Alfonsín: el sueño posible de la integración

Por: José Sarney.

Al cumplirse un año de la muerte del gran político, es imperioso recordar que el Mercosur no hubiera sido posible sin sus ideas y su empuje.

A un año del fallecimiento de Raúl Alfonsín, todavía me siento embargado por un doble sentimiento de pérdida: la del amigo y la del hombre de Estado. Alfonsín fue una de las mayores figuras humanas que conocí y fue también quien, con su valor, abrió el camino a la integración sudamericana. Todo lo que hicimos para revertir el proceso histórico de hostilidades entre Brasil y Argentina, transformándolo en un proceso de integración, no hubiera sido posible sin él. Tenía la visión continental, la firmeza de convicciones y la grandeza política para dar los pasos decisivos.

Alfonsín había asumido la presidencia de Argentina poco antes de que el destino me colocara en la presidencia de Brasil. Comenzó sanando las heridas que dividían a su país: procesó comandantes militares y nombró a Ernesto Sabato para la Comisión Nacional de Personas Desaparecidas.

Desde nuestro primer encuentro, en Iguazú, transformamos nuestra relación de jefes de Estado en una relación de amigos, que se prolongó a nuestras familias. Hombre con don de gentes y de extraordinaria cultura, cautivaba con su estilo ameno y cordial.

No dudó en visitar Itaipú -punto de conflicto entre brasileños y argentinos hace dos décadas- y, con ese simple gesto, enterró la discusión sobre los daños que la obra hidroeléctrica supuestamente iba a causar en Argentina. Pasado un tiempo me llevó a las instalaciones nucleares de Pilcaniyeu, a mí y a un equipo de científicos brasileños. Yo devolví el gesto invitándolo a inaugurar la usina de Aramar, en Brasil, donde habíamos desarrollado el proceso de enriquecimiento de uranio, y también abrimos sus puertas a los científicos argentinos.

Con sus virtudes, firmeza y autoridad moral, Alfonsín consolidó las instituciones argentinas y sus acciones fueron un ejemplo para toda América latina. El será siempre el paradigma del político honesto y de ideas de vanguardia. Junto con Julio María Sanguinetti, luchamos para reinstaurar la democracia en toda Sudamérica; así ocurrió y la idea generosa de integración que iniciamos es irreversible. Los desvíos de nuestro proyecto serán superados y nuestros hijos verán una América del Sur integrada política, física, económica y culturalmente. En ese momento, Raúl Alfonsín será recordado como el hombre que tornó ese sueño posible.

Y yo, que tuve la felicidad de tener una amistad profunda y duradera, uno de los orgullos de mi vida, lo recordaré siempre, con los ojos húmedos y dolor en el corazón, pero seguro de que su figura fue mayor que el tiempo que vivió.

Comentá la nota