Algo huele mal en Buenos Aires

Mientras el Gobierno de la Ciudad incumple con la Ley de Basura Cero, y la licitación para la recolección de residuos genera rechazo por el enorme gasto que implica, las calles están más sucias que nunca. La limpieza de la Ciudad está al tope de las preocupaciones de los porteños.
La Ciudad está sucia", se quejan los porteños. Bol­sas abiertas en las vere­das, papeles tirados y res­tos de material que terminan en las alcantarillas. Y esa percepción casi cotidiana repercute en las encues­tas. Según un estudio de la consul­tora TNS Gallup, casi ocho de cada diez porteños cree que Buenos Ai­res está "algo" o "muy sucia". El in­forme, realizado en marzo, tam­bién sostiene que los porteños son los que más sucia ven a su ciudad en toda la Argentina, superando la percepción de los bonaerenses y los habitantes de otras provincias.Por otra parte, el 25% de los en­cuestados cree que el principal res­ponsable es el gobierno porteño, mientras que en el Gran Buenos sólo el 14% culpa a sus autorida­des. Este dato sobre el rol de la ges­tión macrista en el tema será decisivo en las próximas semanas: la basura -un tema teñido por contratos mi­llonarios, por cuestiones políticas y por cierto desinterés por el Medio ambiente- se convertirá en uno de los ejes sobre los que debatirán los candidatos a jefe de Gobierno en la campaña de cara a las elecciones del 10 de julio. ¿Qué destino les darán a las 5.800 toneladas de residuos que producen los porteños por día?La gestión macrista intenta que el debate transcurra por el conforta­ble eje del nuevo y ambicioso ser­vicio de recolección que está lici­tando la Ciudad. Sin embargo, la contenerización para eliminar de las calles las bolsas y la separación de los residuos en los hogares no re­solverán el problema de fondo: en los últimos cuatro años, el macris­mo incumplió de manera casi gro­sera con el cronograma que marca la Ley de Basura Cero, una norma sancionada en 2005 que establece metas de reducción progresivas de la cantidad de residuos destinados a rellenos sanitarios, hasta llegar a la prohibición absoluta en 2020.La semana pasada se conoció un informe de la organización am­bientalista Greenpeace, elabora­do a partir de datos de la Ceamse, que indica que durante los primeros cuatro meses de este año, la basura que la ciudad de Buenos Aires en­vió a los rellenos del conurbano au­mentó un 13,23 por ciento respec­to de los mismos meses de 2010.El accionar del PRO convirtió una ley prometedora en una utopía. La pri­mera meta fijada para 2010 estable­cía una reducción del 30 por ciento respecto de la cantidad de basu­ra enviada a la Ceamse en 2004. Sin embargo, la Ciudad debió en­terrar 1.048.000 toneladas de ba­sura, pero envió a relleno más del doble, 2.110.122 toneladas. Esa ci­fra, según la evaluación de Green­peace, representó un aumento del 14,3 por ciento respecto de 2009. Una imagen permite tomar real di­mensión de esa cifra, que se desdi­buja en los números fríos: para re­colectar esas 2.110.122 toneladas de basura se necesitan una fila ida y vuelta de camiones Scorza (los que se usan para recolectar la basu­ra) de Buenos Aires a La Quiaca. En Greenpeace entienden que, de con­tinuar con este ritmo, la Ceamse po­dría colapsar el año que viene.

Hace unos meses, el macris­mo coqueteó con la posibilidad de implementar la incineración a pe­sar de que compite con el recicla­je y además está prohibida por la Ley de Basura Cero. Cecilia Bian­co, secretaria de la agrupación de ambientalistas Coalición Ciudada­na Anti Incineración, le envió al mi­nistro de Ambiente y Espacio Pú­blico porteño, Diego Santilli, una carta para expresar su preocupa­ción por la intención del Ejecuti­vo porteño de incluir la incinera­ción como alternativa de gestión de los residuos mediante la tecno­logía de arco o antorcha de plas­ma. "La ley incluye la prohibición a la incineración de residuos sólidos urbanos, ya sea en la ciudad o en otras jurisdicciones, por lo menos hasta que se reduzca en un 75% la cantidad de residuos sólidos ur­banos depositados en rellenos sa­nitarios", explica Bianco.

Como si fuera poco, los pro­blemas gremiales entre los traba­jadores de la recolección y las em­presas -en los que el macrismo se abstiene de intervenir porque pre­fiere culpar al sindicato de Ca­mioneros- derivan en paros que jaquean el servicio y dejan a la Ciu­dad minada de basura.

Una licitación para la próxima gestión

El gobierno porteño inició en abril el proceso para volver a lici­tar el servicio de recolección de re­siduos. Se trata del contrato de ges­tión más costoso de la ciudad de Buenos Aires: para este nuevo pe­ríodo plantea un gasto de $ 1.500 millones por año, un 8% del pre­supuesto porteño. Será por cua­tro años con uno más de gracia y las empresas involucradas son las que ya prestan servicio en la Capi­tal: Cliba, AESA, Nittida, Íntegra y Urbasur. Las empresas justifican se­mejante cifra en que será necesa­ria -en un plazo de seis meses- una fuerte inversión en equipamien­to de última tecnología, que inclu­ye contenedores de carga metálicos a pedal -independientes para dese­chos húmedos y secos- y camiones especiales para poder levantar en forma diferenciada los residuos.

¿Por qué es determinante esta licitación? Recolectar la basura en la Ciudad es un gran negocio. En los últimos cuatro años, las empresas prestadoras del servicio registraron utilidades de hasta el 21 por cien­to por año, cuando los cálculos ori­ginales preveían un lógico ocho por ciento anual. Ocurre que han sido beneficiadas con ocho redetermi­naciones de precios, al ritmo de dos por año. "El contrato actual es es­candaloso. Si comparamos el cos­to del servicio por habitante con otras ciudades del país observamos la confirmación de esta afirmación ya que el precio por habitante tripli­ca el de las ciudades de Santa Fe, Córdoba y Rosario. Mientras que la Ciudad gasta por habitante $ 448, el resto en promedio gasta $ 145. Es decir, tres veces más", analiza el legislador Martín Hourest, del blo­que Igualdad Social. "Hoy estamos en un estado de ilegalidad. No te­nemos contrato desde agosto y se renegocian las prórrogas constante­mente, es una virtual contratación directa", definió el legislador. Ade­más, calificó a la licitación como un "fracaso" porque se presentaron las mismas empresas que actualmente tienen a cargo la recolección: "Lo presentan como algo nuevo pero está condenado al fracaso, va a ser más de lo mismo".

Con la intención de que el con­trato más caro de la Ciudad se re­suelva de una manera transparente, la gestión macrista subió a Facebo­ok los pliegos de la licitación. Sin embargo, la poca difusión del tema o cierto desinterés generaron que sólo ocho porteños debatieran el tema desde abril en la red social.En pleno año electoral, en el PRO estiman que el resultado de la lici­tación se conocerá antes de fin de año, aunque supeditan ese plazo a que el PRO se imponga en las elec­ciones. En caso de que gane otro partido entienden que el trámi­te quedará avanzado pero dejarán que decida la próxima gestión.

La promesa del reciclaje

Participar del proceso de sepa­ración de la basura disminuiría drás­ticamente las toneladas de basura enterradas. Casi la mitad, el 44,62 por ciento de los residuos que ge­neran los porteños son materia or­gánica que puede ser tratada me­diante compostaje o biodigestión, y de esa manera producir energía y abono para la tierra. Pero ade­más, entre un 35 y un 40 por ciento de los materiales que desechan los porteños son reciclables, como pa­peles, cartón y metales. Esto implica que más del 80 por ciento de los re­siduos generados son recuperables a través de la separación en origen y el posterior reciclaje: en suma, se podría llevar un 80 por ciento me­nos de residuos en el corto y media­no plazo, lo cual extendería la vida útil del relleno y prevendría la emi­sión de más gases de efecto inver­nadero derivados del enterramien­to de materia orgánica. El presente del reciclado en la Ciudad depende exclusivamente del trabajo de los recu­peradores urbanos o cartoneros y del Centro Basura Cero (en Saladillo y Coronel Roca) y se practica con un apoyo mínimo del Estado. Iniciar el camino del recicla­je de la basura es un proyecto a lar­go plazo: 20 años le costó a Porto Alegre contar con una recolección selectiva de 100% de los residuos, pero hoy tiene 16 centros de clasi­ficación y además el compostaje de material orgánico, que hoy abarca el 10% de la basura que generan.

La deuda cultural

Las campañas de difusión y co­municación sobre el tema que di­señó el PROtambién están cues­tionadas. El vocero del Partido Iniciativa Verde y autor de la Ley de Basura Cero, Juan Manuel Velasco, cree que el macris­mo debería "Jugá Limpio" por otra que impulse a los vecinos a reciclar los residuos. "Jugá Limpio es parte de la política que fracasó", sostie­ne. Los especialistas creen que no hay licitación que pueda solucio­nar la cuestión cultural: para que el modelo de reciclaje funcione será necesario impulsar campañas de educación y difusión para que los vecinos interioricen la disposición diferenciada de los materiales hú­medos y se familiaricen con el nue­vo sistema de recolección. Com­prender, dicen, es sustancial para incorporar nuevos hábitos de con­ducta que ayuden a que la Ciudad esté más limpia.

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