Por Dante CaputoEl anuncio del Gobierno sobre Malvinas fue tratado en varios artículos, algunos escritos por especialistas en relaciones internacionales.
En una de las notas se sostiene que el Consejo de Seguridad no tomará cartas en el asunto porque hay otros temas graves en la agenda y porque el Reino Unido puede ejercer el derecho a veto. En el razonamiento se confunde ser oído por el Consejo con que el Consejo se aboque al tema.
Lo primero es habitual. Un país que cree que la acción de otro Estado pone en riesgo la paz y seguridad, se presenta ante el Consejo y expone su punto de vista. El trámite concluye allí y no hay consecuencias prácticas mayores.
Lo segundo es cuando el Consejo toma el tema. En ese caso, normalmente adoptará una serie de medidas que estarán contenidas en una resolución. En el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas se pueden ver las etapas que de allí en más suelen adoptarse. Sin embargo, no se debería olvidar que la práctica del Consejo es muy flexible en estas materias.
Este segundo paso, es extremadamente complejo, aquí funciona el veto y las consecuencias concretas pueden ser muy importantes.
La Cancillería argentina conoce bien esas dificultades –casi imposibilidades– y no es imaginable que recomiende a las autoridades políticas ese curso de acción. En efecto, en el anuncio de las medidas no se sugiere que se adoptará el segundo camino.
Por lo tanto se trata del primero: ser escuchado por el Consejo de Seguridad.
Todos debemos saber las consecuencias y no consecuencias de esa decisión. Incluidos los especialistas en el tema.

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