Por Néstor O. ScibonaTardaron pero llegaron.
El repunte de las ventas no ha sido ciertamente extraordinario, salvo respecto de las caídas en los meses previos, pero al menos generó alivio en los mostradores comerciales y en sus cajas registradoras. Una prueba fue la mejora en las ventas de supermercados y shoppings. Otra, la suba en los volúmenes vendidos de productos de consumo masivo (alimentos, bebidas y artículos de higiene y tocador), que en julio resultaron 4% más altos que un año atrás.
Que muchos asalariados dejaran de pagar con los sueldos de 2011 los precios de 2012, estimuló además las compras con tarjeta en cuotas sin interés, en un intento de ganarle, o al menos empatarle, a la inflación. Claro que en ciertos rubros (como electrónicos, artefactos para el hogar, turismo o indumentaria) muchas ofertas ya tenían incorporados aumentos. De ahí que los montos de cada cuota fueran resaltados mucho más en los avisos que la letra chica de los precios de contado, que ahora están reacomodándose. Más atípico es que la mayor brecha cambiaria pudo haber contribuido a la demanda por partida doble: quienes disponían de pesos y evitaron pasarse al dólar blue, se refugiaron en la compra de bienes durables ante la falta de otras opciones de inversión. Con cuentagotas, hicieron otro tanto quienes atesoraron dólares y aprovecharon para cambiar menos billetes y pagar en pesos electrodomésticos o automotores -nacionales o importados-, con precios abaratados en términos de dólar paralelo. En otra escala, son aún más incipientes las inversiones inmobiliarias en pesos (con cuotas ajustables al costo), para adquirir propiedades en construcción o a estrenar. Sin embargo, estos movimientos no parecen haber alterado la tendencia general a conservar dólares, ante la incertidumbre sobre cómo y a qué precios reponerlos en el futuro. Sobre todo cuando la desaceleración de la economía no impidió que la inflación se mantenga en torno de 25% anual.
La tardía inyección de demanda sirvió para tonificar la producción de varios sectores tras un segundo trimestre negro. En este período, el PBI llegó al final del tobogán por el cual comenzó a deslizarse al promediar 2011, antes de las elecciones, el cepo cambiario y la proliferación de controles.
Ya es casi un lugar común entre los economistas independientes señalar que "lo peor quedó atrás" y que la segunda mitad de 2012 pinta mejor que la primera. Con todo, el pronóstico de la mayoría apunta a una suba del PBI del orden de 2/2.5%, muy alejada de las "tasas chinas" que caracterizaron a la gestión K. Esto obedece a que la actual recuperación resulta moderada: las caídas interanuales que registraban varios sectores (como la industria automotriz) se suavizaron a partir de junio y julio, mientras que los que se estancaron muestran leves alzas. De ahí que la mejor manera de medir su evolución sea comparar los indicadores (desestacionalizados) de cada mes con el inmediato anterior y no contra el mismo del año pasado. Esto puede llevar a conclusiones erróneas sobre caídas y repuntes, si se tiene en cuenta que el primer semestre de 2011 tuvo un alto crecimiento, que contrastó con la fuerte desaceleración del segundo.
Más allá de estas particularidades, las perspectivas para los próximos meses aún están lejos de generar optimismo en las oficinas de muchas empresas.
La inyección de consumo a través de los últimos aumentos salariales puede tener efectos más espasmódicos que duraderos. Si bien se acordaron ajustes del orden de 25% promedio en los convenios colectivos, una alta proporción prevé su aplicación trimestral o cuatrimestral en forma fraccionada hasta bien entrado el año 2013.
Mientras tanto, la "inflación de changuito" se mantiene firme. Según el relevamiento de precios que realiza esta columna en la misma sucursal porteña de una cadena líder de supermercados, el costo de una canasta fija de 30 productos de consumo masivo registró en los primeros ocho meses de este año un incremento de 25,3%, al pasar de 610,15 pesos en diciembre de 2011 a $ 757,50 a fin de este mes. Las alzas más importantes correspondieron a zapallitos (150%) y papas (112,2%), seguidos a distancia por café (50,5%); agua mineral (45,4%), gaseosas de primera marca (39,5%), yerba mate (37.5%), pan francés (32,6%), jamón cocido (28,5%) y leche para bebes (20,4%).
Con este cuadro, el poder adquisitivo de los sueldos más bajos va siendo erosionado por la inflación, mientras que el de los medios y altos se ve afectado además por el congelamiento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, algo que el Gobierno viene demorando, por lo menos, hasta que se defina la interna de la CGT. Otro tanto ocurre con el aumento de las asignaciones familiares, que podría ser precedido por el ajuste de la Asignación Universal por Hijo, invariable desde hace once meses.
Para 2013, las proyecciones de crecimiento de PBI de distintas consultoras privadas se abren en un abanico que, por ahora, va de 3% a 5%, según cómo impacten dos esperados factores externos reactivantes como el "efecto Brasil" y el "efecto soja", que se harán sentir a pleno entre fines de este año y mediados del próximo.
Aún así, el mayor contrapeso interno para una recuperación económica más sustentable está en el impulso a la oferta más que a la demanda. En los últimos cuatro trimestres, la inversión -principalmente privada- registró una caída equivalente a casi 4 puntos de PBI, o sea, casi la misma proporción que representa toda la inversión pública.
Quizás éste sea el indicador más elocuente de la desconfianza que generó en el sector privado el virtual cambio de política económica que Cristina Kirchner aplicó en los últimos diez meses, a través un fuerte viraje ideológico. Como un "shock" en cuotas, el Gobierno pasó de desconocer la inflación a realimentarla con el uso intensivo de la "maquinita" del Banco Central como caja extra. Del mercado único y libre, al cepo cambiario. De una economía relativamente abierta, a las trabas aleatorias y la sustitución forzada de importaciones. De los "aprietes" de Guillermo Moreno, a la intervención estatal planificada por Axel Kicillof. Del "capitalismo de amigos" a estatizaciones exprés, casi sin debate, avaladas por el Congreso que vuelve a actuar como una escribanía. Y cuya mayoría legislativa el oficialismo aspira a mantener o aumentar en 2013, para abrir paso a una reforma constitucional de inciertos alcances. Por si fuera poco, el jefe de Gabinete acaba de sostener que la Presidenta "no le echa a nadie la culpa de los problemas del país (.), ni deja de reconocer pactos (.), ni desconocer los problemas". Justo ante un auditorio empresario convocado para promover inversiones en el hiperregulado sector energético.



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