Alfonsín, Binner y la teoría de las manos negras

Fernando Laborda

AUN cuando no estará dicha la última palabra hasta el 14 de junio, cuando vencerá el plazo para presentar alianzas en el orden nacional, la relación entre la UCR y el socialismo ha quedado en estado crítico .

Fueron demasiados los golpes que se prodigaron unos y otros en muy poco tiempo. Asimilar esas estocadas y recomponer la relación en tan poco tiempo será muy difícil.

La desconfianza entre radicales y socialistas viene desde hace tiempo. Comenzó a profundizarse cuando los operadores de Ricardo Alfonsín buscaron un acuerdo nacional con Hermes Binner antes de las recientes elecciones primarias abiertas de Santa Fe y se encontraron con una cerrada negativa. Todos supusieron que el gobernador de esta provincia especularía con el resultado de esos comicios para negociar desde una mejor posición. Y así ocurrió. Sólo que ahora la negociación podría quedar en la nada.

Un segundo síntoma de desconfianza fue el acercamiento de Alfonsín a Francisco de Narváez. La líder de GEN y aliada del socialismo, Margarita Stolbizer, fue clara al respecto: calificó a De Narváez como "la piedra en el zapato" para la construcción de un frente de centroizquierda con la UCR. Otro vocero del socialismo se preguntó por qué los radicales no plantearon la posibilidad de acordar con De Narváez hace tres meses.

El tercer elemento de distanciamiento fueron las declaraciones de Binner tras los comicios en su provincia, con las cuales blanqueó su deseo de ser candidato presidencial y rechazó de plano un acuerdo con De Narváez, aun cuando éste se limitara a la provincia de Buenos Aires.

Por último, la presencia de Binner en el acto de lanzamiento de la candidatura a gobernador cordobés de Luis Juez fue un golpe al hígado de los radicales. Juez venía criticando con extremada dureza a la UCR y ayer afirmó que Ricardo Alfonsín "no ha administrado ni un quiosco en la peatonal de Buenos Aires".

"Si Binner está planteando una alianza con un tipo que nos tilda de bandidos, no tenemos nada que hacer con Binner", señaló un dirigente histórico del radicalismo, poco antes de que, ayer, el senador radical Gerardo Morales anunciara que "el esquema Alfonsín-Binner está terminado".

El golpe de gracia a la alianza pareció darlo Binner cuando, al rechazar el diálogo con De Narváez, dio a entender que "para hacer lo mismo que se está haciendo ahora, que siga el kirchnerismo".

¿Qué hay detrás de este verdadero culebrón político? Ante todo, evidentes diferencias estratégicas: mientras Alfonsín insiste en que quiere ganar las elecciones y no liderar una fuerza testimonial, los socialistas no parecen convencidos de que, sumando a figuras no identificadas con el polo centroizquierdista, se puedan ganar los comicios.

¿Puede haber algo más? No lo sabemos, pero en este creciente juego de desconfianzas mutuas, la imaginación de los dirigentes no tiene límites. Así, para algunos radicales, estaría operando una "mano negra" del kirchnerismo que habría persuadido a los socialistas de que en el futuro podrían seguir gobernando Santa Fe con ayuda de Cristina Kirchner. Para ciertos socialistas, en tanto, los radicales se habrían dejado seducir por el poder económico de De Narváez.

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