo; debe ser de solidaridad y fundamentalmente del productor algodonero, a pesar de varios que lamentablemente han quedado en el camino, acerca de los cuáles es difícil explicarse cómo hicieron para seguir subsistiendo.
Comentó que diariamente se ve en la desmotadora a gente animada que consulta dónde se pueden conseguir transportadores de módulos para adquirir, si no hay noticias de importación de nueva maquinaria apropiada para cosechar el algodón de surcos estrechos, que algunos dolores de cabeza les provoca. Explicó que la experiencia en la desmotadora con este producto hace una gran diferenciación entre el productor que puede tener acceso a la tecnología de punta para poder hacer algodón de surcos estrechos y cosecharlo con la máquina adecuada y los que no. Realizarles los cuidados culturales sanitarios que son necesarios es una cosa, pero aquellos que carecen de esa capacidad de apropiar tecnología de punta en su cultivo, y hacen cosecha sin pre limpieza, lo que ganan en kilos lo pierden sin darse cuenta porque los rendimientos de desmote son muy bajos. Mencionó que tuvieron algunos que no superaron el 13 por ciento, que antes no se observaba.
Consideró necesario dejar que el productor se reponga de diez años seguidos de una crisis algodonera que comenzó por descapitalizarlo.
Dio que al momento de requerir los servicios de cosecha, el contratista va en primer lugar donde el volumen que hay que cosechar es mayor.
Apuntar a la calidad
Núñez consideró importante avanzar en el aspecto del financiamiento acorde para que la gama de los medios productores pueda contar con asesoramiento adecuado y acceso a esa tecnología de punta, porque no se trata de sembrar 200.000 hectáreas más si bien son muy bienvenidas, pero sería bueno que esa mayor superficie arrojen superiores calidades. industriales de fibra, mayores rendimientos de kilos por hectárea, mejores resultados en el desmote. Consignó que este año lamentablemente han sido una excepción los desmotes de algodones convencionales sembrados a un metro entre surcos que pudieran superar el 33 por ciento en el desmote. Admitió que este fue un año totalmente atípico a punto tal que comenzaron a recibir algodón después del 15 de junio.
Insólita siembra
Señaló Núñez como una consecuencia de esta campaña insólita el hecho de que se esté sembrando algodón en una época tan anticipada y contra toda indicación técnica y consideró que las autoridades, ya sea de Sanidad Vegetal, Senasa y todos a quienes corresponda, se pongan firmes y le hagan ver a la gente que el picudo no es solamente una responsabilidad de las autoridades sanitarias nacionales o provinciales, debe estar en la conciencia de todos los actores que intervienen en el algodón y consideró que aun pecando de antipáticos hay que adoptar medidas extremas como la destrucción de los cultivos que sembraron antes de la fecha, pero al mismo tiempo se preguntó de dónde consiguió esa gente la semilla. Sin dudar afirmó: “Los responsables somos nosotros, no miremos para otro lado” y aseguró que lo mismo pasa con la comercialización del algodón.
Respecto de ello consideró que el mercado local está perfectamente abastecido, si bien lo hizo tarde, pero remarcó que como consecuencia de la crisis es muy difícil como se hacía antaño que un industrial hilandero tenga un stock de 4, 5 o 6 meses porque el capital que hay que invertir es muy importante, pero a su vez también hubo una correlación entre los distintos productos que se desprenden del algodón en bruto y dijo que muy dañino sería que se arbitren algunas medidas artificiales para atemperar los precios que se les pagan a los productores porque haría tirar por la borda todo el entusiasmo que ha despertado una campaña como esta.
El algodón es un sentimiento
El algodón, mediante la aplicación de mayor tecnología, que empezó en 1998 cuando se firmó el acuerdo marco para hacer del algodón un cultivo sustentable y que mereció algunas críticas de algunos desmotadores asociados, experimenta una recuperación importante si bien faltan algunos elementos y mencionó el INASE señalando que personal técnico tiene pero es necesario dotarlo de recursos para que pueda cumplir acabadamente con la misión de controlar y fiscalizar de lo contrario nos mantenemos siempre en una nebulosa incomprensible.
Consideró que el entusiasmo por el incremento de la siembra como el caso de productores de Entre Ríos proviene precisamente de que a través de esa tecnología de punta ya sea en la semilla o en el tratamiento de la siembra directa, etcétera, fue acercando al algodón a las condiciones de un cultivo de soja y si bien es cierto que el textil requiere más cuidado, pero los rendimientos de un tiempo a esta parte entre una producción y la otra los han acercado mucho y seguramente más de uno habrá hecho muy bien sus cuentas y se volcó al algodón.
Remarcó que la gran rentabilidad de la soja respecto de lo que puede recuperar el algodón se diferencia notoriamente en lo que el textil reparte por el efecto multiplicador que tiene y eso se nota en los pueblos. “El algodón es un sentimiento”, dijo Núñez, pero también una realidad que da vida a poblaciones chaqueñas, del norte santafesino o de Santiago del Estero. Como hace mucho este año hubo dificultades para conseguir camiones que transportaran al algodón de la chacra a la desmotadora y luego la semilla a los centros de industrialización. Advirtió sin embargo que esta es como una moneda de caras, porque los grandes grupos que apuestan al algodón, pueden hacerlo mañana a cualquier otro cultivo que les resulte más beneficioso, mientras que el productor algodonero tiene una debilidad y cuando le va bien ya piensa en qué maquinaria puede incorporar y eso es lo que debe controlarse, porque no hay que jugar todas la fichas, es preferible disponer reservas para recuperar su capacidad de trabajo o de tomar un crédito que le permita desarrollar su capacidad incluso hasta la comercialización. El productor tiene que estar bien para que el resto de la cadena también lo esté.
Como muestra del clima optimista que se vive actualmente, destacó que en poco tiempo se instalará una nueva desmotadora en General Pinedo cuyo propietario de Luis Kalbematter, quien adquirió un equipo continental de 141 sierras, información que no es oficial pero que consideró de buena fuente.
La gente debe entender que a los productores los necesitamos y hay que darles las herramientas útiles comenzando por un precio compensador que le permita obtener rentabilidad y pueda recuperar su capital de trabajo.
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