La muerte de Osama bin Laden representa un importante triunfo para la CIA y los servicios de información de los EE UU, que en los últimos tiempos han sido blanco de críticas por su ineficacia y sus técnicas de interrogatorio.
Culminaban así casi cuatro años de trabajo de las agencias de inteligencia, que comenzaron cuando la CIA empezó a seguir la pista sobre una de las personas que formaban el círculo más íntimo de colaboradores de Bin Laden.
La revista Time indica que la pista surgió de interrogatorios a Jalid Sheij Mohamed, considerado el cerebro de los ataques del 11 de septiembre, y uno de los más estrechos colaboradores de Bin Laden. La CIA obtuvo una información similar del sucesor de Mohamed, Abul Faraj al Libi.
Ambos fueron objeto de las controvertidas técnicas de interrogatorio que aplicó el gobierno de los Estados Unidos, bajo el mandato de George W. Bush, en prisiones ubicadas en Polonia y Rumania. Tras los atentados del 11-S, Bush autorizó los interrogatorios más agresivos de la historia del país, política que desautorizó y desmanteló Obama.
Posteriormente la CIA coordinó con otras agencias de inteligencia para averiguar el paradero de Osama bin Laden y montar el operativo en torno a la residencia donde estaba escondido.
De esta manera, bajo la dirección de Leon Panetta se ha resarcido de las duras críticas que ha recibido en la última década, primero por no prevenir los ataques del 11-S y, posteriormente, por ser incapaz de localizar al escurridizo terrorista.
Ayer, en un comunicado, Leon Panetta reconoció que la operación fue “la culminación de muchos años de trabajo intenso e incansable”, en los que se han llevado a cabo “operaciones clandestinas altamente complejas e innovadoras”, y en los que hubo que “recolectar información por medios humanos y técnicos”.
En cualquier caso, dijo: “hemos librado al mundo de su terrorista más infame”, lo que supone sin duda un “motivo de confort” para los familiares que han perdido a sus seres queridos por la barbarie de Al Qaeda, indicó
Comentá la nota