La Federación de Organizaciones No Gubernamentales de Tucumán expresó su preocupación por el avance de los cultivos de esa variedad de grano en nuestro país y alertó sobre las implicancias de su ingesta para la salud de la población. Piden etiquetar los productos que contengan fructosa elaborada con maíz transgénico.
Los ambientalistas Juan Manuel Prado Iratchet y Pedro Santiago Ottonello recordaron que ese tipo de cultivos han ocupado en la campaña 2010/2011 el 86 por ciento del área destinada a maíz.
Precisaron que las principales variedades de maíz transgénico conocidas como BT (resistentes a insectos lepidópteros) y TH (tolerantes a herbicidas), y sus combinaciones, son cultivos autorizados en Argentina, y en esta campaña 2011/2012 ocuparán unas 3.850.000 hectáreas.
A continuación, advirtieron que "el consumo de alimentos transgénicos en forma directa, es un peligro para la salud de la población, porque en general se desconoce el daño que puede provocar en el organismo humano la ingestión de genes agregados por ingeniería genética, con el fin de resistir plagas, heladas, etc.".
Sobre el mismo punto, destacaron que la permanente modificación de las semillas transgénicas que provee el mercado, el cual se encuentra en una constante búsqueda de nuevas variedades de maíz, que resulten más rendidoras por hectárea, o con mayor cantidad de proteínas, o con mejor tolerancia a plagas o heladas, impide conocer con certeza los daños que pueden provocar en el organismo humano.
"Cuando los científicos, después de largas investigaciones, logran advertir sobre los peligros que determinada variedad de maíz representa para la salud pública, el mercado ya ha reemplazado la variedad cuestionada, por una nueva que ofrece otras bondades, reiniciando el ciclo que finalmente llevará, después de un tiempo, a una conclusión tan riesgosa como la anterior", graficaron.
Los representantes de la FOANGT destacaron que una investigación de científicos de la Universidad Nacional de Córdoba advierte sobre el peligro que representan los cultivos transgénicos para la salud pública. "En tal sentido, afirman que, para producir semillas genéticamente modificadas, se emplean genes de bacterias resistentes a antibióticos como la penicilina y la ampicilina, ampliamente utilizados en medicina. El problema es que esa inmunidad se puede difundir entre los microbios, y hacer totalmente ineficaces el uso humano de los medicamentos", enfatizaron.
Por otro lado, plantearon que estudios realizados en Alemania "encontraron genes resistentes en el polen, y la Unión Europea prohibió el uso de este tipo de semillas transgénicas en 2004. La producción apícola chilena ha sido rechazada por la Unión Europea, al haber detectado genes resistentes en la miel enviada", agregaron.
La fructosa
Prado Iratchet y Ottonello recordaron que "la fructosa es un producto del maíz que, ante el arrollador avance del maíz transgénico, es elaborada en la actualidad con estos elementos genéticamente modificados. Si consideramos que la fructosa es el ingrediente endulzante en gran cantidad de productos alimenticios pre-elaborados o enlatados, en golosinas, en las principales gaseosas y refrescos en general, el consumo de estos alimentos o bebidas constituye una posible forma indirecta de ingerir los genes agregados al maíz por la ingeniería genética", alertaron. Frente a lo expuesto, solicitaron que "se reglamente el etiquetado de los productos de la cadena alimentaria que contengan fructosa elaborada con maíz transgénico, advirtiendo del riesgo a la salud humana que conlleva el consumo".
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