Queridas compañeras, un puñado de sueños y recuerdos son estos sesenta años y Dios ha querido reunirnos para festejarlo.
A las ocho menos cuarto participaron del izamiento de la bandera y fueron recibidas por aplausos en el colegio, momento que fue muy emocionante. Después asistieron a una misa en la Catedral, luego volvieron al establecimiento educativo, donde descubrieron una placa y recordaron vivencias en las aulas. Además desayunaron en el centro y al mediodía almorzaron en Los Robles.
En 1952 terminaron la secundaria. Eran cuarenta y dos mujeres que egresaron con el título de maestras y cada una continuó con su camino. Pero sin embargo trataron de preservar el vínculo entre ellas. “Hace ya más de un año que nos reunimos todos los primeros viernes de mes, a las cinco de la tarde siempre en el mismo café del centro. Y así íbamos localizando a cada una, porque están todas dispersadas por el país, entonces nos costó”, contó Carmen Rosa Gatica. “Cuando nos reunimos para los 55 años habían fallecido una o dos, y en estos últimos años ya son diez las compañeras que no están”, dijo Elsa Benítez, apenada. De las treinta y dos, la mitad viven en la provincia, y las demás en distintas localidades. Para festejar el día especial pudieron reunirse quince. “Algunas no pudieron venir porque les cuesta movilizarse”, contaron.
“Cuando dos compañeros izaron la bandera nos emocionamos hasta las lágrimas, fue muy hermoso. Estaba toda la escuela formada y cuando entramos nos aplaudieron. Después recitamos una poesía de la Madre Teresa de Calcuta. Cerca de las diez de la mañana descubrimos una placa y pasamos a un aula, habían preparado todo para nosotras. Allí cada una contó anécdotas de su vida”, explicó Carmen.
Y aseguró que tiene miles de historias para contar y que los recuerdos están intactos. “En ese tiempo era todo muy serio. Una de las compañeras se había sacado el zapato, y las demás lo habían tirado al fondo y no se lo devolvían. Y estaba por llegar el profesor, y cuando entró recién ahí se lo dieron”, contó entre risas. “Cuando nos juntamos estos recuerdos se avivan y nos hace muy bien”, agregó. Todas coincidieron en que eran muy unidasy que pasaron unos años muy lindos, por eso continuaron juntándose y conservaron la amistad.
“Toda la vida han hecho que me pusieran en penitencia a mí, porque decían que yo era la que hacía las cosas. Todo lo malo que se hacía en la escuela la culpable era ‘La Benítez’, ¡eran terribles!”, explicó entre carcajadas Elsa. Mientras esperaban que llegaran todas las ex alumnas para acomodarse en la mesa para almorzar, las “chicas” se iban reconociendo, porque algunas no se veían desde el día en que egresaron. “Todavía no hemos podido hablar sobre los diferentes caminos que tomó cada una en la vida. Esas conversaciones más profundas no las hemos tenido, ya nos pondremos al día”, dijo Carmen.
“Venimos a festejar los sesenta años de egresadas, pero más que nada venimos a festejar que estamos vivas y que podemos seguir juntándonos y disfrutando de la vida”, explicó Elsa.
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