El gobernador envía señales de independencia, pero preserva su imagen que lo tiene como el dirigente más rentable desde lo político. Además, se cuida de no dinamitar todos los puentes que lo llevan a Rosada. La amenaza del desdoblamiento de las elecciones y el mar de fondo en el PJ
Si bien hoy, Daniel Scioli podría asegurarle el triunfo al justicialismo en la Provincia, ya que todos los sondeos lo posicionan muy arriba en los números, una de las cuestiones que preocupan desde las huestes de poder bonaerense remite a la situación económica.
Una ruptura política definitiva con el grupo K podría significar que el Ejecutivo nacional corte el envío de fondos, cuando se avecina una época complicada para la administración provincial ya que a fin de año debe pagar aguinaldos, y si hay algo no sobra en Buenos Aires son los recursos.
Ambos bandos van midiendo sus pasos y sus gestos. “No nos vamos a quedar con los brazos cruzados contra las agresiones, pero tampoco vamos a romper de la noche a la mañana, y que se nos complique la gestión”, dijeron operadores políticos cercanos al gobernador.
Además, los Kirchner tampoco quieren perder su mejor carta en la Provincia, como es la candidatura de Scioli, en momentos en que el matrimonio presidencial se encuentra en un claro declive político y territorial (varios grupos de intendentes de la primera y la tercera se van armando por afuera), a pesar que las encuestas los encuentren con buena medición.
No fue casualidad que uno de los hombres de extrema confianza de Daniel Scioli, como es el vicepresidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni, ayer también haya salido a desmentir los trascendidos, que hablaban de la posibilidad de que Scioli adelantara las elecciones en la Provincia, movida que hubiese significado un quiebre absoluto con el kirchnerismo.
“En la provincia de Buenos Aires, las elecciones a gobernador en 2011 son junto a las presidenciales. Esto categóricamente es así. Siempre ha sido así”, puntualizó Marangoni.
Movidas a diestra y siniestra, siempre observando de reojo hacia Olivos o a calle 6. Fichas que se mueven estirando el límite pero nunca transigiéndolo. Los K miden, pero en el territorio bonaerense el apoyo (salvo algunas espadas específicas de los Kirchner) público es para Scioli, no por total empatía por su gestión o su figura, sino por la amenaza que NK significa para sus cerrados polos de poder, con las colectoras, candidatos flotantes o la escalada de Hugo Moyano.
Resta un año para las elecciones. El enemigo de hoy es el aliado de mañana. Todos se cruzan pero rápidamente se abroquelan en sus trincheras reagrupando la tropa. Parece que la idea es que del desgaste, queden parados los mejores. O por lo menos queden vivos.



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