La mayoría de los productos que se cosechan en la provincia requieren de una mano de obra intensiva, lo que eleva muchísimo los costos de producción. Los bajos precios finales de los productos y las condiciones de comercialización apuntan a la necesidad de tecnificar el agro.
Diario El Zonda publicó en ediciones pasadas una proyección sobre los problemas que habían tenido en especial la olivicultura y la vitivinicultura, donde las pérdidas millonarias en kilos de los productos dejó, en muchos casos, a productores en la ruina.
Lo cierto es que toda crisis siempre representa algún tipo de salida y en esto se trabaja en el campo. “El hombre de campo local está muy capacitado y siempre está receptivo a las posibilidades que se le plantean”, explica el director del INTA- Instituto Nacional de Tercnología Agropecuaria- San Juan, el ingeniero Omar Miranda. Si bien reconoce que la coyuntura productiva ha sido muy crítica, donde el olivo y la vid han tenido grandes perdidas, también hace su análisis sobre productos como el tomate, la cebolla y el ajo, que también tienen un peso específico en la economía provincial.
El ingeniero Miranda hace sus proyecciones sobre la base económica y la necesidad de darle mayor productividad a los cultivos. “Uno de los principales problemas que tenemos es el aumento en la mano de obra. Subió muchísimo y los precios finales de los productos no repercuten en la estructura final como un beneficio”, explica.
Las estimaciones indican que alrededor del 70 por ciento de los costos de producción en el agro de la provincia están representados por la mano de obra.
Por ello, reconoce que se tiene que hacer una eficientización de los costos, pero, para ello se debe tomar como parámetro un nuevo paradigma en la producción agraria y a esto se le tiene que sumar tecnificación en la cosecha y mejores condiciones en la utilización del agua para riego. “Es la única forma de bajar los costos”, dijo el ingeniero.
Sin embargo, aclara que “cuando se hace un análisis de costos se tiene que realizar no sobre el presente, sino por cuánto será el ahorro que se tendrá en el tiempo”. Es que de hecho, si se compra una cosechadora para la presente temporada es un alto costo que tiene que afrontarse y repercutirá en los números de manera negativa inmediatamente. Sin embargo, si la inversión se toma como se debe y se analiza el periodo de amortización de la inversión y los beneficios que obtendrá durante la vida útil, los parámetros cambian.
De todos modos, la agricultura sanjuanina y el campo en general se tienen que enfrentar a una nueva forma de ver las cosas. Un buen ejemplo de ello fue Tomate 2000 (ver nota abajo).
De acuerdo con Miranda, “los productores van entendiendo la necesidad de la automatización o la tecnificación. El problema que tienen es que deben enfrentarse a la caída de la producción por unos años hasta que se inicie el nuevo sistema productivo”. Esto implica que tienen que reemplazarse cultivos para poder operarlos con tecnología. Hoy no se puede utilizar cosechadoras tanto en la vid como en los olivares, pues los sistemas de conducción -elementos que lo determinan dentro de un espacio, distancia entre plantas, soportes, etc.- no son aptos para introducir una cosechadora.
“Hasta ahora las máquinas que existen son bastante rígidas. Nosotros estamos con una experiencia piloto en lo que es cosecha mecánica bajo parral, pero tenemos que determinar cuáles serán los resultados”, explicó el titular del INTA -Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
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