El rey Alberto II busca poner fin a la crisis política en Bélgica

Se reunió con los principales partidos para tratar de salvar al actual gobierno
BRUSELAS.- Un día después de la dimisión del primer ministro belga, Yves Leterme, el rey Alberto II inició ayer conversaciones con las principales fuerzas políticas del país, con el fin de salvar al gobierno y evitar una nueva crisis que podría dañar la frágil economía y la posición de Bélgica en Europa.

Anteayer, la partida de los flamencos liberales de la coalición mayoritaria precipitó la renuncia del gobierno de Leterme, que llevaba únicamente cinco meses en el poder, a raíz de un nuevo conflicto lingüístico entre francófonos y flamencos, las dos principales comunidades belgas.

Con la esperanza de hallar una solución que evite una nueva parálisis política de consecuencias imprevisibles, el rey Alberto II dejó en el aire su decisión de aceptar o no la dimisión del premier e intensificó sus gestiones para tratar de salvar al gobierno.

Por su parte, el partido liberal flamenco Open VLD, que provocó la nueva crisis institucional al retirarse de la coalición gubernamental, dejó entrever ayer la posibilidad de una recomposición de las relaciones, siempre y cuando se cumplieran sus exigencias, en unos plazos muy ajustados.

"Si los que causaron la ruptura de la confianza hacen un esfuerzo, podemos evaluar nuevamente la situación", afirmó el jefe de los liberales flamencos, Alexander De Croo, tras plantear una suerte de ultimátum para la resolución del contencioso sobre la periferia de Bruselas.

La fecha límite para cerrar un acuerdo sería el próximo jueves, cuando se vuelva a reunir el Parlamento. Si para entonces no se ha encontrado una solución, el Open VLD y otros partidos flamencos podrían forzar un voto en el recinto sobre el problema lingüístico de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV).

Ese es el escenario que tratan de evitar el rey Alberto II y el resto de las fuerzas de gobierno, ya que la polémica votación podría provocar una ruptura sin precedentes entre las dos comunidades.

Las fuerzas neerlandófonas, de actuar unidas, cuentan con capacidad suficiente para aprobar la escisión a efectos electorales y judiciales de las poblaciones de Halle y Vilvoorde, de la bilingüe región de Bruselas.

Las dos ciudades, situadas en Flandes pero en las que residen una mayoría de francófonos, viven en una situación anómala desde que se fijó la frontera lingüística del país y su escisión cuenta con el respaldo del Tribunal Constitucional.

Sin embargo, esto despojaría a miles de francófonos de derechos básicos, como el de poder votar por listas francófonas y ser juzgados en su lengua materna.

Escenarios posibles

La línea dura adoptada por los liberales flamencos ha supuesto un vuelco en la situación política del país y ha dejado al ejecutivo en una posición prácticamente insostenible.

Si las principales fuerzas políticas del país no logran un acuerdo, el rey podría forzar a Leterme a continuar; nombrar un "mediador" para intentar formar un nuevo ejecutivo, o bien convocar a elecciones anticipadas dentro de los próximos 40 días.

Los plazos, en cualquier caso, son extremadamente limitados, ya que el Parlamento debe decidir pasado mañana si inscribe o no en el orden del día de su sesión la votación sobre BHV.

A raíz de esta nueva crisis gubernamental, el fantasma de la escisión vuelve a planear sobre el reino de 10,5 millones de habitantes.

"¿Tiene aún sentido este país?", se preguntaba ayer el diario francófono Le Soir, en la portada de un especial sobre la fractura del Ejecutivo. "Habría que pasar a otra cosa y asumir" el fracaso del reino fundado en 1830, opinó. Menos dramática, la prensa flamenca saludó la decisión del Open VLD de salirse del gobierno de coalición para dejar así en evidencia "la impotencia de la política belga".

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