Una, al menos extraña, reunión sucedió ayer a puertas cerradas en la Asamblea Nacional, el organismo parlamentario venezolano. Hasta ahí llegó el arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, a quien los legisladores habían citado en medio de la disputa entre el gobierno y la Iglesia.
Urosa además repitió que el presidente Chávez y los diputados violan la Constitución con su plan socialista pero no logró su propósito de que la interpelación fuera transmitida “en vivo” por la red de emisoras estatales de radio y TV.
El canal opositor Globovisión informó que el cardenal leyó un documento ante los miembros de la Comisión Coordinadora de la Asamblea en el que dejó claro que sí ha emitido opiniones, pero que no ha sido su “ánimo ni intención” el hacer acusaciones sino que las ha emitido amparado en los valores de la democracia, los derechos humanos y pluralismo, consagrados en la Constitución de la República. También aclaró que su predicación es religiosa “y de moral tanto individual como social” y no partidista.
La polémica entre la jerarquía eclesiástica, el gobierno y la Asamblea Nacional, de mayoría oficialista, surgió en julio cuando el cardenal dijo que Chávez violaba la Constitución al querer imponer una “dictadura comunista”. Este le contestó diciéndole que era un “troglodita” y un “indigno” y desde entonces lo critica casi a diario.

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