Por Nora SánchezCorrió en una pista de 720 metros en Libertador. Y los ingenieros hicieron sonar el Himno Nacional con el motor.
Dicen que el motor de los autos de Fórmula 1 suena como música . Y es verdad. Ayer el RB7 de la escudería Red Bull Racing, ganador del Campeonato Mundial de 2011, cantó el Himno Nacional argentino. Sus ingenieros hicieron regular al motor Renault del auto de tal manera, que emitió notas musicales . Las cerca de 100.000 personas que, según la organización, se congregaron para verlo volar a lo largo de Avenida del Libertador, deliraron. Fue la primera sorpresa de la jornada en que la máxima categoría del automovilismo volvió a Buenos Aires, de la mano del piloto australiano Daniel Ricciardo.
El público copó la avenida, separado de la pista por una doble valla. Los vendedores ambulantes aprovecharon para vender banderas de Ferrari a $ 20. Pero esta vez, no se trató de Ferrari. En cambio, los porteños admiraron el auto de Red Bull Racing que ganó 12 de las 19 carreras del campeonato de Fórmula 1 del año pasado, conducido por los corredores Sebastian Vettel y Mark Webber. Un auto capaz de alcanzar 330 kilómetros por hora.
Como aperitivo, el argentino Fabián Yannantuoni dio algunas vueltas con su Renault Fluence del Super TC 2000. Hasta que llegó la música del RB7. “Hola a todos”, saludó Ricciardi, de 23 años, a pedido de los periodistas Germán Paoloski y Fernando Tornello, los presentadores del Red Bull F1 Showrun. “Espero ofrecerles un buen show”, dijo el corredor y al grito de “¡Vamos!” fue a calzarse la máscara antiflama y el casco.
Después de cantar el himno para calentar el motor, y tras un breve descanso en boxes, el RB7 estuvo listo. La primera vuelta fue a baja velocidad. La temperatura ambiente era de 30°, pero el asfalto ardía a 57° . Ricciardo se detuvo en la mitad del recorrido. Hubo un silencio seguido por un rugido y una súbita aceleración. Fue la demostración de cómo el auto acelera de 0 a l00 kilómetros por hora en menos de 4 segundos . Y el F1 siguió como flecha, para volver a reducir la velocidad poco antes de la avenida Infanta Isabel para dar la vuelta.
Rumbo hacia el Monumento a los Españoles, Ricciardi aceleró a fondo una vez más, con una recta de 720 metros por delante. El cartel que indica que la velocidad máxima es de 70 quedó fuera de lugar. Después de tres o cuatro vueltas, con trompos incluidos, el corredor volvió a boxes. Lo recibieron varios mecánicos, que apuntaron sus matafuegos a la salida de los escapes del auto para enfriarlos . El proceso total de enfriamiento duró diez minutos, con la ayuda de hielo seco y ventiladores.
Recién cuando el RB7 estuvo frío pudo arrancar nuevamente. Ricciardo salió acelerando ya desde boxes. La gente sacaba fotos o llamaba por teléfono a sus amigos para que escucharan el poder del motor. “Es increíble ver a un Fórmula 1 tan cerca. Este ruido es una gloria”, explicó Fernando Céspedes, que viajó desde Lanús para ver el espectáculo.
Tras una tercera salida, Ricciardi bajó del auto para saludar. Pero alentado por el grito de “¡Another one!”, aceptó ofrecer una vuelta de yapa. La terminó con un trompo que dejó al RB7 envuelto en una nube de humo y olor a caucho quemado.
Hubo una ovación . “El show fue un éxito y lo disfruté mucho. En estos eventos la gente puede estar muy cerca del auto y yo podía escucharla desde la cabina”, contó el corredor más tarde, en una conferencia de prensa. Por supuesto, una de las preguntas fue qué velocidad llegó a alcanzar. Ricciardi sonrió: “En el auto no veo la velocidad, pero fui bastante rápido”.

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