Ambicioso plan de Francia para salvar la industria del auto

Con créditos e incentivos busca modernizar el sector, que trabaja al 60% de su capacidad
Por Luisa Corradini |

PARIS.- La industria francesa del automóvil se encuentra en una encrucijada de vida o muerte. En un día simbólico para el sector, que estuvo dominado por la pérdida de 819 millones de euros sufrida por Peugeot en el primer semestre de este año, el gobierno socialista anunció un ambicioso plan destinado a modernizar el sector y prepararlo para los desafíos tecnológicos y ambientales del futuro.

Consciente de los peligros que amenazan el porvenir de las grandes firmas francesas, el gobierno desbloqueó 600 millones de euros en ayuda directa y anunció que está dispuesto a subvencionar con 7000 euros la compra de cada vehículo eléctrico o híbrido.

Pero esa promesa estará condicionada al mantenimiento de los actuales precios de venta y al compromiso de los industriales de mantener en el país los centros de investigación y desarrollo, y de "perennizar los sitios de producción". En sentido inverso, se penalizarán con una tasa de 100 a 400 euros los vehículos térmicos, según su nivel de emisiones de gas. También se abrirá una línea de créditos de 350 millones de euros para financiar "inversiones de futuro" y estimular a los constructores a innovar. El programa incluye una serie de ayudas a fabricantes de autopartes y distribuidores.

"Esas medidas son aplicables inmediatamente", declaró el ministro de Recuperación Productiva, Arnaud Montebourg, después de presentar su programa al gabinete. Gracias a esas subvenciones, el Renault Zoe -totalmente eléctrico- costará a partir de ahora 13.400 euros, un precio comparable al del Clio y el Peugeot 208.

A fin de estimular la producción de autos eléctricos, el gobierno lanzó un plan de 50 millones de euros para extender la red de estaciones de carga de baterías en 12 ciudades del país.

La "estrategia de musculación" de la industria del automóvil anunciada por Montebourg prevé otros 600 millones de euros para responder a las necesidades de financiación de las pymes del sector, en su mayor parte fabricantes de autopartes.

Ese plan traduce la inquietud que suscita la crisis que atraviesa ese sector de la industria francesa. En siete años, la producción cayó en casi el 40% al pasar de 3,2 millones de vehículos en 2004 a dos millones en 2011. Al mismo tiempo, el sector -incluyendo a contratistas- pasó de 496.000 a 382.000, lo que significó una pérdida de 115.000 empleos.

Nuevas plantas francesas -de todas las marcas- son deficitarias. Las fábricas francesas actualmente están al 60% de su capacidad, según la consultora Alix Partners.

Fue ese contexto que PSA Peugeot Citroën, primer fabricante de Francia, anunció recientemente el cierre de su planta de Aulnay, en las afueras de París, y la supresión de 8000 puestos de trabajo en todo el país.

Severamente afectada por la crisis, Peugeot además anunció ayer una pérdida de 819 millones de euros durante el primer semestre del año y amenazó implícitamente con cerrar otra planta. La empresa pidió una ayuda de 42 millones de dólares para mantener en actividad la fábrica de Sevelnord d'Hordain, donde trabajan 2800 personas. Al hacer el anuncio, Montebourg indicó que -según la empresa- ese programa de sostén le permitirá compensar la llamada "diferencia residual de competitividad" que existe entre Sevelnord y una planta española.

PSA reveló ayer un plan de ahorro de 1500 millones de euros que le permitirá equilibrar sus cuentas en 2015. Pese a sus esfuerzos, la agencia de calificación Fitch bajó la nota a largo plazo de la empresa a la categoría BB con perspectiva negativa.

El abrupto retroceso de ventas que afecta a la industria francesa aparece como el resultado de la crisis europea, que también penaliza a otros constructores. La producción del grupo Renault retrocedió 17,1% en los seis meses de 2012, el Grupo Fiat cayó en idéntica proporción y General Motors Europa se replegó 10,8%. Ford, que presentó ayer sus resultados del segundo trimestre, anunció un derrumbe de beneficios del 50%. Sus operaciones europeas provocó un repliegue de 19% y le harán perder 1000 millones de dólares a fin de año.

Industriales y analistas del sector acogieron con escaso entusiasmo el plan de Montebourg, cuyos resultados recién se verán a largo plazo. Aunque parece insuficiente, ese programa permitió comprender que el gobierno de François Hollande parece dispuesto a defender a cualquier precio la industria automotriz.

PARIS.- La industria francesa del automóvil se encuentra en una encrucijada de vida o muerte. En un día simbólico para el sector, que estuvo dominado por la pérdida de 819 millones de euros sufrida por Peugeot en el primer semestre de este año, el gobierno socialista anunció un ambicioso plan destinado a modernizar el sector y prepararlo para los desafíos tecnológicos y ambientales del futuro.

Consciente de los peligros que amenazan el porvenir de las grandes firmas francesas, el gobierno desbloqueó 600 millones de euros en ayuda directa y anunció que está dispuesto a subvencionar con 7000 euros la compra de cada vehículo eléctrico o híbrido.

Pero esa promesa estará condicionada al mantenimiento de los actuales precios de venta y al compromiso de los industriales de mantener en el país los centros de investigación y desarrollo, y de "perennizar los sitios de producción". En sentido inverso, se penalizarán con una tasa de 100 a 400 euros los vehículos térmicos, según su nivel de emisiones de gas. También se abrirá una línea de créditos de 350 millones de euros para financiar "inversiones de futuro" y estimular a los constructores a innovar. El programa incluye una serie de ayudas a fabricantes de autopartes y distribuidores.

"Esas medidas son aplicables inmediatamente", declaró el ministro de Recuperación Productiva, Arnaud Montebourg, después de presentar su programa al gabinete. Gracias a esas subvenciones, el Renault Zoe -totalmente eléctrico- costará a partir de ahora 13.400 euros, un precio comparable al del Clio y el Peugeot 208.

A fin de estimular la producción de autos eléctricos, el gobierno lanzó un plan de 50 millones de euros para extender la red de estaciones de carga de baterías en 12 ciudades del país.

La "estrategia de musculación" de la industria del automóvil anunciada por Montebourg prevé otros 600 millones de euros para responder a las necesidades de financiación de las pymes del sector, en su mayor parte fabricantes de autopartes.

Ese plan traduce la inquietud que suscita la crisis que atraviesa ese sector de la industria francesa. En siete años, la producción cayó en casi el 40% al pasar de 3,2 millones de vehículos en 2004 a dos millones en 2011. Al mismo tiempo, el sector -incluyendo a contratistas- pasó de 496.000 a 382.000, lo que significó una pérdida de 115.000 empleos.

Nuevas plantas francesas -de todas las marcas- son deficitarias. Las fábricas francesas actualmente están al 60% de su capacidad, según la consultora Alix Partners.

Fue ese contexto que PSA Peugeot Citroën, primer fabricante de Francia, anunció recientemente el cierre de su planta de Aulnay, en las afueras de París, y la supresión de 8000 puestos de trabajo en todo el país.

Severamente afectada por la crisis, Peugeot además anunció ayer una pérdida de 819 millones de euros durante el primer semestre del año y amenazó implícitamente con cerrar otra planta. La empresa pidió una ayuda de 42 millones de dólares para mantener en actividad la fábrica de Sevelnord d'Hordain, donde trabajan 2800 personas. Al hacer el anuncio, Montebourg indicó que -según la empresa- ese programa de sostén le permitirá compensar la llamada "diferencia residual de competitividad" que existe entre Sevelnord y una planta española.

PSA reveló ayer un plan de ahorro de 1500 millones de euros que le permitirá equilibrar sus cuentas en 2015. Pese a sus esfuerzos, la agencia de calificación Fitch bajó la nota a largo plazo de la empresa a la categoría BB con perspectiva negativa.

El abrupto retroceso de ventas que afecta a la industria francesa aparece como el resultado de la crisis europea, que también penaliza a otros constructores. La producción del grupo Renault retrocedió 17,1% en los seis meses de 2012, el Grupo Fiat cayó en idéntica proporción y General Motors Europa se replegó 10,8%. Ford, que presentó ayer sus resultados del segundo trimestre, anunció un derrumbe de beneficios del 50%. Sus operaciones europeas provocó un repliegue de 19% y le harán perder 1000 millones de dólares a fin de año.

Industriales y analistas del sector acogieron con escaso entusiasmo el plan de Montebourg, cuyos resultados recién se verán a largo plazo. Aunque parece insuficiente, ese programa permitió comprender que el gobierno de François Hollande parece dispuesto a defender a cualquier precio la industria automotriz..

Comentá la nota