Lentamente la yerba de primeras marcas va apareciendo en las góndolas a 22 pesos el kilo. Azúcar, papel higiénico, rollos de cocina y mayonesa son otros productos que a veces se restringen. Los precios, con sistemático ajuste mensual.
El de la yerba es uno de los casos más emblemáticos, pues luego de una semana en que estuvo bastante complicado conseguirla en la ciudad -o bien racionada a razón de uno o dos paquetes por persona-, esta semana hubo cierto nivel de existencia de parte de los distribuidores que tenían temor con la aplicación de la Ley de Abastecimiento, sobre la cual advirtió finalmente la presidenta Cristina Fernández el jueves pasado. En el caso de primeras marcas los valores se encuentran a razón de 22 pesos el kilogramo, en tanto que algunas otras marcas de segundo orden oscilaban en los 17 pesos, tal como se consignó ayer en un informe de este Diario.
De todos modos, y aunque la yerba fue el emblema en cuanto a los aumentos de precios, los mismos se vienen notando en casi todos los rubros, incluso en algunos casos con cierta reticencia para lograr el necesario abastecimiento de las góndolas, como por ejemplo el papel higiénico y los rollos de papel para cocina, siendo también la mayonesa la que se entregaba en cantidades muy limitadas.
Con el aceite existe una situación bastante curiosa, que no es de ahora sino que viene desde hace mucho tiempo, pues a raíz de los convenios y subsidios del Gobierno, los precios están muy bajos, pudiéndose mencionar de tal modo que un aceite de primera marca como Cocinero (girasol) está la botella de litro y medio a 7 pesos. Menos, o igual que un café expreso en los bares de la ciudad, no existiendo equivalencia entre uno y otro producto.
El azúcar es otro de los productos esenciales de consumo hogareño que suele tener cierta inestabilidad en la oferta, pues más de una vez se ofrece con la advertencia de poder llevar sólo dos paquetes de un kilo por comprador.
Con muchos de los productos alimenticios cuyos precios están contenidos, ocurre un fenómeno que es bastante conocido, el de llevarlos a la frontera y venderlos en países limítrofes, en muchos casos a los "contrabandistas hormiga" que también hacen buenas ganancias, o bien cuando se tiene la facilidad para algún acceso y poder formalizar la venta en forma integral. El aceite, según se deja trascender, estaría dentro de esta variante, en virtud del bajo precio al que debe comercializarse en el país.
De todos modos, y aún con el panorama descripto, no existen mayores problemas en cuanto a la disponibilidad de poder comprar alimentos -tantos comestibles como bebidas- en cada uno de los rubros, en las góndolas de los comercios de la ciudad. Claro, los precios son otra historia, pues salvo algunos casos puntuales en que hubo desproporción en la suba, como la yerba por ejemplo, en todo el resto se mantuvo una sistemática suba mensual, lo que viene ocurriendo desde hace largo tiempo.

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