Ajustes y contracaras

La sequía, de ideas, dominó la escena en los últimos días. Dirigentes ruralistas, sus aliados de la oposición y algunos medios aprovecharon la falta de lluvias para renovar sus embestidas contra las políticas del Gobierno. L

os dueños de campos se quejaron por la falta de agua, las pérdidas irreparables en ganado y soja y de paso reiteraron el pedido de ponerle fin a las retenciones que afectan sus jugosas ganancias por exportaciones. La Nación recibió fuerte embates por su “inacción”, pese a que los especialistas aseguran que la situación no fue tan dramática como la de 2008. Sin embargo, los ruralistas aprovecharon para meter viejas cuñas y potenciaron la sequía hasta límites insospechados. Una foto, que ni siquiera sería actual, de las mismas diez vacas muertas, dramatizó titulares de diarios de distintas provincias y en cada epígrafe, se hablaba de una desesperante situación de sus campos. La estrategia contó con una amplia cobertura mediática, que se repitió ad eternum en canales de televisión y sitios de internet.

La sequía no importa mucho en realidad, para los grandes actores del sector rural, que tienen acopiadas miles de toneladas de granos y miles de cabezas de ganado. En última instancia, quienes necesitan un respaldo mayor son los pequeños, que tienen menos espalda para aguantar una crisis.

Pero la idea de presentar a todos por igual, evoca a la puja por las retenciones, que logró juntar al pequeño productor con el dueño de miles de hectáreas. No son lo mismo y el Gobierno ahora lo tiene claro. Si hay ayuda, será para quienes demuestren realmente haber sido afectados.

La Presidenta, quien se recupera de su operación, sigue de cerca la situación desde la residencia de Olivos, ya que no fue a El Calafate a descansar. El Ejecutivo está a cargo de Amado Boudou, pero todo es monitoreado por la Jefa de Estado.

La sintonía fina está en marcha y no se quiere dejar nada librado al azar. Son tiempos difíciles en los que no solo hay que pensar en sostener el desarrollo interno, sino en las consecuencias de la crisis que padece la vieja Europa y Estados Unidos, que debe aumentar el techo constitucional al endeudamiento para cumplir con sus obligaciones. Hasta ahora el país ha eludido los efectos de la crisis, pero la luz de alarma lejos está de apagarse.

Argentina, en estos años, ha logrado tener el nivel de pobreza más bajo de Latinoamérica según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Llamativamente, los mayores conflictos económicos se dan en los países que más han luchado contra la pobreza. Argentina es uno. Venezuela es el segundo país de América Latina donde más se ha reducido la pobreza en los últimos 12 años, detrás de Ecuador, que entre 1991 y 2010 la redujo en 26,4%. Sus presidentes son duramente cuestionados por editoriales y grupos de poder.

Pero han logrado esos indicadores por dejar de seguir recomendaciones de los gurúes financieros y por darle la espalda a los dictados del Fondo Monetario Internacional. No estar encorsetado en las rígidas normas de los “mercados” permitió desarrollar las economías de esos países y mejorar la situación de sus habitantes. Pero cualquier impacto internacional incidirá en los sectores de más bajos recursos. Por eso, en Argentina, por ejemplo, se revisan subsidios y los beneficios extraordinarios de algunos sectores.

La sintonía fina, entendida por los críticos como ajuste, pretende cuidar los gastos del Estado para no tener que ajustar nuevamente sobre quienes menos tienen, receta remanida y usada a piacere por los mandamás europeos y el mismo Obama. Eso afecta intereses que no están dispuestos a perder privilegios sin pataleos.

Pasó en Buenos Aires con el aumentazo que aplicó Mauricio Macri a las tarifas de los subtes para no hacerse cargo de los costos que implican hacerse cargo del servicio que, paradójicamente, reclamaba para sí. El intendente porteño, quien vino el jueves a Misiones reunirse con Ramón Puerta, hasta ahora obvió cualquier explicación del aumento y sólo sus funcionarios salieron a hablar de las subas con vagas explicaciones.

Pasa lo mismo con los empresarios del Sistema Integrado del Transporte Urbano en Posadas, Garupá y Candelaria, que pretenden imponer un boletazo, con una suba del 50 por ciento en los valores actuales. El argumento es que no cubren sus costos y que pierden hasta dos pesos por pasajero que transportan.

Lo llamativo es que hace dos meses tuvieron el último aumento y la inflación -incluso la medida por consultoras privadas- no superó en el año, el 30 por ciento.

Está claro que algunos sectores empresarios pretende mantener inmunes sus ganancias, a costa de los pasajeros, que en ningún caso tuvieron incrementos salariales similares. Del lado de los usuarios, las quejas son idénticas a cuando se aplicaron aumentos anteriores: el servicio no mejora, no se cumplen los horarios y tampoco hay nuevas unidades, prometidas en negociaciones previas.

Hasta ahora, en el Gobierno prefirieron no emitir opinión sobre el reclamo empresario y solo la Defensoría del Pueblo y algunos concejales se expresaron en contra. La semana que viene se definirá si tiene viabilidad el planteo del grupo que maneja el transporte en el gran centro urbano o si se autorizan incrementos menores.

“Nosotros no vamos a ajustar ni a aflojar”. Las palabras del gobernador Maurice Closs reflejan un estado de situación. Un estado de situación derivado de la idea de recaudar primero y gastar después. Eso permite que las decisiones políticas sean ejecutadas y no queden en simples devaneos.

Así, Misiones se transformó en un extraño oasis. Mientras otros gobernadores ajustan, recortan gastos sociales o pasan a disponibilidad a empleados públicos, aquí Closs anunció que se elevará este mes el sueldo mínimo a 2.300 pesos, se cancelarán deudas por planillas suplementarias a docentes y se trabaja en poner fin paulatinamente a los topes de las jubilaciones que están dentro de la ley de emergencia previsional.

Aflojar, la otra palabra utilizada por el gobernador, hace referencia a lo primero. Para no ajustar, hace falta no aflojar. Elevar salarios o cumplir con deudas es un deber del Estado, pero no el único, ni el más importante, aunque sea la obsesión de dirigentes de la oposición.

Las prioridades claramente son otras y los frutos se perciben con una provincia en crecimiento, que se convirtió en un buen imán para inversiones y que, en algo inédito, atrae hasta jóvenes europeos desahuciados por la crisis que vive el viejo continente y se ofrecen para trabajar en el dinámico sector turístico, que crece por encima de las tasas promedio del país.

El escenario de Misiones se contrapone, como nunca, al de otras provincias. Casi una decena anunció recortes de gastos o salarios estatales congelados para este 2012, lo que generó no pocos conflictos en cada estado. La deuda pública es una de las excusas, pero también tiene que ver bastante la imprevisión. En tiempos de vacas gordas, hay que saber cuidar el rodeo para no ser sorprendidos.

La Nación giró fondos récord a las provincias durante los últimos años y la obra pública fue clave para sostener el ritmo de empleo. Algunas, como Misiones, aprovecharon el envión. Otras gastaron a cuenta.

La producción es uno de los pilares de la economía misionera y va camino a cubrir paulatinamente las necesidades de la población en materia de alimentos.

Por eso causó mucha preocupación la feroz sequía que afectó a algunas zonas de la provincia, como Andresito, donde no llovió por casi dos meses. El alivio llegó el viernes, aunque algunas plantaciones ya hayan sufrido pérdidas irreparables. De todas maneras, está a la firma una declaración de emergencia agropecuaria, que servirá para pedir ayuda a la Nación. Es un requisito pedido por Agricultura para liberar subsidios, ante cuestiones puntuales.

El estado actual obedece a una línea trazada en 2003, cuando comenzó un proceso que fue ratificado y corregido por la misma sociedad. Es un proceso que creció en paralelo al modelo nacional que también rinde frutos.

Hace pocos días, el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, mentor de este proceso junto a Closs, precisó que “nuestra economía va a permitir a las nuevas generaciones un lugar, una posibilidad, una oportunidad. En un tiempo que sea más rico en innovación, en pensamientos proactivos, desde la infraestructura, la autosuficiencia de alimentos, bienes educativos, productivos, la seguridad social, el empleo, la educación, la salud”.

Claramente, no es el mismo panorama que el que viven hoy los países del otrora primer mundo, con alto desempleo y recesión, donde el costo está siendo pagado nuevamente por sus sociedades, mientras que los responsables de las crisis miran para otro lado.

Comentá la nota