"La alumbrada", una costumbre que perdura en el tiempo

"La alumbrada", una costumbre que perdura en el tiempo
Entre las prácticas que hacen a la cultura santiagueña se encuentra la de “la alumbrada”, que consiste en recordar a los difuntos encendiendo una vela en su nicho en horarios nocturnos. La costumbre se conserva pero con ciertas modificaciones.
La cultura santiagueña se encuentra nutrida de numerosas prácticas sociales. El 1 y 2 de noviembre se conmemoran los días de los Santos y de los Fieles Difuntos, respectivamente. Dependiendo del sector de la ciudad en que se encuentren varían también los horarios en que la gente concurre a ellos para prender una vela, y llevar unas flores a sus seres queridos.

Los cementerios que se encuentran alejados de la ciudad son concurridos, en su mayoría, en horarios nocturnos. Muchos años atrás, y más que nada en el interior provincial, las personas cumplían con la mencionada práctica durante los primeros minutos del día, permaneciendo toda la noche rezando, limpiando los nichos, prendiendo velas, y cambiando el agua de las flores de algún florero improvisado.

Pasó el tiempo y las costumbres se modificaron. Hoy en día son pocos los que realizan esta vigilia para recodar a sus difuntos, y cambiaron la madrugada por la tarde y la noche. “La asistencia de casi la totalidad de las personas comienza a partir de las 5 o 6 de la tarde”, explicó Olga Peralta, administrativa del cementerio de Los Flores, ubicado en el sur de la ciudad.

Antonio Acuña, trabaja en el mismo cementerio desde hace casi 18 años y asegura que “la alumbrada” se fue modificando con el pasar del tiempo. “La gente ya no viene en horas de la madrugada. Prefiere hacerlo en horas de la tarde/noche, permaneciendo en el lugar hasta las doce de la noche o como máximo hasta la una de la mañana, siendo que cada 1 y 2 de noviembre el cementerio se encuentra abierto las 24 horas.”

Durante estos días se estima que más de 3 mil personas pasan por el cementerio, la mayoría en horario nocturno. Este gran movimiento también es aprovechado por los comerciantes y puesteros en la puerta del lugar, vendiendo desde velas y flores hasta comidas típicas y accesorios diversos. “Ante la gran cantidad de gente que hay en estos días, nosotros aprovechamos para venir y trabajar aquí vendiendo velitas, flores naturales y artificiales, rosarios, juguetes. Otros venden choripanes, sandwich de milanesa, empanadas, panchos, papas fritas y otras cosas”, explicó Rubén, vendedor de choripán, a Diario Panorama.

Los asistentes de los cementerios, personal administrativo y vendedores, aseguran que la costumbre de “la alumbrada” se modificó con el tiempo por diferentes causas. Entre ellas, por ejemplo, el calor. “Con el calor que hace a la mañana o a la siesta no viene nadie. Todos vienen cuando se oculta el sol y no hace tanto calor”, aseguró Rubén.

Otro de los posibles factores que modificaron la práctica es, probablemente, la falta de colectivos que se disponían a traer gente de los pueblos aledaños al cementerio. “Hace algunos años había un par de empresas privadas de colectivos que traían gente de diferentes lados. Hoy ya no existe ese servicio, entonces la gente no tiene más opción que trasladarse en horarios en que circule el transporte público o semipúblico”, comentó a Diario Panorama Doña Irma, quien vende ramos de claveles en la puerta de los cementerios desde hace muchos años.

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