Un amor vivo detrás de las miradas

Un amor vivo detrás de las miradas
San Juan.- Gerardo Mani y Mariana Ariza tienen discapacidad visual. Se conocieron en 2006 en la escuela de Braille. El amor que se tenían dio como fruto, una hija. Juntos proyectan poder trabajar de lo que les gusta.
Gerardo Mani y Mariana Ariza se conocieron a finales de 2006, y en poco tiempo sintieron que el amor fluyó en ambos. Al principio de la historia, eran simplemente amigos. Pero él empezó a buscar algo más que una amistad. Ella, discreta y con precaución fue permitiendo el avance interés del joven, que para abril, del 2007, se animó a proponerle ser novios. Así surgió el amor entre ambos.

Gerardo sintió que Mariana era una persona especial, apenas pudo verla porque tiene un 80 por ciento de disminución visual. En cambio, Mariana no pudo ni puede verlo, porque tiene ceguera total. Pero tales discapacidades no les significó una barrera para conocerse más. Por el contrario, los fortaleció y emprendieron un mundo por recorrer juntos.

El olor, el sonido de la voz, el tacto de la fisonomía del otro, potenciado en cada uno, fueron los atractivos para empezar a enamorarse, y que a la vista de otros pasan desapercibidos porque todo lo captura la vista.

Gerardo rememora esta hermosa historia de amor: “Yo atravesaba un momento difícil. Había discutido con mi papá porque al quedar prácticamente ciego, no podía hacer nada. Entonces, me resistía a usar el bastón y a ir a la escuela Braille. Hasta que un día decidí hacerle caso. Me presenté y ahí la conocí. Mariana vivía en la casa de la escuela de Braille, porque sus padres eran caseros de la escuela y la madre era cocinera. A la vez, empecé a ir al club Puertas Abiertas”.

“De Mariana me enamoró su carácter, es servicial. Y aunque veía muy poco, me pareció linda. Lo bueno es que ella no me ve -dice entre risas-. Me hacía sentir muy bien, cuando yo pasaba por un momento feo. Con el tiempo fui acercándome con la excusa de que me ayude con el rol de secretario, que empecé a cumplir en el club y que ella había dejado de ejercer. Entonces, le pedía que me ayudara con las notas, por ejemplo. Así pasábamos horas tomando mate. Era un chamullero total, y sirvió porque nos fuimos conociendo más”, relata Gerardo.

La relación se fue consolidando y tomaron la decisión de contraer matrimonio. Pero antes de eso, una noticia los sorprendió.

“Mientras hacíamos los planes de casarnos, empecé a sentirme mal. Yo fumaba y de pronto me daba asco y también tenía un dolor fuerte en la espalda. Y un día entre charla planteamos el tema de mi periodo menstrual. Al principio, sentimos preocupación, pero quisimos sacarnos las dudas con un evatest. El asunto es que nosotros no podíamos ver el resultado y pensamos en quién podíamos confiar, porque a nuestros padres no íbamos a pedírselo. Entonces, esperamos un día domingo que la familia se juntó y a mi hermana le pedí que me dijera el resultado. Estábamos en el baño y ella de la emoción abrió la puerta y gritó ‘está recontra embarazada’. Todos quedamos estupefactos, pero se alegraron por la noticia”, cuenta Mariana.

Ambos sintieron una bendición, aunque Gerardo confiesa que nunca pensó tener una novia, casarse ni ser padre. Pero desde que estaba al lado de Mariana el mundo le resultaba felicidad.

“Me encantaba estar con ella. Me sentía bien. Empecé a vivir una etapa de mi vida que me fascinaba. Aunque, antes no me había imaginado lo que estaba pasándome. Y otra cosa es que no me gustaban los niños, imaginate, nunca alcé un niño menor de un año”, manifiesta ahora contento de ser un padre orgulloso.

Fue así que Gerardo y Mariana afianzaron más la relación amorosa, y que en la actualidad se los suele ver caminar a diario por la ciudad, tomados de la mano, y acompañados por el fruto de su amor, que llaman Zaira Bianca.

Ella nació el 12 de marzo de 2010, por cesárea. Y es esa pequeña el lazo que los une y les marca el rumbo de sus vidas.

“Recuerdo que mi hermana me acompañaba en el quirófano porque es instrumentadora quirúrgica, y cuando nació Zaira se fue a verla a ella y se olvidó de mi. Ella llamó a mi mamá para que escuchara el primer llanto de la bebé. En la sala de espera fue todo un revuelo”, cuenta Mariana como anécdota.

“Yo la tuve en mis brazos a los 15 minutos de estar en este mundo. Fue algo increíble y hermoso. Fue la primera vez que alzaba un bebé menor de un año”, define Gerardo la sensación de rol de papá que le había asignado Zaira Bianca, a quien le cambió pañales, aunque no todos.

Es así como Gerardo y Mariana viven juntos un amor intenso, fortalecido por la pequeña Zaira, quien empieza a hacer travesuras propias de todo niño. Además, los papás pueden disfrutar de otras cosas como salir a caminar, escuchar televisión y estudiar.

“Me gusta ver películas. Encontré una página web que pasa películas con un programa que detalla cosas del film cuando hay un silencio”, precisa él. Mientras Mariana comenta que “este año terminaré la carrera de periodismo deportivo en el Instituto Néstor Antonio Gaona. El deporte me gusta mucho. Soy fanática del fútbol, e hincha de Boca -Gerardo también y visitamos la Bombonera-. Me gustaría poder después trabajar en una radio, aunque sea gratis, porque para ganarme un sueldo tendría que buscar publicidades”.

Entre otros proyectos, el joven Mani anhela poder dictar la segunda parte de un curso de computación que dio en la Fundación Javier Caselles. Y también se ha propuesto finalizar las carreras de Analista Programador (dura dos años) y Analista en Sistema de Computación (un año) en el Instituto Cervantes, quien se ha predispuesto a ayudar a Gerardo, porque luego podría ayudar a otras personas con problemas de visión a manejar una computadora e Internet como lo hace él. Y por supuesto, piensan casarse, algo que les quedó pendiente.AP

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