No nos referimos a las que llevan pacientes “a” terapia, sino que, siendo causal de quejas y denuncias, es el servicio mismo de ambulancias de la ciudad el que se encuentra “en” terapia, quizás no intensiva pero sí a las puertas.
Gustavo Rodríguez, titular de la Zona Sanitaria VIIIª, dialogó con N&P sobre la disponibilidad de equipos de traslado, y el rediseño para cubrir urgencias en el menor tiempo y con la mayor eficiencia posible.
Noticias & Protagonistas: Mar del Plata se ha extendido mucho, y da la sensación de que derivar toda urgencia al Hospital Regional es complicado por un tema de distancias. ¿Hará falta un nuevo diseño en la ciudad para atender mejor los accidentes?
Gustavo Rodríguez: Hace rato que trabajamos en esto. Creemos que el servicio que se ofrece hoy atiende lo mejor y lo más rápido que se puede, pero la idea es diagramar algo así como una primera y una segunda línea de respuesta, diferente a la actual y más efectiva. Es decir, que quien esté en la cabina recibiendo el llamado sepa que ante la posibilidad de una demora de diez o veinte minutos, tiene la posibilidad de recurrir a un muleto para cubrir el accidente con mayor prontitud. Esto hoy no lo tenemos, porque la ciudad se reparte entre la Provincia y empresas privadas; pero aspiramos a un sistema con compañías contratadas y con la Provincia como respaldo, sin reducir, sino ampliando la rotación en no menos del 40% del parque. Así, en caso de que la empresa no tenga respuesta, la Provincia suple el faltante. Es más cantidad, pero también una manera distinta de disponer de los vehículos.
N&P: ¿Y cuando se trate de un caso que requiera número elevado de unidades?
GR: Precisamente el equipo provincial estará atento a los accidentes de víctima múltiple o catástrofes. A algunos les puede sonar apocalíptico, pero viendo los medios y lo que pasa con el clima, bien se puede pensar que una lluvia fuerte, no sólo acá sino en muchos lugares de la Argentina, puede generar un número alto de evacuados. Si fueran cincuenta, cien, doscientos, no nos preocupa porque no altera el esquema. Pero si hubiera una sudestada con tornado habría que evacuar a mil o mil quinientos habitantes, y no sólo hasta que pare de llover. Para esto hace falta organización, gente capacitada, y en eso estamos trabajando con el Dr. Ferro y la Municipalidad. Queremos revitalizar el Comité de Contingencia para Catástrofes y armar un protocolo con dos o tres hipótesis para poder prevenir, y no llorar después por lo que ya haya ocurrido.
N&P: Volviendo al principio, ¿qué hacer con lo extenso de la geografía de nuestra ciudad?
GR: Estamos previendo cuál sería la alternativa. El Hospital Regional es la primera opción pero es cierto, a veces se complica el acceso, y además el parque automotor es muy grande, por lo que pensamos en el CEMA, que dicen que para fin de año lo tendremos a disposición. Es una salida siempre y cuando se haga una clasificación de los heridos; que los enfermos de mediana y baja complejidad vayan a un lugar, y los casos complicados o críticos vayan a otro. Porque para estos casos hace falta personal capacitado, cantidad de vehículos y eficiencia sin errores; no tiene sentido llevar un paciente crítico a un lugar donde no lo pueden recibir. No todo pasa por la cercanía, hay que tener en cuenta el equipamiento y la especialidad de los profesionales que van a atender la crisis.
N&P: La guardia de emergencia del Regional tiene fama de muy eficiente sobre todo en situaciones complejas. ¿Será posible pensar en otra sala similar en el Hospital Materno? Tiene una posición geográfica muy céntrica y con buenos accesos.
GR: Coincidimos todos en algo: las ambulancias no tienen que salir de una sola base, sino de puntos estratégicos de la ciudad. Pero además hay que preparar a la gente y en esto ya hay avances, incluyendo al Materno, con quienes, junto al EMDE, iniciaremos el 1 de junio una residencia en emergentología, con fuerte impronta en catástrofes y área pre hospitalaria.
N&P: Tenemos entendido que no es la única oferta para capacitarse…
GR: No, claro; esto forma parte de un proceso de capacitación del que estamos orgullosos. Hay un curso de Técnico Superior en emergencias médicas para no profesionales, una carrera de tres años destinado a ser paramédicos. Si bien la figura no existe en la provincia de Buenos Aires, permitirá profesionalizar a gente que está trabajando en el sistema, calificarse: alcanza a los ambulancieros, los choferes, los enfermeros, que ya hacen un trabajo concreto. Y en julio hay otro curso de emergencia para profesionales, también de tres años de duración, con cupo para sesenta personas, especializado en desastres y catástrofes, para jerarquizar a profesionales que actúan fuera y dentro del hospital y que hoy hacen de todo. Es necesario usar el mismo lenguaje, porque en el momento de decidir el tipo de tratamiento que requiere el accidentado, clasificar a dónde va y el tratamiento que se adopte, hay que estar bien capacitado y con el mismo manejo conceptual. La tecnología es importante, pero son como la flecha y el arco: lo más importante es el indio.
N&P: Los ambulancieros dicen que cada vez que hay que salir en emergencia es como jugarse un poco la vida porque no hay propensión en la gente que circula a dejar el paso. ¿Se trabajará sobre este tema?
GR: Desde luego que hay que concientizar a la sociedad, porque una ambulancia no tiene que ser un autito volcador, mucho menos en lo que llamamos “la hora de oro”: en lo hospitalario, lo más importante son los primeros diez minutos.
N&P: Habrá que desconcentrar y articular, entonces.
GR: Sí. La idea es que la única base que quede de respaldo seamos nosotros, pero que las ambulancias estén en puntos periféricos, o en uno central pero cubriendo el abanico de salidas, con puntos equidistantes entre una ambulancia y la otra. Hay que reformular el sistema de emergencias, porque esto tiene una enorme dosis de voluntarismo que ha mejorado mucho, pero la Provincia y el Municipio creen que no es lo que la ciudad necesita. Por eso vamos hacia algo más eficiente en la distribución de móviles y en capacitación del personal.
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