A sólo una semana de presentar su propia corriente peronista, Alicia Kirchner tendrá su primera incursión estrictamente política en el conurbano para blindar el liderazgo de su hermano Néstor. Como adelantó LA NACION, la ministra de Desarrollo Social acompañará hoy al ex presidente a un acto partidario en Esteban Echeverría y, por primera vez, se meterá de lleno en un encuentro territorial con caciques del sur del Gran Buenos Aires.
A tal punto llega la sospecha que un grupo de caciques ya está armando una suerte de "liga de intendentes" para enfrentarla. Alicia, sin embargo, hoy apelará a los gestos componedores, diferentes de los que repite con sus colaboradores. Ayer, uno de ellos lo dejó claro ante LA NACION: "Donde tengamos dudas, donde haya intendentes que jueguen en contra, nos vamos a meter". La congoja desvela a los caciques, que oscilan entre el pataleo y la resignación.
En el gobierno bonaerense también están preocupados: incomoda que se multipliquen los adversarios internos. Desde que Kirchner los habilitó ("siempre y cuando jueguen dentro del partido", suele decir), no pararon de sumarse dirigentes deseosos de poder: Sergio Massa, de Tigre; Pablo Bruera, de La Plata; Amado Boudou, ministro de Economía; Florencio Randazzo, ministro del Interior, y hasta intendentes con perfil más bajo, como Darío Giustozzi (Almirante Brown) y Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), quien ya se reunió tres veces con intendentes de su confianza, como Joaquín de la Torre (San Miguel) y Luis Acuña (Hurlingham). En uno de esos encuentros, sorpresivamente, apareció el ultrakirchnerista Mario Ishii.
En medio de la ebullición, el PJ bonaerense sigue sin conducción formal. Todos los intendentes intentan impedir que el jefe de la CGT, Hugo Moyano, sea el nuevo jefe provincial. Ya se lo dijeron a Kirchner, que anteayer coqueteó con el gremialista en los actos por la muerte de Evita. Los barones esperan definiciones. Aunque hoy, en Esteban Echeverría, sobreactúen el apoyo.











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