A un chico menor de edad le dieron 100 pesos para ir a comprar comida a una rotisería y nunca más volvió. Una pareja de adolescentes de 14 y 16 años se rebelaron y abandonaron sus respectivas casas porque los padres de ambos se oponían a la relación.
En forma articulada junto a la dependencia policial trabajan la Justicia y el Servicio Local dependiente de la Municipalidad. El subcomisario Ariel Gallinotti y el comisario Miguel Reinsenahuer, a cargo de la oficina creada por el titular de la delegación, comisario mayor Gabriel D’Uva, detallaron a LA VERDAD que durante el año pasado investigaron alrededor de 100 búsquedas de personas (a un promedio de 8 por mes) que abandonaron sus casas por diversos motivos, y aclararon que el grueso de la estadística involucra a menores de edad.
Los jefes policiales revelaron que las cifras de 2011 respecto del año anterior tuvieron un crecimiento de entre el 12 y 15 por ciento y que la reincidencia -generalmente se da entre los adolescentes- también experimentó una suba.
A pesar de que hasta ahora las búsquedas arrojaron resultados favorables, el proceso de detección de la persona requiere de la utilización de numerosos medios para lograr la confección de un patrón de conducta que permita orientar la investigación.
“A pesar de que suene chocante un ‘Abandono o Fuga de Hogar’ se trata de una calificación legal. En este tipo de casos lo que nosotros hacemos es una búsqueda de personas que se van de la casa. Estos casos se dividen en tres estamentos: personas mayores, menores de edad y fugas de institutos. Acá en Junín tenemos Ferromed y el Centro de Contención donde hay chicos con salidas transitorias. También hemos tenido chicos que han estado cumpliendo alguna restricción y se van, aunque en todos los casos se encuentran. Muchos pertenecen a clase social baja; se trata de chicas o chicos que se van de sus casas y salen de Junín, terminando en Mar del Plata o Capital Federal. A partir de la denuncia nosotros empezamos a trabajar con distintos organismos: la Dirección de Personas desaparecidas, perteneciente a la Provincia de Buenos Aires, se solicita colaboración a todas las dependencias que tiene la Policía Bonaerense y a raíz de un convenio firmado por la Municipalidad con la Nación se confecciona un formulario con todas las características de la persona para que se inicie la búsqueda”, comenzó explicando Reinsenahuer.
Fuga: un llamado
de atención de
los menores
El trabajo de campo está a cargo de la Policía y en el arranque el primer paso es la familia: contención, entrevistas, consultas de datos e incluso, cuando son menores, recorridos junto a las autoridades por los lugares que el chico suele frecuentar.
Los jefes policiales coincidieron en que las causas de las fugas de los adolescentes nacen puertas adentro, en el seno familiar.
“El abandono de la casa se produce luego de un discusión con los padres o alguna situación conflictiva con algún hermano; una mala nota en el colegio y en el caso de las chicas un novio al que no dejan ver o entrar a la casa. También se dan circunstancias donde la madre está en pareja o juntada y el chico entra en conflicto con el hombre o el hombre no quiere a los hijos de su pareja, entonces los menores abandonan la casa”, ampliaron.
Pero además de enumerar ejemplos sobre cómo se generan esas situaciones, Reinsenaguer y Gallinotti remarcaron que este tipo de reacciones en los menores -también ocurre con los adultos- son llamados de atención. “Son chicos y chicas de 14 y 15 años que, a su manera, están diciendo que algo está mal para ellos y lo manifiestan sin palabras pero con actos de rebeldía”, comentaron.
A la hora de describir cómo empieza la búsqueda de un mayor los policías explicaron que en la causa del alejamiento está inmerso el lugar adonde puede ir la persona. “Si se trata de una mujer sola o con sus hijos en la mayoría de los casos hay una situación de violencia de género”, precisaron.
Sin embargo, las fugas de los adolescentes encierran una problemática mayor. “Uno de los más complejos involucró a una menor de Junín que estuvimos buscando en Mar del Plata y que se había ido con una joven mayor. Fue encontrada, pero hay que tener en cuenta que más allá del conflicto que pudo haber originado el abandono de la casa, a partir de que el chico sale de su techo está permanentemente en riesgo”, sostuvo el comisario Reinsenahuer.
Tras los rastros
“Los primero que hacemos al iniciar una búsqueda es formar los patrones de la persona. Porque cada una tiene uno y también los lugares que frecuenta. Además, ahora están las redes sociales, los mensajes de texto de los celulares; todo se analiza. Muchas veces la persona se va de la casa y queda dentro del ámbito de la ciudad, pero muchas otras se va a Capital o también a otra provincia porque tienen algún conocido o amigo a través de Facebook con el que acuerdan una cita en otra ciudad”, contaron los jefes policiales.
Uno de los casos más emblemáticos que les tocó investigar tuvo como protagonista a una mujer de Lincoln que se fue a Colombia después de conocer a un hombre por Facebook. “Era casada con problemas matrimoniales y se fue. Nosotros empezamos a trabajar con Migraciones y con la Embajada de Colombia, que prestaron colaboración y nos permitió ubicarla y seguir sus pasos. Finalmente volvió”, recordaron.
Claro que también se presentaron situaciones en la persona buscada -si se trata de un menor las autoridades están obligadas a trasladarlo a su domicilio- fue hallada pero se negaba a regresar.
“Cuando es así los pasos a seguir son la presentación ante la fiscalía, brindar su testimonio, fijar un domicilio y después, si se mantiene su decisión de estar fuera de su casa, la intervención sería de la Justicia Civil o un Tribunal de Familia, dándole contención en los casos de la existencia de un delito, como cuando hay una violencia de género”, añadieron.
El miedo a volver
En la misma línea puntualizaron que “muchas veces ocurre que la persona se va y no quiere volver por temor a la represalia, por lo que se da inicio a una causa penal. Cuando en el caso hay un menor, ni bien se tiene conocimiento de que se fue de la casa y se lo encuentra, se le da intervención al Servicio Local que, junto a los padres y una asistencia social, comienza a trabajar en el caso para evaluar la problemática existente en esa casa. El conflicto que deriva en la fuga de un menor casi siempre está en la casa, pero a partir de que el chico sale de su techo está en riesgo porque no se sabe por donde puede ir o con quien va a estar”.
El amor es más fuerte
Entre las historias de las guardan el recuerdo más fresco aparece una que involucra a dos chicos, uno de la localidad de Pasteur y una menor de Roberto, en el partido de Lincoln. Gallinotti y Reisenahuer contaron que dos adolescentes se habían enamoraron pero sus respectivos padres no aceptaban la relación. “Frente a la negativa los chicos se fueron juntos caminando por las vías del tren sin rumbo fijo. La cabeza de los menores se puede disparar en cualquier sentido y cuando un chico sale de la contención de su casa los riesgos son muchos. Por esos nosotros tenemos que poner en marcha una serie de diligencias que involucran a diversos organismos. Desde el análisis de redes sociales, entrevistas y toma de declaraciones hasta rastrillajes casa por casa, pedido de filmaciones de peajes o cámara de seguridad y controles en las estaciones de ómnibus. Se agotan todas las instancias utilizando los medios tecnológicos a nuestro alcance. Una búsqueda de personas o averiguación de paradero se investiga actualmente como si fuera el mayor caso policial. La tecnología ayuda, pero muchas veces la persona que está decidida a irse no deja ningún rastro, dejan el documento, el celular y se con lo puesto”.
Los reincidentes
y sus rutas
En el centenar de búsquedas registrado el año pasado que, junto a la Policía, intervinieron la Justicia, el Servicio Local y otros organismos, jugó un rol fundamental la base de datos confeccionados a partir de cada investigación.
De esa información surgen las estadística de reincidencia que, en el número general de casos, también exhibe un aumento respecto del período anterior.
Al respecto afirmaron que “hay chicos que se van de su casa hasta tres veces en el año. Las Fiestas se convierten, en mucha gente, en disparadores para tomar la decisión de irse, tanto en adultos, también ancianos que están solos y en los menores. Una vez tuvimos a un chico al que mandaron a comprar comida con 100 pesos y no volvió. Con ese dinero se tomó un colectivo y se fue. Como se trataba de un menor reincidente, ya conocíamos los patrones de conducta. Por ejemplo, en esos casos sabemos los lugares adonde pueden ir. Los problemas se presentan cuando no tenemos patrones, porque además hay chicos que salen a deriva, no van a la casa de ningún familiar o amigo y en cambio viajan a Capital”, un ámbito donde los peligros son mayores y obligan a profundizar el trabajo para hallar a la persona lo antes posible.
Los policías aclararon que aún peor es la situación del adolescente que abandona su hogar por violencia familiar o de género. “Es más difícil porque la o las personas que tienen que aportarnos datos sobre el menor es juntamente la que provocó la fuga del chico. A veces terminamos investigando a la familia para poder establecer el paradero hasta que alguno nos aporta la información que necesitamos”, señalaron.
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