Yo sé que ahora vendrán caras extrañas

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
Nadie puede creer en las palabras de circunstancias expresadas políticos de toda laya en su desfile mediático ante la muerte de Kirchner. Están convencidos que hoy se entierra el proyecto y sueñan con heredar la popularidad del muerto. Escribe Isauro Martínez
Desde Cobos a Macri, pasando por Bullrich y Duhalde, soltaron palabras con tanta hipocresía como las de Menem y el mismo Bergoblio.

Un frío intenso recorrió la espina dorsal del pueblo argentino en la mañana de ayer, cuando con dolor escuchó la noticia de la muerte de Néstor Kirchner. Mientras las lágrimas se agolpaban en los ojos del pueblo, para soltar el llanto triste en la despedida de uno de sus hijos, en las casas de sus enemigos se elaboraban el discurso de "las condolencias".

Por eso es que antes del mediodía, ya habían hecho una serie de declaraciones, resaltando siempre en "que a pesar de las diferencias" enviaban un pésame a la familia. Aquella pobreza discursiva sólo se puede entender en la inmensa ambición que enferma a los dirigentes políticos de la oposición que es la de suceder a Kirchner, algo imposible porque se trata lisa y llanamente de pertenencias históricas diferenciadas. Proyectos enfrentados, que se dicen.

A medida que pasan las horas, los mismos que desfilan por la tele con el sólo objetivo de "robar" unos minutos el dolor popular, se van dando cuenta que miles de personas, sobre todo jovenes, se descuelgan de los barrios más alejados de las capitales provinciales para concurrir a la Plaza en una autoconvocada movilización que sólo puede despertar en las entrañas de un pueblo que sabe quién perfectamente la identidad del muerto y a quién hay que ir a darle el apoyo y la fuerza que va a necesitar para encarar la profundización del modelo de inclusión social iniciado hace siete años.

Con caras de circunstancias, remarcando las palabras el variopinto arco "político" del sistema, del que nadie se escapa, pretendieron hacernos creer que estaban doloridos ante la muerte de Kirchner. Nadie en su sano juicio puede creerles. El desfile por la tele hasta ensayando frases "perdonavidas", sólo puede ser calificados como caradurismo polítco. Están convencidos que ante la muerte de Kirchner, se entierra el proyecto y sueñan con heredar la popularidad del muerto.

Kirchner tampoco es un mártir de la política, sólo se trata de un militante del peronismo que supo levantar las tres banderas históricas, olvidadas por algunos oportunistas y las supo entregar como consignas a las nuevas generaciones.

Por eso, mientras el dolor recorre el cuerpo sano de la Nación, suena a ofensivamente falso el discurso de circunstancias. Cristina sabe que estará acompañada por una nueva mayoría. El gorilaje en tanto, puede iniciar el festejo descarado como lo ha hecho siempre ante el dolor popular.

El pueblo, palabra que engloba a todos los sectores sanos del país, que no suele equivocarse cuando elige a quién querer, ha depositado en Cristina, la juventud y los trabajadores, todos organizados, el deber irrenunciable de custodiar aquellas banderas fundacionales.

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