Algunas razones, Quiroga, y el MPN

Lo que mejor explica el actual escenario político es lo más obvio. No sólo hubo fuga de votos del MPN: también respaldos económicos. Quiroga estuvo seguro –lo decían las encuestas- de que podía ganar con o sin la UCR, y eso definió el nacimiento del nuevo partido.
La primera semana después de los comicios capitalinos en Neuquén mostró cuánto cuesta asumir la realidad, cuando esta no coincide con nuestros deseos. Analistas, políticos, sociólogos y demás integrantes de la fauna evaluadora se sumergieron en un espeso plasma de contradicciones, muy parecido al de quienes intentan explicar el triunfo de Cristina Fernández, a la que querrían derrotada y avergonzada por sus trapisondas económicas.

Un viejo electricista del siglo pasado solía aconsejar que frente a la falla del aparato eléctrico más complejo, siempre había que comenzar la inspección por lo más elemental: el enchufe. Proyectando este razonamiento de sentido común a la política, puede afirmarse que la primera razón por la que ganó Horacio Quiroga fue la decisión mayoritaria del electorado, asumida libre y concienzudamente.

Esta perspectiva simplona pero efectiva, nos indica también una característica que debe tomarse muy en cuenta: hace tiempo ya que en la democracia neuquina es más importante lo que pasa en el pueblo que lo que ocurre en el palacio. Está bien que así sea. Es un signo de madurez democrática desplazar el foco de atención de la obsesión por los dirigentes, para ponerlo en la masa popular que los sostiene.

Se entendería así que los dirigentes lo son de sus estructuras, de sus herramientas políticas, pero no de los ciudadanos. Los ciudadanos no son “dirigidos”, salvo en contadas y excepcionales ocasiones, que se dan muy de vez en cuando.

Sobre esta base, hay que decir que Quiroga hizo todo para ganar, y el resto hizo todo para perder.

La primera encuesta que hizo hacer el actual intendente electo, cuando apenas habían pasado días de la derrota oprobiosa en la interna radical frente a Martín Farizano, lo sorprendió: sacaba más de 20 puntos de distancia a cualquier eventual competidor. No solo eso: Le daba más o menos la misma diferencia acudiendo a las elecciones con o sin la UCR.

A partir de esa certeza estadística, que también palpaba en la calle, construyó partido propio, sumó dirigentes de experiencia, comenzó a eliminar de su discurso cualquier alusión a la coyuntura nacional para no caer en la trampa del kirchnerismo o anti-kirchnerismo, y elaboró una agenda de reuniones en casas o pequeños recintos que con el tiempo de campaña llegó a superar los 200 encuentros.

Quiroga se dio cuenta de una circunstancia extraordinaria: con la UCR, siempre había tenido problemas en generar aliados y respaldos ciudadanos extrapartidarios. Con su Nuevo Compromiso Neuquino, que terminó de patentar apenas un par de meses antes de los comicios, le era dado incorporar a cualquier filiación, cualquier vertiente ideológica. Se dio cuenta de lo que estuvo siempre en los genes del MPN, y que Elías Sapag ejemplificó con las matemáticas: suma y multiplicación, siempre, resta y división nunca.

Esa concepción, válida para la construcción, aunque no para el ejercicio concreto del poder, fue aplicada y desarrollada con éxito. Quiroga sumó voluntades peronistas, radicales, emepenistas, socialistas. Por sus gestiones anteriores y la coyuntura servida en bandeja por la gestión de Farizano, incorporó naturalmente a vastos sectores de la clase media cansados de la baja eficiencia y las abrumadoras muestras de infructuoso falso humanismo progresista.

En el camino, sumó también respaldos financieros para la campaña. Esto fue trascendente, y tal vez sea poco conocido. Pero hay que decir que en la caja del Tesoro de campaña de Horacio Quiroga hubo fondos –no se sabe cuántos, ni en qué proporción- provenientes de las arcas de financistas del MPN.

El partido provincial hizo la elección más cara de su historia: gastó en sí mismo, en otros partidos (no solo a Quiroga se respaldó) y obtuvo un pobre resultado…que algunos indican maquiavélicamente era el esperado.

Esto, y afirmar que al menos un sector tradicionalmente vinculado al poder político del partido provincial de los últimos años, apostó por Quiroga, es de Perogrullo. Como también lo es esperar que haya implicancias a futuro, de cuyas particularidades poco o nada podrá anticiparse, pero que deberían darse por seguras.

Es un aspecto ilustrativo, quizá, de la complejidad de la construcción política. Es obvio que la ambiciosa dirigencia del MPN pensó demasiado en el 2015 al abordar la trama, la arquitectura, de la campaña que pretendió entronizar a José Brillo.

En la semana que ha pasado, se escucharon algunas voces destempladas desparramando críticas, y hubo intentos de reuniones y reuniones efectivamente concretadas para hacer la catarsis de la propia culpa más que para cambiar efectivamente una forma de ser, un método, una idiosincrasia a la que el partido provincial está condenado, porque es fruto de sus propias entrañas y de su devenir histórico: El MPN, como una persona ya madura, está estructurado casi definitivamente, y cualquier cambio se tornaría casi en un pequeño milagro.

Así las cosas, se avizoran futuros inmediatos y mediatos: Quiroga persistirá con su NCN, que buscará extender a toda la provincia; la UCR buscará la manera de meterse en ese proceso, único camino más o menos viable que le queda por el momento; el PJ dejará pasar la relativa tormenta, mientras revisa y acomoda dirigentes en cargos provinciales y nacionales; y el MPN comenzará a medir en la conformación del renovado gobierno de Jorge Sapag su propio e inestable equilibrio interno.

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