Generalmente, estas madres precoces provienen de hogares humildes y de barrios periféricos.
“Me embaracé a los 16 años, iba a salir de quinto, pasar a sexto; dejé un tiempo la escuela, pero volví justamente por mi hijo”, señaló una adolescente que asiste todos los días a clases con sus libros, mochila y bebé. Ella forma parte del universo, según un relevamiento realizado por LA UNION, de las más de 300 alumnas catamarqueñas de primaria y secundaria que cursan sus estudios embarazadas o siendo madres jóvenes. De las cuales, la mayoría pertenece de Capital, aunque en las escuelas del interior provincial crece la cantidad de alumnas que terminan sus estudios primarios y /o secundarios siendo madres.
Al tener un hijo, no todas las adolescentes tienen la posibilidad de continuar con sus estudios, abandonan la escuela y se dedican tiempo completo a ser madres precoces. En la mayor parte de los casos, estas jóvenes deben elegir entre salir a trabajar para mantener a su hijo o seguir estudiando bajo la tutela de sus padres.
Se estima que 6 de cada 10 madres adolescentes abandonan la escuela. Sin embargo, muchas retoman sus estudios años después.
Generalmente, estas madres precoces provienen de hogares humildes y de barrios periféricos. Es por ello que en las escuelas ubicadas en los barrios periféricos, se observa mayor cantidad de alumnas con sus hijos en las aulas.
En algunos cursos, de diez alumnas, hay tres o cuatro que ya son madres o están embarazadas.
Para algunas autoridades educativas, este fenómeno es considerado como un problema de salud pública. Sin embargo, la falta de información y de educación sexual en las escuelas, en muchos casos llevan a las alumnas a quedar embarazas y convertirse en alumnas y madres.
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