En operativos conjuntos entre la Policía y el SENASA, se logró detectar el ingreso de la carne.
La causa principal sería el elevado costo de la carne, y en total, los secuestros alcanzan a 2.600 kilogramos de carne y unos 100 animales vivos entre equinos y bovinos. Las consecuencias de comer estos alimentos sin controles de saneamiento pueden causar graves enfermedades, epidemias y hasta la muerte.
Los datos surgen del trabajo que realiza periódicamente la Dirección de Abigeato de la Policía. Así, se destaca que la mayor cantidad de detecciones de ingreso de esta clase de carne se concretaron en los departamentos de Ancasti, Santa Rosa, La Paz, Capayán, Ambato y Andalgalá. Sumaron un total de 80 vacas y unos 15 caballos, además de otros animales como chinchillas y corzuelas.
En cuanto a la carne secuestrada, se contabilizaron unos 2.500 kilos durante los primeros meses de este año, que fueron llevados para su análisis al SENASA y luego destruidos en el horno digestor del Frigorífico Natilla.
"Ahí la carne no se quema. Se desnaturaliza colocándola a una temperatura de unos 200 grados", señaló el ingeniero Jorge Delgado desde el SENASA.
Como ejemplo del peligro sanitario que implica esta práctica, se comentó el caso de secuestro producido en la noche del jueves en Valle Viejo, donde un Ford Taunus trasladaba una vaca faenada (unos 180 kilogramos de carne) en el baúl "lleno de tierra" y otro trozo en los asientos traseros del vehículo.
Para cumplir con las normas, los animales deben tenerse en corrales autorizados y partir con la documentación correspondiente denominada Documento de Tránsito Animal (DTA), van hacia el matadero habilitado. Esto certifica básicamente que el animal no tiene enfermedades y que se cumplió con la cadena de frío.
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