El radicalismo local está practicando una nueva forma de hacer política. Ha descubierto en los medios nacionales opositores al Gobierno, especialmente en el Grupo Clarín – Canal 13, una alternativa de exagerar, desvirtuar o mentir sin tener que poner el cuerpo o someterse a las desmentidas.
Estos medios (Clarín, Canal 13, entre ellos) lo hacen profesionalmente, sin pruritos y con efectividad. Lo vienen haciendo a diario y con más intensidad a medida que se acerca la fecha de efectivización de la Ley de Medios que limitará su histórico monopolio.
Días atrás, estuvo por la ciudad la producción de Jorge Lanata, el periodista estrella de la oposición en el que se deposita más confianza que en toda la bancada opositora junta. Se hicieron notas para dar cuenta de la operación difundida como “adoctrinamiento kirchnerista en las escuelas”. Ese programa ya salió y causó menos revuelo que el paso de Teté Coustarot por la última Expodiseño Tandil.
Pero el radicalismo aprovechó para “venderle” otro tema por si había espacio para otra “noticia bomba” anti K. Le sugirió el tema de la entrega de 12 hectáreas del predio de Sans Souci al Club Santamarina, la entidad presidida por Pablo Bossio.
El cronista compró rápido. Había un apellido cercano a la Presidenta y estaba en medio otra escuela. Daba para una saga tipo “Los K arrasan el sistema educativo”.
Bueno. Parte de esa nota salió hoy en Clarín, grupo al que pertenece Lanata, en cuerpo y, sobre todo, en alma.
La nota se titula “Polémica en Tandil por la entrega de un predio millonario al hermano de Bossio”.
La intención ya se sabe. Ni vale la pena profundizar en el tema. Lo que sirva para criticar al Gobierno gana letras renegridas y un lugar privilegiado.
Pero más allá de lo obvio, otra obviedad: está plagada de mentiras.
La ex ministra de Educación, Silvina Gvirtz, no aprobó el contrato de comodato con Pablo Bossio, hermano de Diego, titular de la Anses y uno de los abonados a la esmeriladora del grupo de Magnetto, como dice el matutino que casi siempre miente, pero hoy más.
El contrato estaba firmado por el ministro anterior, Mario Oporto y ya tiene sus años.
Las gestiones de Santamarina para obtener un lugar para su sede son antiguas. De hecho hace muchos pero muchos años se intentó que el Municipio les cediera parte de la Quinta Belén, la que se quedó en manos comunales por los impuestos adeudados por el Club. No hubo suerte por ese lado.
Entonces empezaron a buscar por el otro y descubrieron que en una parte de las 60 hectáreas del parque ecológico Sans Souci, propiedad de la Provincia, se sembraba soja. Entonces fue el presidente anterior a Bossio quien comenzó las gestiones y recién concluyeron este año.
El predio lejos de entregarse a una persona, a Bossio o Pérez, se entrega al club, una institución de más de cien años que ha educado y formado a cientos de jóvenes. Más allá de los logros deportivos por todos conocidos, ha llevado el nombre de la ciudad tan lejos como la mejor campaña de turismo rentada.




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