El agua es un tema que sensibiliza a la gente de Salta, que cuenta con un servicio deficiente y sin proyectos de mejoría. Opinaron los vecinos de Tres Cerritos, Ciudad del Milagro, Solidaridad, San Carlos, San Silvestre y la comuna de San Lorenzo.
Abastecer de agua potable a una ciudad como Salta, emplazada en una zona de pocas lluvias anuales y complicadas épocas de estiaje, es una tarea difícil. A medida que aumenta la población, el desafío de proveer agua suficiente requiere de soluciones más elaboradas y creativas. De mayor inversión.
En Salta Capital se producen alrededor de 289.056 m3 por día de agua potable y en la provincia un total de 600.456 m3 por día. Sin embargo, muchos pozos se secan, colapsan, y recuerdan que el agua es un recurso absolutamente finito.
Ante una situación de escasez del agua, la amenaza se cierne sobre tres aspectos fundamentales del bienestar humano: la producción de alimentos, la salud y la estabilidad política y social. Es por esto que en todo el mundo se considera que la gestión del recurso deberá tender a evitar situaciones conflictivas mediante medidas preventivas que procuren un uso racional.
La conceptualización de la conservación del recurso debe entenderse como un proceso que cruza a varios sectores, por lo que la estrategia debe considerar todo: lo económico, lo social, lo biológico y lo político.
Servicio obsoleto
En busca de la opinión de la gente, El Tribuno recorrió los barrios Tres Cerritos, Solidaridad, Ciudad del Milagro, San Carlos, San Silvestre y el municipio de San Lorenzo, ligado a la capital salteña. Los vecinos expresaron su preocupación por la calidad del agua, tanto que la mayoría la hierve para beberla o compra bidones de agua mineralizada. “Sobre todo por los chicos”, se escuchó decir para justificar el no consumo de agua de la canilla, o de red. Es que los niños suelen ser un blanco fácil para las infecciones intestinales que muchas veces los colocan en situaciones de riesgo de vida.
También comentaron que sufren cortes en el servicio y que no reclaman por desánimo. “Lo mismo hay que esperar horas. Nadie soluciona rápido”. Este drama es muy marcado en el humilde barrio San Silvestre, donde los vecinos matizan el uso del agua entre los tachos y la canilla.
No menos controvertido es el tema de los medidores domiciliarios de agua. Muchos barrios ya cuentan con servicio medido y no se quejan por ello, pero exigen que la prestación sea proporcional al cobro por la misma.
En medio de la escasez, problemas de presión y cortes de suministro en Salta, Aguas del Norte anunció que se gestiona un préstamo de $300 millones para colocar medidores a todos los usuarios. El anuncio despertó dudas tanto por el monto del crédito y el costo de las instalaciones, como por la poca efectividad que tendrían los medidores para solucionar los problemas de fondo en el servicio.
Aguas del Norte tiene hoy unos 260.000 usuarios, de los cuales un 20% ya tiene medidor, según señaló Normando Fleming, director Aguas del Norte. De acuerdo con las cifras, $200 millones serían suficientes para instalar aparatos de medición en todas las casas. La duda está planteada por el uso que tendrían los otros $100 millones del crédito que tomaría la Provincia.
Otro profesional especializado en recursos hídricos sostuvo que la sola instalación de medidores no solucionará los problemas estructurales que arrastra el servicio en los sistemas de captación, conducción, potabilización y bombeo, ni subsanará tampoco las pérdidas en las obsoletas redes de suministro. La fuente técnica observó que funcionarios del Ente Regulador y Aguas del Norte hablan de instalar medidores únicamente, pero no de cobrar el servicio por consumo, o sea por sistema medido. Es que para cobrar el sistema medido, se advirtió, deben buscarse zonas que cuenten con un buen servicio, para que se les cobre el agua y no el aire que también hace funcionar los relojes de medición.
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