Alem: de lo comercial a lo residencial

La convivencia entre quienes viven en la principal avenida y aquellos que tienen sus negocios presenta diferentes aristas. Muchos piensan que el futuro estará marcado por el comercio. De hecho, más de uno planea alquilar su casa para esa actividad.
En los últimos años, la avenida Alem cambió de manera notable. Mientras que hasta hace no demasiado tiempo las viviendas familiares eran enorme mayoría a lo largo del tramo que abarca las calles Alsina y Córdoba, la radicación de varios comercios, en especial gastronómicos, trajo modificaciones para quienes viven desde siempre en el sector.

Y las transformaciones continuarán, según lo expresan muchos vecinos, que creen que la avenida, bien avanzada su numeración, será en algunos años una extensión del centro comercial de la ciudad.

Los comerciantes radicados en el lugar coinciden: el destino de Alem estará signado por la instalación de locales para negocios.

Por ello algunos vecinos confiesan dudar entre vender o alquilar su propiedad, ya que esta última opción puede generar ingresos muy interesantes. Y ni hablar si se compara lo que puede valer un alquiler para comercio respecto de uno para vivienda.

En la actualidad conviven actividades de todo tipo. Desde kioscos, farmacias, tiendas de ropa y estaciones de servicio a clubes como Napostá y Liniers e incluso el boliche de Universitario.

Pero lo que se destaca, por la cantidad, son los locales de comidas: hay una creciente oferta de restaurantes, confiterías, heladerías y pubs, lo que garantiza una incensante actividad nocturna.

Ese suele ser el gran problema para muchos vecinos cercanos al Club Universitario, ya que de jueves a domingo la noche se vive de forma muy intensa, con principal epicentro en las últimas horas del sábado y las primeras del domingo.

Si bien la mayoría de los noctámbulos se comporta de manera tranquila, nunca faltan las peleas entre adolescentes de ambos sexos, la gente tirada en el piso luego de una borrachera, los ruidos de escapes de autos y toda clase de gritos. Esto, sin contar los amaneceres con un panorama callejero de restos de botellas y basura que quedan dispersos por ahí, en Alem, generalmente entre Santiago del Estero y Córdoba.

"El problema con la salida del boliche pasa por el consumo de alcohol. Desde mi casa no se escucha mucho, pero si salís a la puerta o mirás por la ventana te das cuenta que los chicos están muy tomados. El otro día se agarraron a trompadas unas mujeres en medio del playón universitario y fue un escándalo. Además, muchas terminan borrachas tiradas en la esquina", comenta Juan Calvari.

Agrega que, a pesar de la prohibición que existe para estacionar sobre la avenida, muchos automovilistas no hacen caso e incluso quienes circulan en motos suelen dejarlas sobre la vereda.

"He realizado denuncias a los inspectores municipales pero la verdad que la gente sigue estacionando en los mismos lugares", dice.

Este vecino cree que la zona estará destinada en un futuro, básicamente, a la instalación de pubs y boliches.

"Al que tiene una vivienda en el lugar le conviene alquilarla para la radicación de un comercio, se paga mucho más que por el alquiler de la vivienda. A mí me han hecho ofertas de ese tipo, incluso estoy estudiando una", comenta.

La misma percepción tiene Mauro Ceballos, quien trabaja en una peluquería.

"Esta zona va a ser plenamente comercial con el paso de los años. Ultimamente abrieron muchos negocios, principalmente dedicados a la gastronomía, pero quienes estamos en otros rubros también trabajamos bien", reconoce.

En cuanto a los problemas, menciona a la suciedad que queda luego de una noche de fin de semana o de una jornada universitaria.

"Encontramos muchas botellas rotas a la mañana. Y, además, no hay cestos de basura, por lo que incluso durante el día los chicos que asisten a la universidad no tienen dónde tirar los papeles y eso complica un poco el tema de la limpieza", comenta.

Diferente es el punto de vista de Oscar Domínguez. En la puerta de su casa un letrero anuncia la venta de la propiedad.

"No es que me quiera ir del lugar para escuchar menos ruido. Al contrario, no escucho nada y la zona es un buen lugar para vivir. En dos cuadras a la redonda tenés todos los negocios posibles y el movimiento que hay sirve para distraerse un poco", dice.

También señala que la construcción del bulevar que separa ambas vías de la avenida en la cuadra de la universidad fue un acierto. Considera que desde su instalación los accidentes se redujeron drásticamente.

Sin embargo, el movimiento que a unos les parece agradable a otros no los convence del todo.

"Yo no compraría una casa en el lugar, aunque en realidad son muy lindas. Pero estacionar en las inmediaciones suele ser un caos y los ruidos de la cuadra también resultan molestos", opina Regina Pietragalla.

Anabella Arauz, estudiante que reside a pocos metros de la avenida, piensa parecido.

"En la puerta de mi casa siempre hay autos estacionados y movimiento costante. Además durante las madrugadas salen muchos chicos gritando del boliche y eso interrumpe bastante el sueño", dice.

Lo mismo cree María Lidia Varela, quien vive a pocos metros del Club Liniers. "De tranquilo, el lugar no tiene nada. Hace 25 años que vivo acá y todo cambió muchísimo".

Varela indica que hay muchísimo tránsito, cada vez más comercios y mucha suciedad. Para ella, el problema más grave de la cuadra es la salida del boliche de Universitario, porque los chicos gritan y se escuchan escapes de autos y es generalmente la causa de conversación y protesta de varios vecinos.

Otro panorama. A la altura del 700 todo parece cambiar, tal vez sea el tramo con menor cantidad de comercios en la zona y las residencias aún ocupan la mayoría del espacio.

"Acá, en ese sentido, es tranquilo. Eso sí, muchas veces los autos pasan a gran velocidad y se producen choques, ya que esquinas como Salta y Caronti suelen ser el escenario de accidentes", comenta Norma Martín.

En dicho trayecto asoma la construcción de dos edificios que por su estructura se asemejan a oficinas comerciales.

"Creo que en Alem se van a instalar diferentes oficinas comerciales de empresas de medicina o seguros, ya que en la actualidad existe una gran cantidad", dice Martín Cantarelli, empresario gastronómico, y agrega que hay gente que piensa que por tener un negocio en el lugar, cualquiera se llena de plata, pero remarca que mantenerse durante varios años en una actividad así es bastante difícil.

"En estos años hubo muchos negocios que cerraron porque los costos de mantenimiento, como el alquiler, no son fáciles de afrontar, sobre todo cuando transcurre el invierno y la gente no sale demasiado. Además, me parece que el rubro gastronómico por estos lados está saturado", afirma.

Para Cantarelli, uno de los grandes problemas del sector es la recolección de residuos. Y sostiene que la convivencia con los vecinos es perfecta.

"Acá no tenemos problemas de gente que genere algún problema, porque la clientela en líneas generales es adulta", explica.

Similar es la sensación de una vecina de Alem al 100, que asegura que los comerciantes son respetuosos de quienes viven en el sector, aunque muchas veces los gritos de adolescentes durante las madrugadas son motivo de desvelo.

"También me parece una locura los ruidos que hacen algunos autos, que circulan con el escape libre y a mucha velocidad. Pareciera que corren carreras, hecho que, sumado al tránsito intenso, es un peligro", dice María de los Angeles Martínez.

Parecido piensa Susana Cuadrado, que cuando pasa por el sector suele escandalizarse con el ruido que genera el tránsito. De todos modos, le resulta agradable ver el florecimiento de nuevos sectores comerciales. "Le dan vida a la avenida", dice.

Antes, cuando no era así

Estas cuestiones eran inimaginables en otros tiempos en Alem. La avenida fue el paseo de los bahienses por excelencia desde los primeros años del siglo XX. Hasta ese entonces era una apacible zona de quintas, con cercos vivos de tamariscos y un ancho de calle mínimo.

Dos hechos modificaron sustancialmente su historia. La creación del Parque de Mayo en 1906 y la inauguración del Teatro Municipal en 1913, que generó otro punto de atracción para convertirla en lo que es en la actualidad.

En la década del '40 comenzaron a edificarse decenas de chalets y atractivas casas de estilo normando, tudor y colonial. En 1954, en tanto, el Instituto Tecnológico del Sur inició la construcción del edificio donde hoy se encuentra la Universidad Nacional del Sur.

Desde entonces hasta ahora, Alem fue perdiendo gran parte de su carácter residencial para pasar a concentrar a una gran cantidad de estudiantes y negocios. Todo, sin olvidar que es una vía de acceso a la ciudad, además de una llegada rápida al centro, lo cual aumenta notoriamente el caudal de tránsito.

De todas formas, todavía hoy, la "principal avenida" ofrece uno de los paisajes urbanos más bellos de Bahía Blanca.

Comentá la nota