Agonizan varios árboles de un emblemático jardín platense

Son enormes ejemplares de cedro y pino afectados por la plaga "barba de monte". Hablan de un daño "irreversible"
Plenos de diversidad, atractivo visual y valor ambiental, los jardines del Observatorio albergan árboles centenarios y exóticos en el inigualable marco del Bosque platense. Pero hay malas noticias: buena parte de esa belleza singular se enfrenta a una lenta e inexorable desaparición. Múltiples factores, entre los que se cuentan la avanzada edad y el ataque de plagas como la "barba de monte" o "cabello de ángel" están acelerando la pérdida de varios ejemplares.

Con largas fibras colgantes de color verde amarronado que pueden llegar a los siete metros, la barba de monte ("Tillandsia usnoides") es un clavel del aire abundante en zonas con alta condensación atmosférica. Invade progresivamente las ramas de sus víctimas, agregándoles peso y confiriéndoles un aspecto que remite al de los sauces llorones. Al competir por la luz con el follaje, acelera procesos de decrepitud que concluyen con la muerte.

"Los procesos de incubación de plagas y parásitos en los árboles son largos, y en general cuando se manifiestan a simple vista ya son irreversibles" admite Jorge Marquina, ingeniero forestal y docente en la Escuela de Bosques dependiente de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales local. Y eso es precisamente lo que ocurre en el complejo astronómico de la Universidad de La Plata: enormes ejemplares de cedro y pino se advierten desde lejos totalmente colonizados por las plantas invasoras.

Marquina, cuyo asesoramiento fue solicitado por las autoridades de Astronomía, subraya que el predio de avenidas Iraola y Centenario cuenta con un patrimonio forestal "relevante y de gran riqueza", que en el casco urbano local "sólo tiene cierta equivalencia con los del Zoológico, la facultad de Agronomía y el sector cerrado del parque Saavedra". Sin embargo, revela que "en algunos casos se justifica intentar un tratamiento, y es lo que se hará; en otros, ya no".

"A un arbolado como el de la Ciudad, más allá de que esté sano o enfermo, es imprescindible mantenerlo permanentemente diagnosticando, reponiendo, extrayendo y podando" explica el especialista: "se requiere un control profesional y un seguimiento, sobre todo cuando no hay antecedentes históricos de implantación como ocurre con estos árboles del Observatorio: son especies exóticas, de cuya respuesta en este entorno no había antecedentes, y todo se aprende sobre la marcha".

DESDE FINES DE LOS '90

La barba del monte, también llamada "de viejo" o "del diablo", comenzó a mostrarse sobre los árboles del Bosque a fines de los años '90; hace algunos años se intentó un tratamiento que contempló su recolección manual, pero sólo se logró demorar su avance. Los claveles del aire son plantas epífitas, por lo que usan a otras como soporte pero no absorben de ellas sus nutrientes. De todos modos, dañan; el género Tillandsia compite por luz tanto con las plantas más viejas -hacia arriba y al centro de la copa- como con las jóvenes -hacia el perímetro-. Si el árbol está sano, puede llegar a repeler la colonización, pero de lo contrario entra en un círculo vicioso que termina con su muerte.

La dispersión de semillas de la "barba" -cuyos filamentos son usados para la construcción de nidos- se da por el viento y la acción de las aves. Entre las especies más susceptibles están las de cortezas rugosas y ramas horizontales, como cedros azules y del Líbano, pinos, cipreses, ginkgos biloba, talas y algarrobos; los eucaliptos, a pesar de tener una estructura luminosa, ideal para la germinación de los claveles, los desarraigan al desprenderse de su corteza vieja, al igual que los plátanos y arrayanes.

Los claveles del aire se "ensañan" particularmente con árboles deteriorados por edad, condiciones ambientales adversas o enfermedades preexistentes. Entre los métodos utilizados para combatir estas plagas, se cuentan la remoción manual, y la aplicación de agua a alta presión; el control químico más efectivo, según técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), lo proporcionan el sulfato de cobre diluido en agua y algunos herbicidas industriales.

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