Amenaza a Bélgica el fantasma de la secesión

Ganaron los nacionalistas en Flandes, que exigen la separación
BRUSELAS.- En plena crisis económica y a pocas semanas de asumir la presidencia rotativa de la Unión Europea (UE), Bélgica ingresó ayer en una etapa de gran incertidumbre, luego de la histórica victoria del partido nacionalista Nueva Alianza Flamenca (N-VA), partidario de la independencia de Flandes.

Los resultados oficiales mostraron que los separatistas flamencos de la N-VA, partido que aboga por la disolución gradual de Bélgica, lograron la mayoría en Flandes, donde se habla holandés, y posiblemente en el país, con el 19,2% de los votos.

Las elecciones generales celebradas ayer de forma anticipada confirmaron el triunfo de la N-VA, en el norte del país, que obtendría 31 escaños en la Cámara, sobre un total de 150, mientras que en Valonia, la región sureña y francohablante, el Partido Socialista (PS) se alzó con el primer puesto, con 24 bancas, cuatro más que en la actualidad (11,3% de los sufragios).

A nivel estatal, según anunció el líder del PS e insistentemente nombrado como futuro primer ministro, Elio Di Rupo, los socialistas se convierten, veinte años después, en la primera familia política de Bélgica, ya que también sus homólogos flamencos del SPA obtienen buenos resultados en su región, con 14 escaños.

"Estamos ante ustedes con un partido que tiene cerca del 30 por ciento de la votación flamenca", dijo a sus partidarios el líder del N-VA, Bart De Wever, que, no obstante, suavizó su discurso y tendió una mano a los partidos francófonos. "El Estado debe ser reformado y las finanzas, saneadas. Iremos todos juntos en esa dirección. Nadie tiene interés en bloquear este país."

Ante una pregunta sobre su objetivo declarado de lograr la partición de Bélgica, De Wever respondió que ese escenario no ocurrirá de un día para otro, sino "tras una evolución".

Puentes

El líder nacionalista ha manifestado su deseo de que la próspera Flandes se separe de Valonia y al final se integre a la Unión Europea (UE) como país independiente. Esa posibilidad es una pesadilla para Valonia, una región más pobre que depende, en su mayor parte, de los fondos flamencos.

"Si Bélgica desaparece algún día, será tras una evolución. Ahora hace falta construir puentes", dijo el jefe de la derecha flamenca, cuyo partido captó los votos del también independentista, pero xenófobo, Vlaams Belang (Interés Flamenco), que no superó el 10% de los votos.

Al resignar seis bancas, uno de los grandes perdedores de la jornada fueron los liberales flamencos del Open-VLD (8,9%), cuyo líder, Alexander De Croo, provocó el adelantamiento de las elecciones al abandonar por sorpresa la coalición dirigida por el democristiano Yves Leterme. A los liberales se sumaron los democristianos flamencos del CD&V, cuya presidenta, Marianne Thyssen, reconoció la derrota de su partido (12%), que en las últimas cuatro elecciones fue la primera fuerza de Flandes.

Secesionistas del Norte y socialistas del Sur serán los responsables de encauzar las negociaciones para la formación del gobierno, que se anuncian extraordinariamente difíciles, debido no sólo a la reivindicación flamenca, sino a las diferencias ideológicas que separan a ambos partidos.

Los flamencos exigen la descentralización del Estado, con la transferencia a las regiones de competencias intocables para la izquierda como la seguridad social. Además, la N-VA, con el apoyo de los demás partidos de Flandes, insiste en que se divida inmediatamente el distrito de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV) y se acabe con las ventajas lingüísticas que disfrutan los francohablantes que habitan en la periferia flamenca de Bruselas.

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