Más aislada, Merkel defiende los ajustes

Ratificó que es la única salida a la debacle, tras los crecientes cuestionamientos a las recetas de austeridad y al pacto fiscal de la UE

BERLIN.- Mientras en Europa se empiezan a cuestionar cada vez más los postulados alemanes sobre la austeridad, Angela Merkel ratificó ayer que no hay otra alternativa para salir de la crisis. Pero los cambios políticos en el Viejo Continente preocupan a Berlín, donde también entre las filas del gobierno crece el miedo a que la canciller se quede aislada en su defensa del rigor y la disciplina presupuestaria.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones francesas y la caída del gobierno holandés acrecentaron los temores de los mercados a que se empiece a desmoronar el pacto fiscal acordado por los líderes de la Unión Europea (UE) meses atrás.

"Quiero decirlo claramente: el ahorro no va a solucionar todos los problemas, pero si en casa uno quiere organizar una vida tolerable, tiene que empezar por aprender a vivir con lo que se gana", dijo ayer Merkel, en una enérgica defensa de las políticas de austeridad.

El pacto fiscal impulsado por Merkel es cada vez más cuestionado, e incluso el favorito a ganar las elecciones en Francia, el socialista François Hollande, advirtió ayer que va a "renegociar" con la canciller los términos del tratado.

"La canciller es muy resistente a las presiones", respondió Peter Altmaier, líder parlamentario de los cristianos demócratas (CDU) y muy cercano a la canciller. La caída del gobierno holandés y las elecciones francesas "no cambian el hecho de que en Europa no hay dinero y sólo hay deudas en cualquier lugar", insistió. Altmaier lanzó también un mensaje directo al candidato socialista francés: "Si Hollande dijera que va a aumentar la deuda pública y ahorrar menos, perdería la confianza de los mercados financieros".

En Alemania nadie espera que la canciller revise de un día para otro su gestión europea, que goza entre los electores de amplia popularidad. Pero los acontecimientos de esta semana están poniendo a dura prueba la receta de Merkel.

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, el partido de extrema derecha Frente Nacional (FN) obtuvo un resultado histórico gracias a sus propuestas antieuropeístas. Con un tono parecido y argumentos prácticamente idénticos, el ultraderechista Geert Wilders no apoyó a sus socios en el gobierno conservador de Holanda a la hora de aprobar las medidas de ahorro exigidas por la UE y plasmadas a partir del modelo alemán. El denominador común de estos hechos es el rechazo explícito a las políticas de ahorro de la canciller.

A esto se añade que Hollande criticó a lo largo de toda su campaña el pacto fiscal aprobado en el marco de la UE y en el que los países se comprometen al rigor presupuestario.

El rápido avance de los partidos críticos con las imposiciones europeas, impulsadas por Berlín para salvar la moneda común de su crisis más grave, preocupa a varias figuras de las filas de Merkel.

"La política equivocada de aquellos que se llamaron a sí mismos los salvadores del euro [Alemania y Francia] fortalece a los extremistas tanto de la derecha como de la izquierda", dijo Frank Schäffler, experto de finanzas del Partido Liberal (FDP), socio minoritario en la coalición de Merkel, que ejerce resistencia interna en las cuestiones europeas.

También entre los más atentos defensores de las políticas de ahorro crece el miedo a que terminen faltando socios internacionales para seguir en el camino tomado.

"Después del fin de la coalición en Holanda, si se produce una derrota de Nicolas Sarkozy en Francia, será difícil a corto plazo seguir defendiendo nuestra política", admitió Philipp Missfelder, vocero de la fracción parlamentaria de la CDU y de los socialcristianos (CSU). Ambos resultados políticos en Europa podrían causar, según insistió Missfelder en una entrevista con el diario Handelsblatt, "que países en la periferia de Europa interpreten esto como un alivio y que se llegue a tener escasa presión en el proceso de saneamiento de las cuentas públicas".

La reputación de la UE está muy cuestionada en aquellos países que están siendo obligados a ahorrar más y que, debido a esa política, entraron en recesión. Grecia, España e Italia se encuentran en esa situación. En esos países, las medidas particularmente duras se están traduciendo también en rabia contra Alemania.

Contrapunto

También entre los economistas se condena cada vez con más fuerza la austeridad. El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz dijo en una entrevista con la revista digital alemana The European que "la austeridad de por sí es un desastre. Está causando una doble recesión y posiblemente empeorará la crisis del euro".

En tanto, el también premio Nobel norteamericano Paul Krugman dijo la semana pasada que "los líderes europeos parecen determinados a tirar sus economías y sus sociedades desde una montaña".

Pero en Alemania el rigor y la disciplina presupuestaria siguen teniendo defensores destacados. La industria alemana demandó justo ayer al gobierno de la canciller restringir con urgencia el gasto público.

En una carta a Merkel, el presidente de la Asociación de Cámaras de Industria y Comercio, Heinrich Driftmann, instó al Ejecutivo a "virar hacia una política que prácticamente prescinda de asumir nuevas deudas", en vista de un endurecimiento de la crisis de la deuda europea.

Según el empresario, la crisis de las finanzas públicas en Europa y Estados Unidos ha dejado al descubierto los compromisos políticos financiados a través de deuda por los que apostaron muchas democracias occidentales.

"Ahora necesitamos reformas para una mayor competitividad y menos deuda en Europa", sostuvo Driftmann. "Pero también en Alemania debemos aprender que la democracia no puede funcionar sobre la base de un nuevo endeudamiento", urgió..

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