El 60% de los alumnos mendocinos sufre violencia verbal en la escuela

Lo revela una encuesta del sector privado realizada a 9 mil estudiantes de entre 9 y 18 años. Las causas y la salida, según la mirada de un especialista.

Nada menos que 60% de los alumnos de escuelas primarias y secundarias de toda la provincia fue violentado cotidianamente a través de insultos, descalificaciones, gritos y calumnias por parte de sus pares. La mitad de esos casos termina en una gresca con algún herido como saldo, y obliga a retomar la vieja discusión sobre la violencia en la escuela –o fuera de ella– y de qué manera habrá que erradicarla.

El último caso resonante fue el de Macarena, de 18 años, alumna de una escuela de nivel medio de Guaymallén, quien quedó con el ojo morado por comportarse como "agrandada", según la conclusión de sus compañeras y agresoras.

En este caso, las agresiones verbales fueron previas y "nadie las vio o no las quiso ver, porque son invisibles o se las naturaliza, incluso, entre los chicos, que no se animan a denunciar lo que les pasa, porque están solos", según advierte el psicopedagogo y consultor internacional sobre violencia en la escuela, Alejandro Castro Santander.

El especialista, con un grupo de colaboradores, refleja este problema en una reciente encuesta que se realizó a más de 9.300 alumnos que tienen entre 9 y 18 años y van a escuelas privadas y públicas de toda la provincia. Allí, 60% de los consultados admitió sufrir violencia verbal; es decir, fue víctima de insultos, burlas, agresiones y amenazas. De ese porcentaje, 30% dijo que había sido agredido físicamente.

"No hay que alertarse con el contacto físico, sino que hay otras formas de violencia previa que se naturalizan en el aula. En la encuesta, casi todos los chicos no admitieron ser víctimas de violencia, pero cuando se les pregunta por hechos puntuales, te das cuenta de que sí lo fueron. Además, la gran mayoría admite que le teme a sus pares, sólo que no conecta su miedo con los actos que sufrió. Lo peor es que casi todos se sienten culpables de que eso pase", explica Castro Santander.

Según explica el profesional, hay distintos grados dentro de la violencia escolar: violencia física directa (golpes y portación de armas); indirecta (daño hacia objetos personales); verbal (calumnia y murmuración), y social (rechazo y ninguneo). "Para llegar a la física, lo más probable es que se pasó por las demás etapas, pero ni los docentes ni los padres estuvieron atentos a los síntomas", alerta.

Según el sondeo provincial, los episodios violentos se producen en igual medida en el recreo o en clase.

No importa que esté el docente enfrente. "Son formas invisibles o que pasan desapercibidas o se arreglan con un reto del maestro, pero el daño está hecho", apunta Castro. Ahora bien, ¿a quién acude el chico violentado? Según la encuesta, prácticamente a nadie. El 40% de los niños y jóvenes no lo dice. En una escala menor se lo cuentan a un amigo, luego a los padres y, en último lugar, a los docentes. A estos últimos, los hechos les llegan sólo en 10% de los casos. Los más pequeños son quienes conservan la comunicación con sus mayores.

"De más grandes, cuando van llegando a sexto grado, empieza a bajar la comunicación. Los adolescentes no creen que el adulto les resuelva el problema. Tienen miedo de que lo escrachen y quedar como un delator. Ocurre que, desde los 7 años, el chico no hablaba con sus papás. El chico estaba solo", explica. El estudio revela que no hay unpatrón común que defina el perfil del agresor o el agredido. "Antes se creía que la víctima tenía baja autoestima y que el agresor una autoestima muy alta. En la mayoría de los casos, es a la inversa. El inseguro intenta dominar al otro para subir su autoestima. Hay clases altas que discriminan con lo material, lo moral, pero también ocurre en lasclases más bajas", precisa.

¿Hay formas de detectar la violencia a tiempo, si es tan sutil? Es muy difícil reconocerla por el adulto. Tampoco los hacemos asertivos a los chicos para denunciar, porque hay un achatamiento en la convivencia escolar. El problema no sólo lo tiene la familia. Cuando un chico pasa a otra escuela, lo primero que se pregunta en este grupo es: ¿qué hago para que me acepten? Hay una norma implícita. La escuela tiene que formar grupos empáticos, asertivos, con comunicación activa, y estamos haciendo todo lo contrario. Lo hacemos en el secundario, y ya llegamos tarde. La idea es defender valores a través de normas hacer una propuesta educativa y formativa, pero durante la primaria.

Después, es tarde. ¿El docente está capacitado? No lo sé. Creo que se puede formar al docente en eso. Él tiene la obligación de denunciar ante la sola sospecha de maltrato, pero la naturaliza entre los chicos. Además, el docente es violento cuando hace abuso de autoridad, que no es lo mismo que poner límites. La violencia es un fenómeno biopsico-socio-cultural, económico y político.

Si lo queremos enfrentar, lo tenemos que hacer de muchos lugares, y a tiempo. La escuela es responsable si un niño entra feliz y sale infeliz de allí, porque este tiene daños psicológicos graves.

Este chico bajó su autoestima, le va a costar ponerse de novio, le va a costar entrar a un trabajo, no se sabe si será un acosador o sometido o intentará ayudar. Pero también tienen responsabilidad la familia y los medios.

¿Sirven los gabinetes psicopedagógicos para prevenir situaciones? Recién ahora estamos intentando atender mejor la gestión de la convivencia. Debería haber un departamento de prevención, de orientación, un programa de convivencia, pero en la primaria, y no como intenta hacer el Gobierno nacional, que es atacar el conflicto en la secundaria. Hay que trabajar con todos: alumnos, padres, profesionales y directivos. Sale más barato prevenir que curar. Eso está probado en todo el mundo.

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Espiritualidad

"Uno de los pilares de la resiliencia (hacerse más fuerte ante la adversidad) es la religiosidad, cualquiera sea. El hecho de creer en algo superior, alguien va más allá de uno, es vital.

Varios filósofos dicen que hay que creer en algo superior. Esto, conectado a la violencia, tiene sentido, pues las situaciones no son así nomás. Tenemos responsabilidades con el otro. Se perdió esa empatía, ponerse en el lugar del otro para sufrir con el otro y ver cómo me involucro con él. Hay una trampa en el concepto de autoestima. Yo no puedo estar bien con el otro si no estoy bien conmigo. El problema es que yo no soy sin el otro. El yo sin el tú es imposible. Si bien yo tengo que estar bien, ese estar bien es con el otro y a partir del otro. Mientras no termino de resolver mi autoestima, ¿qué hago con el otro? En realidad, yo soy más importante que vos, porque no me resuelvo.

La Biblia dice: 'Ámense los unos a los otros'. Este el drama humano y el desencuentro. Hoy, hay muchos funcionarios que gerencian la educación pero no se involucran de verdad".

Familia

"Hay que rescatar la familia. El padre le tiene que dar el límite al hijo, pero, como no quiere repetir la historia de sometimiento de cuando era chico, no pone normas y deja a sus hijos desarmados de límites. También está la culpa de no poder estar y se llena de cosas materiales, pero sin afecto, sin amor.

Creo que los padres están perdidos y, por eso, todo se arregla con la Playstation. Es más fácil. Nos puede pasar a todos. Las normas se construyen a partir del valor que se quiere proteger. No tenés que entrar en detalle con los hijos o alumnos. Hay que hablar del respeto y punto, no de no usar el celular en clase. En vez de prohibir correr, hay que defender el valor de la salud. Esto hay que hacerlo en el nivel inicial e incluir a la familia. Los chicos de hoy ya no tienen resiliencia, como antes, porque falta comunicación con los padres. Valores fuertes, límites claros".

Macarena, otro caso de maltrato "unisex"

Dijo Alejandro Castro Santander: "Macarena es la punta del iceberg de todo el maltrato psicológico que se vive en las escuelas y que no se detecta o no es denunciado por los chicos. El caso de que sea un conflicto entre mujeres se debe a que el género se ha vulgarizado.

Las mujeres atacaban desde lo verbal, históricamente. Hoy, la violencia es unisex. Con el tiempo se ha masculinizado la discusión entre mujeres. Es un asunto cultural y son hechos que los vamos a seguir viendo. Ella fue una víctima provocativa, es decir, sabiendo que tenía que saludar, no saludó. Transgredió las reglas, esto –está claro– según la lógica del grupo agresor".

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