El dique no se recupera y, tras la realización de varias obras para hacer frente a la emergencia, como los pozos en la zona de Cabildo, ahora se torna imprescindible comenzar a pensar y lograr proyectos mayores que otorguen soluciones definitivas en materia de abastecimiento. Algunas de las alternativas para buscar una respuesta a largo plazo serían la construcción de un dique sobre el arroyo Napostá Grande en Puente Canessa, el aprovechamiento del Sauce Chico o bien la creación de un acueducto desde el río Colorado.
Hasta ahora todo lo actuado guarda estrecha relación con la angustiante situación vivida en 2009, cuando el embalse estuvo a punto de colapsar y Bahía Blanca se encaminó hacia una emergencia sanitaria sin precedentes.
Por entonces, si el dique se hubiese visto imposibilitado de enviar agua al área urbana --situación que de hecho pudo haberse dado--, bahienses y puntaltenses ni siquiera hubiesen podido usar los sanitarios.
Fue entonces, frente a esa escasez de recursos, que cobraron validez las obras encaradas: pozos en el Bajo San José y luego en Cabildo y las tomas de agua superficial en el Napostá (Mirasoles y Aldea Romana) y río Sauce Grande (en proximidades de la ruta provincial 51).
Algunas recibieron críticas pero, en definitiva fueron lo único disponible a corto plazo para hacer frente a la angustiante situación.
Luego dichas obras comenzaron a ser dotadas, según el discurso oficial, de propiedades que en realidad no tienen: ser fuentes de abastecimiento alternativo de agua al dique Paso de las Piedras.
Desde ABSA se sigue asegurando que el 40% del agua que llega a la ciudad proviene de esas fuentes y que, de esa forma, se evitó un deterioro aún mayor de las reservas del embalse.
Seguramente su puesta en marcha aminoró las extracción de agua del lago pero, evidentemente, no lo hizo ni lo hace en el porcentaje anunciado, ya que incluso de poco sirvieron esos recursos hídricos alternativos para evitar la última crisis de calidad producida por la aparición desmedida de algas en el dique.
Al margen de esta cuestión, lo cierto es que Bahía Blanca, a diferencia de lo que ocurría tres años atrás, ahora cuenta al menos con un recurso adicional capaz de proporcionar un abastecimiento mínimo en caso de que el dique colapse por la sequía.
En esto, y no en otro aspecto, reside principalmente el valor de los 120 millones de pesos invertidos por el Estado provincial.
Sin embargo, pese a que el régimen irregular de lluvias puede darnos una agradable sorpresa en cualquier momento, el sistema sigue dependiendo de la naturaleza y exige obras mayores que, hoy por hoy, ni siquiera son materia de análisis.
Desde diciembre de 2011 hasta el viernes pasado el nivel de agua en el embalse había caído 1,12 metros, con una cota sobre el nivel del mar de 155,79 metros. En caso de no revertirse esta tendencia el dique está próximo a alcanzar la peligrosa cota de 155,60 metros que tuvo en abril de 2009, aunque aún resta bastante para llegar a la marca mínima de 154,42 evidenciada en el año 2000.
Lo bueno es que ahora se ingresa en una etapa del año donde disminuye el consumo domiciliario, pero la realidad indica que Bahía Blanca no tiene recursos suficientes para hacer frente a un lógico crecimiento poblacional, y ni qué hablar de una eventual expansión de sus industrias.
En ese contexto vale la pena recordar las medidas a corto y mediano plazo propuestas algunos años atrás por especialistas de las dos universidades locales (UNS y UTN), analizar qué se hizo y qué resta hacer.
En lo inmediato, y respondiendo a las recomendaciones efectuadas, se avanzó en la explotación de aguas subterráneas aprovechando sus puntos fuertes, es decir, que son ajenas a la sequía y no requieren inversiones importantes en infraestructura de transporte y tratamiento, ya que el agua obtenida no requiere filtrado, pues en general carecen de sedimentos y algas en suspensión.
También se respetaron otras prioridades como continuar las perforaciones en Bajo San José, dentro del valle medio del río Sauce Grande.
"Si bien el sitio para perforar no es el más adecuado, fue una de las alternativas elegidas por ABSA para afrontar la actual crisis ante la escasez de recursos superficiales y debido a las condiciones climáticas", recordaron los especialistas.
El segundo paso, también concretado por ABSA, consistió en explotar la cuenca subterránea del arroyo Napostá Chico en proximidades de Cabildo, tal como lo recomendaba un estudio encomendado por Azurix a la UNS en el año 2000.
Las evaluaciones recomendaron una batería de 36 pozos a 120 metros de profundidad, de los cuales hasta ahora se hicieron 16. Está prevista la ejecución de otros 15, pero ABSA aún no definió fecha alguna.
"Evaluaremos el rendimiento de los ya realizados y el resto veremos más adelante", indicó a fines de febrero pasado el gerente de operaciones de ABSA, Luis Volpi, en una sutil manera de decir que los pozos se efectuarán cuando haya recursos suficientes.
Pendientes. Donde existen varias cuestiones pendientes es en torno al aumento recomendado en los controles y reparación de las pérdidas de agua en la red por parte del ente prestador y en los domicilios de los usuarios.
Tampoco se avanzó demasiado en la reducción del agua no contabilizada (conexiones clandestinas, pérdidas de agua en red, estado de medidores, etcétera). La misma no sólo implica pérdida de agua sino derroche de energía, reactivos y mano de obra utilizada para su potabilización.
Si bien se estudió la factibilidad del reciclado de los efluentes industriales, hasta ahora no hay novedades concretas en este tema.
¿Y ahora?
Según el Plan Integral de Abastecimiento a Bahía Blanca (de 1990 y ratificado en 1997) varios son los proyectos que pueden y deben encararse para posibilitar el normal abastecimiento de la ciudad y de su industria:
* Construcción de un dique sobre el arroyo Napostá Grande en Puente Canessa, no sólo como fuente de abastecimiento de agua potable y/o industrial, sino como solución al problema de las periódicas, generando un lugar de esparcimiento cercano a la ciudad y de provisión de agua para riego de cultivos.
* Aprovechamiento del Sauce Chico mediante un sistema integrado por una obra de cierre ubicada en las nacientes del arroyo Chasicó, aprovechando la depresión que ofrece la laguna de Los Chilenos, que con una canalización de 22 kilómetros derivaría estas aguas hacia el cauce del arroyo Sauce Chico. Esta alternativa no sólo contemplaría el abastecimiento de agua sino que también daría solución a los desbordes del Sauce Chico.
* Abastecimiento de agua desde el río Colorado, según propuesta elaborada por el ENOHSA (Ente Nacional de Obras Hídricas). Se recuerda que existen varias propuestas de toma de agua desde el Colorado.
Como en los años '60
La situación local resulta casi un calco de la vivida por Bahía Blanca en la década del '60, cuando el río Sauce Grande, el arroyo Napostá y los pozos surgentes explotados no alcanzaban a cubrir la demanda de una ciudad en constante expansión.
Por entonces la solución sólo vino de la mano de una obra de peso como la construcción del dique Paso de las Piedras, proyecto que durante cuarenta años dio respuestas concretas e hizo olvidar a la población las penurias de la falta de agua.
Hoy Bahía se encuentra nuevamente como en los '60, esperando por una inversión de magnitud que la ponga de nuevo de cara al futuro, sin la necesidad de mendigar un litro de agua para poder crecer y vivir con dignidad.
Las alternativas son varias (río Colorado, Sauce Chico, Puente Canessa, planta de reúso de líquidos cloacales, etcétera). Aunque quizás haya llegado la hora de intentar aprovechar la mayor cantidad posible de recursos hídricos existentes.
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