Por: Fernando GonzalezSólo basta echarle una mirada a la edición de hoy de El Cronista para comprobar que Amado Boudou es el gran protagonista político de este tiempo.
Candidato a vice de Cristina; ministro de Economía que busca dejar a uno de los suyos en el cargo; polemista principal en el Congreso del Presupuesto 2012 ; orador de cierre en la asunción del nuevo titular de Smata, Ricardo Pignanelli e inesperado aspirante a la conducción del Partido Justicialista.
Multifacético y omnipresente. Boudou salta de la tribuna partidaria al escenario roquero para empuñar la guitarra e intenta aprovechar todas las variantes de la propaganda electoral. Y no le va mal, a juzgar por el resultado de las primarias y las encuestas previas al 23 de octubre. Para quienes miran más allá de la elección, es evidente que la estrategia K busca erigirlo como el rival de Daniel Scioli en la lejana batalla por la herencia política de la Presidenta.
Boudou puede disfrutar su momento y pensar en cómo prolongar su fortuna. Al fin y al cabo, la Argentina es el mismo país contradictorio que llevó en andas al radical Juan Sorrouille en 1985 y el que ovacionó al menemista Domingo Cavallo en los 90. Siempre son enriquecedoras las lecciones de la historia reciente.




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