¿Golpe de efecto, mentira velada o mal diagnóstico?

Estamos acostumbrados a las mentiras del kirchnerismo y al doble estándar del gobierno, pero desayunarnos con que el diagnóstico de la presidenta fue equivocado, es al menos ridículo y muy nocivo para la imagen del gobierno y de quienes deben cuidar de la mandataria.(Por R. Lasagno)
¿Cualquiera puede equivocarse?, sí ¿Un médico?, también, ¿Un equipo médico?, es posible pero más difícil; sin embargo el yerro humano es aceptable, porque la actividad humana es perfectible y trabaja en la construcción de su futuro con pruebas de ensayo y error. Ahora, cuando quienes se equivocan son nada menos que los médicos que asisten a un presidente, la cosa cambia.

La presidenta entró al quirófano por un carcinoma de tiroides, diagnóstico profusamente difundido por su vocero y apoyado por los médicos que tienen la obligación de cuidar su salud, entre ellos el Dr Buonomo. Es precisamente a partir de esta grave determinación clínica que los facultativos (se entiende en interconsultas, debido a la personalidad que se trata) decidieron extirpar totalmente la glándula tiroides, situación preventiva que toma la medicina, cuando existe riesgo potencial de que el cáncer se generalice. En cambio, cuando solo se trata de nódulos y como en este caso de un Adenoma de Hurtle que se dio en su versión benigna, se interviene solo uno de los dos hemisferios de la glándula, es decir que se extrae solo el lóbulo afectado.

Una vez en la sala de operaciones, un patólogo analizó allí mismo las muestras obtenidas y en este caso, el estudio histopatológico dio negativo, es decir Cristina no tuvo ni tiene cáncer. La pregunta que nos surge es ¿Y qué pasó con el estudio previo, donde se le detectó un cáncer, razón por la cual estaban interviniendo a la presidenta, con todos los riesgos (de vida e institucionales) que caben en estos casos? ¿Cómo el/los médicos presidenciales, ante el primer diagnóstico, no solicitaron una segunda punción a efectos de reconfirmar la patología? ¿Fue cristina conciente de que el primer diagnóstico estaba plagado de dudas y aún así se sometió a la tiroidectomía?.

Los escenarios posibles

Hay más dudas que explicaciones sobre lo que el pasó a la presidenta, sin embargo todas las fuentes que uno puede consultar respecto a lo ocurrido, coinciden en dos posibilidades: la mentira o la impericia. Ambas dejan al gobierno, a la presidenta y a su equipo médico, en absoluto ridículo.

Si fuera la mentira, tendríamos que pensar que la presidenta estuvo de acuerdo en usar su padecimiento para desviar la atención de la coyuntura (descubrimiento de sus dos departamentos millonarios, la crisis de Santa Cruz, el impacto del retiro de subsidios y el brutal ajuste que ha comenzado a sentirse en el bolsillo de los trabajadores, o la presión exagerada a las provincias para que apliquen los ajustes en sus jurisdicciones). Personalmente no creo que este haya sido el leit motiv para que la presidenta se someta a una operación y admita que su entorno dispare una mentira de este tipo para usar de señuelo ante una sociedad que se conmueve, todavía (aunque cada vez menos) con el vestido negro y la referencia a Él, en cada discurso.

Si así fuera, no tendría sentido mentir en la instancia del primer diagnóstico sabiendo que en la mesa de operaciones se develaría la verdad incontrastable (la no existencia de un cáncer).

Esto nos lleva a pensar en la otra posibilidad: la impericia o irresponsabilidad del cuerpo médico presidencial. Recordemos, precisamente, que OPI (fue el único medio) lo apuntó unos días después de la muerte de Néstor Kirchner en el Calafate (¿Por qué murió Néstor Kirchner); tal vez, de haberse tomado las medidas preventivas necesarias, como disponer de una unidad coronaria móvil con un médico, en la residencia de El Calafate, el ex presidente aún estaría con vida. Cada segundo, en el caso de un ataque cardíaco y más aún en un paciente con alto riesgo como NK, es fundamental y aquel 27 de octubre de 2010, pasaron más de 20 minutos hasta que el paciente fue atendido en el hospital.

Así como Buonomo y su equipo de médicos presidenciales, fallaron en la prevención y disposición de medios para la emergencia, es probable que hallan fallado ahora, al ceñirse exclusivamente a un solo diagnóstico, teniendo en cuenta que por tratarse de la presidenta de la nación, lo menos que se debe hacer es lograr (como mínimo) una contraprueba. No la hicieron y uno se pregunta ¿Por qué?.

El análisis inicial, donde en teoría se detectó el carcinoma tiroideo en el lóbulo derecho, estuvo realizado en el laboratorio Diagnóstico Maipú. ¿Qué dicen los profesionales que realizaron la muestra? ¿Éste prestigioso laboratorio seguirá callado, sin hacer público aquel análisis de la presidenta, lo cual no es ni más ni menos que un problema de Estado?, ¿O cabe la posibilidad de que alguien haya alterado los resultados para generar lo que todos vimos y sabemos pasó, cuando se anunció a Cristina portadora de un cáncer?.

Una versión periodística señala que el laboratorio habría evaluado que el nódulo detectado “era sospechoso” (podría ser o no canceroso), pero en ningún momento se lo apuntó en el diagnóstico como un carcinoma. Si esto fuera así, llama la atención que las autoridades de ese laboratorio no salieran a contradecir al vocero presidencial cuando lo anunció por cadena nacional.

Efecto contraproducente

Este “blooper” oficial, engaño o ineptitud en los equipos profesionales que deben cuidar a la mandataria, constituye una vergüenza pública para quienes tienen la obligación de velar por la salud de la presidenta, quien, seguramente a estas horas estará tomando las medidas correspondientes.

En la opinión pública esto pega negativamente, pues advertidos de tantas mentiras oficiales, muchos sectores van a cargar duro contra la imagen de CFK y siempre persistirá la duda de si en realidad ella sabía o no de aquel grave diagnóstico, que resulto ser un cobista “falso negativo” y siguió el juego, o fue una estrategia demencial orquestada en las oficinas de sus ministros y operadores, a los cuales debiera echar sin vueltas, dado que la han sumido en la más irreversible vergüenza.

La noticia ha recorrido, por estas horas, todos los medios nacionales y del mundo. Como el cuento del zorro, esta vez, aún pretendiendo decir la verdad, es posible que nadie lo crea.

Por otra parte, más ridículo sería aún que desde algunos sectores kirchneristas salgan a sostener que Él actuó desde la espiritualidad para que Cristina, finalmente, no padeciera la horrorosa enfermedad.

Lo que sí advertimos es que ya se escuchan algunos mandaderos K, disparar frases como “menos mal que la presidenta no tiene cáncer y eso es lo que importa” y generar ataques como “parece que algunos hubieran querido que la presidenta tenga cáncer para dejarlos contentos”. Este cliché, típico del kirchnerismo que hace de la inversión de argumentos y el cambio del interés de la escena, una constante, posiblemente lo escuchemos en los próximos días; pero nadie de esos que planteen estas dos premisas hablará de lo realmente importante: por qué existieron dos diagnósticos contradictorios y quiénes son los responsables. Eso, posiblemente, no lo sabremos nunca, excepto por la prensa crítica o no cooptada por el poder. (Ruben Lasagno/OPI Santa Cruz)

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