Alternativas para sortear la crisis frutícola regional

Alternativas para sortear la crisis frutícola regional
Un documento de Fundación Mediterránea destaca la necesidad de modificar la actual estructura productiva del Valle en procura de aumentar los volúmenes cosechados y la proporción exportada por hectárea.
Mucho se habló en los últimos años de la pérdida de competitividad de la fruticultura regional.

La mayor parte de los especialistas del sector coincide en señalar que a esta situación se llegó luego de muchos años de continuos errores y fracasos en la actividad. Los argumentos, infinitos: falta de políticas sostenibles en el largo plazo, tipo de cambio poco competitivo, elevados costos de producción, baja calidad de la oferta, variedades que no requiere el mercado y poca productividad, entre otros.

Las frías estadísticas son tal vez la foto más palpable de este escenario. Naciones como Chile, Nueva Zelanda, Brasil y Sudáfrica, que hacia principios de los 50 ni figuraban como proveedores de peras y manzanas en el mercado internacional, hoy han desplazado a nuestro país en distintos puntos del mundo.

El principal competidor regional en el comercio de manzanas es Chile, seguido por Brasil. En los últimos años ambos registraron no sólo un crecimiento absoluto en el valor de sus exportaciones sino también en la participación relativa en el comercio.

En sólo un par de años Brasil triplicó sus exportaciones hasta alcanzar los 60 millones de dólares y Chile las duplicó hasta los 478 millones. Sudáfrica también aumentó el valor de sus envíos al exterior y su participación y se convirtió en un player importante en el mercado. Nueva Zelanda se ha mostrado estancada en valores absolutos y con una cuota decreciente en los últimos años. Sus elevados costos de mano de obra la han relegado del mercado. Sin embargo, con una política explícita del gobierno y el resto de los actores se ha orientado al desarrollo de variedades nuevas con marcado éxito. Argentina, por su parte, siguió perdiendo participación relativa en el comercio internacional en el último tiempo.

Si nos remontamos a un par de décadas atrás, los números comparativos que exhibe hoy el Valle resultan todavía más penosos.

Pero todavía hay posibilidades para cambiar. Estamos a tiempo y existen los recursos.

Un documento elaborado por el Ieral de Fundación Mediterránea –"Las cadenas de valor de manzanas, peras y limones en Argentina"(*)– ofrece una alternativa de reconversión que permitiría mejorar fuertemente los indicadores de desempeño del sistema que se ubican en la etapa primaria o de producción de pomáceas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

Las variables clave a modificar mencionadas en el trabajo son la baja densidad, la alta edad de las plantaciones y una obsoleta tecnología de producción. Todo ello genera una productividad deficiente y una excesiva cantidad de fruta de baja calidad y de variedades menos demandadas hoy por los mercados externos.

Eso implica ingresos muy inferiores para los productores y una importante merma en el empleo que generaría el empaque de esta fruta.

El trabajo plantea como objetivo que hacia la próxima década no queden establecimientos con plantaciones superiores a los 20 años, caracterizadas por la comunidad técnica como de obsolescencia productiva.

Las proyecciones computadas en el estudio se realizaron bajo supuestos que estiman un nivel potencial de producción, ingresos y empleo esperable para la región del Comahue en el 2020.

Sobre una producción comercializable de 1,439 millones de toneladas, la oferta en el 2020 alcanzaría los 1,759 millones de toneladas.

Esa variación puede parecer modesta para un período de diez años, pero el efecto más importante de esta simulación se relaciona con una destacada mejora entre la calidad de la fruta actual y la potencialmente esperada, lo que elevaría sobre todo la proporción destinada a exportación en lugar de la industria.

Como resultado de la comercialización de los volúmenes obtenidos en la simulación previa, los ingresos de la actividad aumentarían un 60% al pasar de 651 a 1.045 millones de dólares, a valores actuales de mercado.

Los 394 millones de dólares extras serían el resultado de 354 millones originados en mayores exportaciones de frutas frescas, 82 millones por nuevas ventas al mercado interno y una merma de 42 millones en los ingresos provenientes de la industria.

Estos últimos están constituidos principalmente por ventas de jugos concentrados al exterior, por lo que afectarían el componente de las exportaciones y deben ser neteados de éstas.

Las estimaciones, según remarca el estudio, son conservadoras al medir punto a punto lo que podría ocurrir diez años después del inicio de un cambio imprescindible que debería disparar un círculo virtuoso.

El crecimiento planteado en las exportaciones se ubicaría en el 69%, una meta acorde con la evolución que viene mostrando el mercado mundial de frutas.

Por otra parte, el incremento potencial en el empleo para el 2020 sería de 26.000 puestos de trabajo totales, cerca de 20.000 directos y el resto indirectos. Ello representa un incremento siete puntos superior al aumento del 22% estimado en la producción, lo que se explica por el mayor empleo que generaría el crecimiento del comercio de fruta en fresco frente a la industrialización en jugos.

Cabe destacar que, a diferencia de muchos sectores agrícolas, no es la industrialización de la producción primaria la que demanda mano de obra calificada sino que las tareas en las chacras con fruta de calidad y el empaque de la misma son los que generan la mayoría de los puestos de trabajo directos.

Factores para la reconversión

Desde el punto de vista de los recursos naturales de la región, el trabajo considera una reconversión de la producción sobre la base de utilizar la cantidad de hectáreas actualmente implantadas. Pero esto no tendría que realizarse en un 100% en esa misma superficie, dado que sigue existiendo una gran cantidad de tierras irrigadas que actualmente no tienen ningún aprovechamiento.

El esquema de reconversión de plantaciones es distinto según la especie. Tomando como base la actual área implantada:

• Peras, período 2011-2013: 12% anual; período 2013-2020: 5% anual

• Manzanas, período 2011-2013: 15% anual; período 2013-2020: 5,7 % anual.

Entre ambas especies se reconvierte por año el 13,8% de la actual área implantada durante el trienio 2011/2013. Desde entonces hasta el 2020 la tasa pasa al 5,4% anual. Por otra parte, la reconversión se plantea con una densidad de 1.500 árboles por hectárea.

En cuanto a los recursos humanos, la región cuenta con un buen número de profesionales en el agro y en la administración y obreros especializados en la actividad, aunque lo más probable es que sea necesario contar con más obreros provenientes de otras provincias.

El know how empresarial también es un activo registrado.

Fondos necesarios

En relación con los recursos de capital, la alternativa de reconversión implica replantar 6.700 hectáreas por año en el período 2011/2013 y otras 2.600 desde el 2014 hasta el 2020.

Sobre la base de trabajos técnicos del INTA y de otras consultas se considera un costo de implantación por hectárea de alrededor de 25.000 dólares, distribuidos durante cinco años. El mayor peso se da en el primero, en el que se planta, y en el tercero, en el que se introduce el sistema de riego para la defensa contra heladas.

La suma requerida que implica la proyección de reconversión de montes frutales, adicional a la inversión autónoma que ya se viene registrando, es de aproximadamente 600 millones de dólares para la década 2011-2020:

en los dos primeros años un promedio de 50 millones de dólares anuales, en los siguientes tres años de 95 millones y en los últimos cinco, de 42 millones de dólares.

Estos fondos pueden provenir de transferencias directas o surgir de una menor presión tributaria.

El estudio del Ieral considera revisar algunas de las cargas impositivas que soporta el sector y que se resumen a continuación.

• Entre el 2002 y el 2008 la exportación de frutas frescas tributaba por retenciones una tasa nominal del 10% y la de jugos, del 5%. Esto representaba anualmente para esta economía del Comahue alrededor de 50 millones de dólares. Desde el 2009 estas magnitudes se redujeron a la mitad, por lo que de proyectarse en la próxima década rondarían los 250 millones de dólares. Considerando estos cálculos, que son sólo orientativos, en principio el 42% de las necesidades de financiamiento extra sería pasible de ser cubierto con esos recursos que genera, remarca el estudio, la actividad. Para el faltante también interesa analizar otros egresos impuestos al sector. En Río Negro la fruticultura estuvo exenta por décadas del pago de Ingresos Brutos hasta el 2005; cabe preguntarse si sería conveniente restar esos recursos a la producción.

• También la Nación eliminó en el 2002 la desgravación del 50% que existía en el pago de las contribuciones patronales, fundamentada en la intención de fomentar el trabajo registrado. Si ello fue acertado en ese momento, convendría repensar si lo es en la actualidad.

Redirigir parte de los impuestos que tributa la actividad no es necesariamente la solución para conseguir los fondos adicionales que requiere la actividad.

Condiciones necesarias

Está claro que hoy existen problemas para los que debería haber respuestas inmediatas para la fruticultura regional. La crisis en la que se encuentra sumergida la actividad es realmente importante y no resulta viable un plan estratégico de mediano plazo sin tener en cuenta esto.

Uno de los presupuestos necesarios es la resolución de las condiciones macroeconómicas que afectan la rentabilidad de toda la actividad y que pueden tener graves consecuencias productivas hacia el 2011.

En línea con ello está la necesaria recuperación de la armonía interna del sector, continuamente sometido a pujas distributivas y con ausencia de acuerdos que hagan viable el negocio frutícola.

Sin esta premisa, no hay plan posible para aplicar en la región.

(*) Documento de trabajo

"Una Argentina competitiva, productiva y federal. Las cadenas de valor de manzanas, peras y limones en Argentina". Año 17. Edición Nº 110, septiembre del 2011. Ieral de Fundación Mediterránea.

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