Mientras el Gobierno de la Ciudad incumple con la Ley de Basura Cero, y la licitación para la recolección de residuos genera rechazo por el enorme gasto que implica, las calles están más sucias que nunca. La limpieza de la Ciudad está al tope de las preocupaciones de los porteños.
Hace unos meses, el macrismo coqueteó con la posibilidad de implementar la incineración a pesar de que compite con el reciclaje y además está prohibida por la Ley de Basura Cero. Cecilia Bianco, secretaria de la agrupación de ambientalistas Coalición Ciudadana Anti Incineración, le envió al ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Diego Santilli, una carta para expresar su preocupación por la intención del Ejecutivo porteño de incluir la incineración como alternativa de gestión de los residuos mediante la tecnología de arco o antorcha de plasma. "La ley incluye la prohibición a la incineración de residuos sólidos urbanos, ya sea en la ciudad o en otras jurisdicciones, por lo menos hasta que se reduzca en un 75% la cantidad de residuos sólidos urbanos depositados en rellenos sanitarios", explica Bianco.
Como si fuera poco, los problemas gremiales entre los trabajadores de la recolección y las empresas -en los que el macrismo se abstiene de intervenir porque prefiere culpar al sindicato de Camioneros- derivan en paros que jaquean el servicio y dejan a la Ciudad minada de basura.
Una licitación para la próxima gestión
El gobierno porteño inició en abril el proceso para volver a licitar el servicio de recolección de residuos. Se trata del contrato de gestión más costoso de la ciudad de Buenos Aires: para este nuevo período plantea un gasto de $ 1.500 millones por año, un 8% del presupuesto porteño. Será por cuatro años con uno más de gracia y las empresas involucradas son las que ya prestan servicio en la Capital: Cliba, AESA, Nittida, Íntegra y Urbasur. Las empresas justifican semejante cifra en que será necesaria -en un plazo de seis meses- una fuerte inversión en equipamiento de última tecnología, que incluye contenedores de carga metálicos a pedal -independientes para desechos húmedos y secos- y camiones especiales para poder levantar en forma diferenciada los residuos.
¿Por qué es determinante esta licitación? Recolectar la basura en la Ciudad es un gran negocio. En los últimos cuatro años, las empresas prestadoras del servicio registraron utilidades de hasta el 21 por ciento por año, cuando los cálculos originales preveían un lógico ocho por ciento anual. Ocurre que han sido beneficiadas con ocho redeterminaciones de precios, al ritmo de dos por año. "El contrato actual es escandaloso. Si comparamos el costo del servicio por habitante con otras ciudades del país observamos la confirmación de esta afirmación ya que el precio por habitante triplica el de las ciudades de Santa Fe, Córdoba y Rosario. Mientras que la Ciudad gasta por habitante $ 448, el resto en promedio gasta $ 145. Es decir, tres veces más", analiza el legislador Martín Hourest, del bloque Igualdad Social. "Hoy estamos en un estado de ilegalidad. No tenemos contrato desde agosto y se renegocian las prórrogas constantemente, es una virtual contratación directa", definió el legislador. Además, calificó a la licitación como un "fracaso" porque se presentaron las mismas empresas que actualmente tienen a cargo la recolección: "Lo presentan como algo nuevo pero está condenado al fracaso, va a ser más de lo mismo".
Con la intención de que el contrato más caro de la Ciudad se resuelva de una manera transparente, la gestión macrista subió a Facebook los pliegos de la licitación. Sin embargo, la poca difusión del tema o cierto desinterés generaron que sólo ocho porteños debatieran el tema desde abril en la red social.En pleno año electoral, en el PRO estiman que el resultado de la licitación se conocerá antes de fin de año, aunque supeditan ese plazo a que el PRO se imponga en las elecciones. En caso de que gane otro partido entienden que el trámite quedará avanzado pero dejarán que decida la próxima gestión.
La promesa del reciclaje
Participar del proceso de separación de la basura disminuiría drásticamente las toneladas de basura enterradas. Casi la mitad, el 44,62 por ciento de los residuos que generan los porteños son materia orgánica que puede ser tratada mediante compostaje o biodigestión, y de esa manera producir energía y abono para la tierra. Pero además, entre un 35 y un 40 por ciento de los materiales que desechan los porteños son reciclables, como papeles, cartón y metales. Esto implica que más del 80 por ciento de los residuos generados son recuperables a través de la separación en origen y el posterior reciclaje: en suma, se podría llevar un 80 por ciento menos de residuos en el corto y mediano plazo, lo cual extendería la vida útil del relleno y prevendría la emisión de más gases de efecto invernadero derivados del enterramiento de materia orgánica. El presente del reciclado en la Ciudad depende exclusivamente del trabajo de los recuperadores urbanos o cartoneros y del Centro Basura Cero (en Saladillo y Coronel Roca) y se practica con un apoyo mínimo del Estado. Iniciar el camino del reciclaje de la basura es un proyecto a largo plazo: 20 años le costó a Porto Alegre contar con una recolección selectiva de 100% de los residuos, pero hoy tiene 16 centros de clasificación y además el compostaje de material orgánico, que hoy abarca el 10% de la basura que generan.
La deuda cultural
Las campañas de difusión y comunicación sobre el tema que diseñó el PROtambién están cuestionadas. El vocero del Partido Iniciativa Verde y autor de la Ley de Basura Cero, Juan Manuel Velasco, cree que el macrismo debería "Jugá Limpio" por otra que impulse a los vecinos a reciclar los residuos. "Jugá Limpio es parte de la política que fracasó", sostiene. Los especialistas creen que no hay licitación que pueda solucionar la cuestión cultural: para que el modelo de reciclaje funcione será necesario impulsar campañas de educación y difusión para que los vecinos interioricen la disposición diferenciada de los materiales húmedos y se familiaricen con el nuevo sistema de recolección. Comprender, dicen, es sustancial para incorporar nuevos hábitos de conducta que ayuden a que la Ciudad esté más limpia.

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