Participaron unas 800 personas, entre las que estaban el actual gobernador, el electo, familiares, socorristas y vecinos de Zanjitas, el pueblo heroico. La celebración fue encabezada por el obispo Martínez.
A las 10:04, el gobernador Alberto Rodríguez Saá puso sus pies en la carpa blanca armada a escasos metros del cruce donde ocurrió la fatalidad, hace un mes. Allí escuchó con atención y recogimiento las palabras y cantos litúrgicos. Alumnos del Colegio San Luis Rey, acompañados por una docente que tocaba el órgano, le pusieron su voz al cancionero elegido.
También estuvieron presentes el gobernador electo, Claudio Poggi; la jefa de Gabinete, Gladys Bailac de Follari; la directora del Nivel Primario y la representante legal del Colegio Santa María, Mónica Luna, y Silvana Gamizo, respectivamente.
Algunas alumnas de la vice directora María Virginia Farías y de la maestra Yésica Brancal, que son sobrevivientes y fueron compañeras de grado de María Luz Bianciotti, Ana Paula Garro Salomé, Rocío Mariani Manucha, Iara Medero, Paula Quiroga y Julieta Sánchez eligieron participar de la misa. Su presencia fue una demostración de entereza y fortaleza cimentada en su profunda fe cristiana.
También estuvieron los once alumnos y la maestra de la escuela del paraje Santa Rosa, con quienes la delegación del Santa María había compartido un desayuno y juegos antes de emprender el viaje que quedó trunco en el paso a nivel de Zanjitas, antes de llegar a su último destino, la escuela de Cazador, donde concluirían su recorrido solidario.
Tras la lectura del Evangelio, el obispo conjugó en la homilía agradecimientos y consuelo. Consideró que los padres de los “ocho ángeles”, tal como las llamó, “nos han dejado un testimonio de entereza cristiana que nos ha conmovido”.
En nombre del colegio y de la diócesis, el prelado agradeció en la figura del gobernador a todas las instituciones del Estado que trabajaron en el operativo desplegado luego del accidente “por la prontitud y la generosidad”. Hubo una mención especial a los vecinos de Zanjitas, quienes “en el menor tiempo posible y sacando fuerzas de la flaqueza, por lo inesperado, hicieron que estos momentos no fueran de más profunda tragedia”.
“Todos y cada uno de ellos merecen nuestro agradecimiento más sentido, porque se comportaron como si cada una de las accidentadas fuera un miembro de su familia. Gracias. Siempre serán recordados por este ejemplo de caridad y de entrega”, expresó.


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